16
Ene
13

Un paseo por el pueblo.

Es invierno,
hace frío, resistiremos,

y este frío  nos hace frotar las  manos,

estirar la mirada por si hay algo más allá de la niebla helada.
Y me encuentro con unas fotos que me envía una sobrina mía. Unas fotos de estos días que había pasado por el pueblo.
Y con su permiso hice un álbum y vídeo. Ella anda este año de estudiante, con el Erasmus, por el nevado  norte de Francia…
Mi pueblo, Santovenia del Esla, sigue lleno de frío en este invierno, pero sigue todavía con los encantos de la tradición y modo de los pueblos de campo zamorano:

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
frío, sabañones, la matanza… el brasero, sentimiento y vida. De todo un poco.
Miro en las fotos esas manos de mi hermana que sigue haciendo la matanza y veo mis manos cuando de niño pinchaba con una aguja la tripa de los chorizos para sacarles el aire…Antes teníamos que ir al huerto y con el agua del pozo lavar y dar la vuelta a las tripas del cerdo para almacenar luego la chicha…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Hoy en el pueblo casi que no quedan niños para estas labores, todo se lo tienen que hacer los Grandes.
!Qué sólo queda el cielo sin estrellas! Así quedan estos pueblos de la meseta.
Pero sigue latiendo en ello el corazón del pueblo,
palpitando entre quienes lo habitan, los mayores, y preservan nuestra historia.
La historia que es de todos los que recorrimos esas calles y esas casas, unas más reformadas que otras,
el pueblo que en andas y volandas siempre llevamos y traemos, siempre recordamos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Al poco que prestemos atención oiremos todavía el rumor de los árboles en el Plantío en las noches de viento,
el canto del agua que sale de los caños del Charil, nuestro patinaje sobre el agua helada del barrero…
el andar cansino de los rebaños de ovejas que recorren la calle Molinera y demás calles del pueblo.
Detrás va el pastor y el perro.
Ojalá que tras los cristales de las casas siempre haya una mirada de un niño que grite:
“Madre, es la hora, pon la mesa que ya pasan las ovejas…” como cuando mi abuelo ya de vuelta subía por la calle hacia el corral para guardarlas.
Es nuestro pulso el que escuchamos, el calor del brasero que nos calentaba las piernas mientras de noche aprendíamos la tabla de multiplicar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Sigue siendo ese mismo campo que de tanto y tanto mirarlo y respirarlo  nos ensanchó ojos y alma…también nos alejó. A veces  la necesidad, como el viento, nos  zarandea y nos lleva de acá para allá. Ciudadanos somos del mundo.
Te dejo con este  recuerdo en fotos de mi sobrina Carmen, en su paseo que se dio por el pueblo en estas fechas. Y quiso compartirlas. Son fotos vigentes.

Enlace a las fotos:

https://plus.google.com/photos/101764928046100005240/albums/5834001666585834609

Un abrazo,

mientras caminamos hacia el tiempo de la flore del almendro,

hacia el tiempo de las cerezas.

Pero hoy,  hoy es invierno. Resistiremos.

por Justi.

.

Anuncios

14 Responses to “Un paseo por el pueblo.”


  1. 1 FERMINA
    16 enero 2013 en 00:00

    ¡Que envidia te darian los chorizos! Vi a tu sobrina porque fui a darle tus saludos a Florinda y estaban Carmen y Carmen. Yo me he constipado aunque este año no está haciendo mucho frío.
    Un abrazo.
    FERMINA.

    • 2 justi
      16 enero 2013 en 00:00

      Espero no tardar en pasar por el pueblo, Fermina,
      a visitar a las hermanas, y a todos vosotros que guardáis el testimonio cultural y económico del pueblo.
      Para entonces… espero que esos chorizos que se ven en la foto ya estén curados, colgados de los varales del doble, y catarlos con el pan y vino del pueblo… !ricos ricos…los mejores!
      Hasta entonces.
      Abrazos.
      Justi

  2. 3 casimiro
    16 enero 2013 en 00:00

    Ese fuelle, ese pote, ese brasero junto a la mesa camilla que se intuye…,
    esos chorizos recién “construidos” a mano, con la máquina también manual,
    dispuestos a ser colgados en la cocina del suelo para que se ahumen y sequen al calor de la leña…,
    cómo me suena, cómo me huele a pueblo, a mi pueblo, a mi casina leonesa de adobe…
    Oh témpora!!!! Un fuerte abrazo, Justi.
    Casimiro

    • 17 enero 2013 en 00:00

      Hola, Casimiro.
      Ciertamente que todos tenemos objetos y escenarios parecidos en nuestra infancia,
      El pote, la lumbre, el brasero…
      la matanza,
      la cocina del suelo o la cocina de la casa de horno…
      Todos esos espacios siguen existiendo por más reformas que se hayan hecho, no en vano persisten en nosotros tal como los vivimos y tocamos. Recordar es retenerlos, son compañía.
      Otro abrazo para ti.

  3. 5 Pilar
    16 enero 2013 en 00:00

    Justi, a punto he estado de ir este año a la matanza que hace mis prim@s en el pueblo de Ávila.
    Siguen con la tradición, como veo que hace tu familia…, aunque la mayoría no viven allí.
    Se juntan todos los hermanos (ya nueve) con toda la “prole”…, descendencia, más hijos de la descendencia… (¡Imagina la que se organiza durante esos días por la casa, bueno, casas juntas (“la vieja” y “la nueva”), como las hemos llamado siempre, la de los abuelos que fue creciendo…, pero una junto a la otra. Y así siguen! Aunque ya el estado de la primera no es lo que era…

    Yo era muy pequeña, y en invierno fui poco, pero sí tengo algún recuerdo de ese brasero de “picón”, de la “badila” (como se llamaba por allí) con la que se removía la lumbre y algún que otro mareo…
    Después sí he estado en alguna matanza, ya hace tiempo, y realmente es todo un ritual… Y un espectáculo ver, por la gran y fresca despensa, todos los chorizos y jamones colgados. Ahora, la despensa, tampoco es igual. Fríos sí, y mucho!, como toda matanza que se precie… Pero sé que el “calor familiar” sigue existiendo, tanto en tu familia como el la mía, y eso es lo mejor de las matanzas, sin lugar a dudas.

    ¡Qué pinta tienen esos chorizos, Justi! Aunque, imagino que ya estarán algo más curaditos…
    “Te propongo un trato”: Una tira de los “tuyos” (zamoranos), por una de los “míos” (abulenses);-))
    ¡Qué morro! Y nos los comeremos sin habernos “pringado”, jejé!

    Aunque casi he podido sentir el “fresquito” del paseo por tu pueblo, me ha gustado mucho hacerlo, Justi. Hay muchos semejanzas con mis recuerdos….
    Volveré a por el chorizo curado;-)

    Un abrazo.
    Pilar

    • 17 enero 2013 en 00:00

      Sí, Pilar, las tradiciones persisten,
      al menos mientras esta generación de gente mayor siga latiendo en los pueblos.
      Es el caso de mis hermanas mayores.
      El pueblo sigue siendo un motivo, un centro, una respiración común que nos hace acercarnos por allí.
      Un modo de vernos los familiares a los que el viento de la necesidad de vivir nos alejó a otras calles
      de otras ciudades.
      Que no falten estos encuentros.
      Cuando voy al pueblo vuelvo bien cargado como lo hacía en los 70,
      cargado de las cosas buenas artesanas
      de allí.
      Y !como no! el chorizo tiene su lugar especial. No los hay mejores (como dirás tú de los de Ávila…)
      A parte de ser verdad llevan el sello y aroma de nuestra infancia respirada a los cuatro vientos,
      fríos y secos, familiares.
      Es bonito comprobar que todos llevamos aires de pueblo.
      Y ese olor a pueblo,
      a jara,
      a ganado,
      a murmullo de rezos no se nos va.
      Un abrazo.

  4. 17 enero 2013 en 00:00

    Hermosas palabras,
    llenas de “saudade”…Y las fotos, muy bellas…
    le entra hambre a una!!!je,je,je,!
    Una abraçada gran!

    • 8 justi
      17 enero 2013 en 00:00

      ¿Y a quién no le entran ganas de catar esos deliciosos colgantes?
      Te lo puedo asegurar, Montse, como el chorizo de mi pueblo no encontrarás otro igual. Tiene D.O., se la damos nosotros que entendemos.
      Así que ya sabes, al pasar por Santovenia del Esla acércate a la Carnicería y te llevas unos cuantos kilos.
      Volverás. Es como beber agua en la fuente de Canaletas.
      A mi me pasa… !bueno! yo es que voy a ver a las hermanas…y aprovecho para cargar la alforja, digo el maletero del coche.
      De momento, la carretera de la Ruta de la Plata pasa por el centro del pueblo. Pronto…(llevamos esperando este pronto desde hace muchos años) la autovía, en sus 40 Km que faltan, circunvalará el pueblo…y habrá que hacer un pensamiento para entrar.
      Un abrazo.

  5. 17 enero 2013 en 00:00

    Al final no deja de ser un sueño lo que nos ofreces. Un sueño para tí que todas esas secuencias que nos muestras a través de tu sobrina no existen más que en tu recuerdo. Para tu hermana que las protagoniza también hoy no es ningún sueño, pero ella vive en otro mundo a la medida de las fotos que vemos. Yo tengo en mi memoria muchas fotosa parecidas a las tuyas. Tienen algunas variantes pero pocas. La sencilla vida de campo no entiende mucho de fronteras y es más o menos la misma en todos los lugares. De cualquier forma, tanto las vivencias de tu hermana como tus sueños tienes la grandeza de estar vivos unos y otros, así es que por eso de la vida, yo te felicito, me uno a tí y a los tuyos y te deseo que agradezcas a la vida lo mucho que nos ha dado y que nos sigue dando. Un abrazo

    • 10 justi
      17 enero 2013 en 00:00

      Hola, Anfer.
      El ayer, infancia, juventud, nuestro caminar pasado, siempre está presente en nuestra vida actual,
      y como desde una ventana lo contemplamos entre niebla, con sus gozos , alegrías y miedos.
      pero sigue ahí. Y tú, como educador de los primeros años de vida conoces su importancia.
      Y ahí sigue el fuego de la cepa,
      el calor del cisco del brasero calentando nuestros recuerdos…
      Ahí sigue ese sentimiento del campo del pueblo donde pasamos los primeros años.
      Para los que viven allí,es realidad. Para los que estamos alejados, lo añoramos en sueño o fantasía, pero también de algún modo es realidad.
      Hay un poema muy signifitativo, referente a este tema, de mi paisano Claudio Rodríguez cuando desde lejos, creo estaba en Inglaterra de profesor, evoca este recuerdo del ayer en la metáfora del Gorrión, ese
      pajarillo que formó parte de nuestros días como lo formaron el frío, el calor, y la naturalidad de la vida campestre:

      GORRIÓN

      “No olvida. No se aleja

      este granuja astuto

      de nuestra vida. Siempre

      de prestado, sin rumbo,

      como cualquiera, aquí anda,

      se lava aquí, tozudo,

      entre nuestros zapatos.

      ¿Qué busca en nuestro oscuro

      vivir? ¿Qué amor encuentra

      en nuestro pan tan duro?

      Ya dio al aire a los muertos

      este gorrión, que pudo

      volar, pero aquí sigue,

      aquí abajo, seguro,

      metiendo en su pechuga

      todo el polvo del mundo.”

      Ojalá que esta simpática ave tan unida a nuestra infancia
      siga enredada entre nuestros zapatos mucho tiempo…
      Un abrazo.

  6. 11 Valcarce
    18 enero 2013 en 00:00

    Tu relato me trae sabor a antaño,
    aroma a cocina de leña y carbón,
    a humo y calor,
    al la melodía de risas infantiles
    alrededor de la máquina de picar y de embutir…
    Recuerdo cómo se mimaba al cerdo durante todo el año,
    cómo se le preparaba la pitanza,
    que al cerdo no le faltara aunque comiéramos nosotros menos,
    pero es que había que tirar todo el año
    con lo que se sacaba de él,
    así que tenía que estar hermoso para el momento del sacrificio.
    Hoy me daría pena criar un animal para luego comerlo,
    pero en aquella infancia dura y de pueblo,
    era no normal y así lo veíamos…
    Lo alimentaban sobre todo con pan y patatas
    que era lo que se cultivaba,
    hoy ni eso, ya no queda gente en él,
    los tres vecinos que aún quedan,
    se han adueñado de la tierra para el ganado.
    Hoy tierra sólo de pastos,
    con las vacas libres que da gusto verlas,
    no encerradas en esas granjas enchufadas casi todo el día
    a la máquina de ordeñar…
    Me ha encantado ver esas fotos, Justi,
    como seguramente pensó tu sobrina que te iban a encantar a ti,
    y esa música con sabor a pueblo,
    a campo, a jara, a trigales…
    me ha hecho retornar a otros tiempos,
    gracias por mostrárnoslo.
    Besos.

    • 18 enero 2013 en 00:00

      Hola, Valcarce,
      veo por tu comentario que también te has asomado a la ventana de la infancia.
      No, no nos hemos alejado tanto del pueblo, siempre está tras la mirada,
      por muchos kilómetros que estén las ciudades a donde la vida nos ha llevado,
      por más que el ruido nos desoriente,
      por más que hermosas grietas aparezcan en la piel
      en nuestros ojos se divisa la tarde cercana de la infancia,
      la torre de la iglesia con esa cigüeña que llegaba por San Blas,
      los álamos de la plaza y del prado siguen estando como entonces estaban, altos y quietos,
      y en verano volvemos a ver los vencejos entrar y salir de los huecos
      de los tejados.
      Los ojos siguen mirando tras la ventana. Muchos de los que se fueron vuelven
      cuando se hacen mayores, vuelven a su pueblo
      pero por más que el paisaje parezca el mismo ya resulta otro,
      no es el mismo nido de cigüeña, tormentas cada año lo han arrasado,
      tampoco las cigüeñas son las mismas,
      las piedras del río también envejecen, se han redondeado y se han dorado más y más por el sol…y otras manos
      las han cogido y lanzado a cortar la superficie del agua…
      Igual que nosotros hicimos.
      Una vez tuvimos 10 años, ya no los tenemos,
      difícil contar las primaveras pasadas, sólo las recordamos,
      pero seguimos de pie, testimoniando aquellos años en que nos crecieron las alas,
      siempre volviendo a respirar el aire aquel que dejamos colgado entre encinas, aguiluchos,
      jaras, moras y lagartijas, braseros, matanzas…
      nuestros pasos corriendo entre la vida que se nos abría entre las costuras
      de la ropa remendada…
      Y nos viene bien recordar de dónde venimos.
      Gracias por tu bello comentario.
      Besos

  7. 13 fernandomaria
    19 febrero 2013 en 00:00

    Tu escrito me devuelve los recuerdos de mi infancia. Por lo que veo en el tuyo se siguen conservando las tradiciones. Días de matanza, de trabajo elaborando tanta riqueza que el tiempo nos dejaría disfrutar. Qué chorizos, qué carne, qué jamones….! Aquellos sabores quedaron almacenados para siempre. En mi pueblo iban a lavar las tripas al río con un frío tremendo, pero allí se acudía. Después de hacer los embutidos se procedía a colgarlos y ahumarlos para que curasen.
    En fin, un grato recuerdo que nos has dejado ver y recordar.
    Un abrazo, Justi.

    • 14 justi
      19 febrero 2013 en 00:00

      Sí, Fernando, estas prácticas persisten mientras dure esta generación de gente mayor en lo spequeños pueblos como el mío,
      pero…poco apoco todo se va perdiendo,
      es más fácil acercarse a la tienda industrial de carnes y embutidos
      aunque no tenga el sabor aquél casero y tradicional.
      Los que venimos de zona campesina tenemos recuerdos similares,
      y que no nos falten.
      Un abrazo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Zamora, Puente de Piedra

puente pequeño

Soy lo que siento

¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

Justi

miro sin filoazul

Emma-la mascota de casa-

enma

Las fotos que hago

sistema floral

4003745107_a2b2cac529

4003745281_31a660479b

4003745451_1947a8c1b2

Más fotos

Archivos

Mi poemario

soy lo que siento
callar...gritar...siempre por mantener la justicia ante nuevos vendavales...Esos somos nosotros, los que resistimos como robles tras las curvas del sendero de la vida...

moldeando la luz…la imagen y mi palabra

iconodemoldeandolaluz

Historia de nuestras palabras: mis relatos

de la a a la z

El Caballero

quijote
CABALLERO DERROTADO, HAZME SITIO EN TU MONTURA, QUE YO TAMBIÉN VOY CARGADO DE AMARGURA... (leon felipe)

Traje regional de Zamora -CARBAJALES-

trajes
ARTE, COLORIDO, ESTALLIDO DE SENTIDOS EN EL TRAJE REGIONAL DE CARBAJALES-

Aguas del Duero-los arribes-

arrives del duero
Nube blanca, que vas tan sóla en el cielo y tan alta, junto a la luna de plata vendrás a parar mañana, igual que mi amor, en agua. En agua de mar honda y clara. (León Felipe)

leon felipe -monumento en Zamora-

leon felipenuevo

PIEDRAS SAGRADAS

Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo. (Poema de León Felipe)

puente del Esla

puente esla
Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras.

santovenia del esla

santovenia2

MI PUEBLO

Un pueblo entre campos, pequeño, casas llenas de hermanos, una torre de iglesia, alta, y muchos tejados rojos, bajos. Un rio, encinas, una pradera para el ganado, flores, niños por las calles, los sembrados... Gentes que abren surcos en la tierra mientras miran a lo alto a ver si llueve. SANTOVENIA DEL ESLA es MI PUEBLO.

ARTESANÍA DE PERERUELA (zamora)

hornoruela-011g
enero 2013
L M X J V S D
« Dic   Feb »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

autor JUSTI


A %d blogueros les gusta esto: