05
Abr
12

recuerdos en blanco y negro

recuerdos en blanco y negro…

Llegó la primavera y llegó la lluvia.

Bueno para el campo,

así en Mayo tendremos trigales como mares ondeando,

y tendremos amapolas, manzanilla mezclada entre las espigas.

Y llegó  Abril con la semana santa. Con sus procesiones, con su  doblar de tambores,

sonido de carracas.
Días de tradición.

¿Porqué será que  el sentimiento  también viaja como esas caravanas de coches que se desplazan?

Será por los viajes que por estas fechas todos los ausentes hemos hecho al pueblo:
Jueves santo, Viernes santo, sábado santo… y domingo de resurrección tras tres días de luto.
¿Quien no ha tenido o tiene el corazón en dolor, no tres días si no a veces más?
Y siempre esperando  con alegría  la resurrección, la esperanza.
“Recuerdos  en blanco y negro”,  así he nombrado a este relato,

imágenes de “ayer” de cuando todavía en finales de los  60 iba al pueblo por semana santa,

subía los sobrinos al coche recién estrenado, y !ale! a recorrer el entorno: el río por Bretí y la vega, el monasterio de  Moreruela,

el huerto del Rompido,

las Lagunas de Villafáflia,

puente de Quintos sobre el Esla camino de Tábara…

Caminos que todos habéis hecho con vuestros sobrinos e hijos seguramente.

Son recuerdos de hace muchos años,
son fotos,

son relatos fotográficos que en un sobre color sepia guardamos en la alacena

dentro de cajas de zapatos o galletas.  Junto a las fotos también hay postales, que todo cabe en esa caja,

todo envuelto entre fotos en blanco y negro. Algún día empezaremos a poner  también en el muro  postales de aquella época. Yo tengo un montón.

¿Abrimos el sobre de las fotos?  Lo abrimos. Y resucitaremos el corazón con los recuerdos del ayer.  Es oxígeno para el alma saber de dónde venimos, quiénes somos, lo que en su día amamos y lloramos, lo que no tuvimos y deseamos,

lo que tuvimos y hoy todavía abrazamos…
Y que hoy  gozosos colgamos en la cartelera de estea muro de Santovenia,

resucitados  estamos recordando nuestros orígenes,

el camino andado,

los logros que conseguimos y los proyectos en que fracasamos. Una mirada a los caminos por donde transitamos.Y nadie mejor que los que venimos del ayer del pueblo, donde a más de pasar un verano crecimos en él,  para recordarlo.  Santovenia, pueblo  de la meseta de transición entre tierra de campos y valles de Benavente siempre estará en nuestra vida.

No dejemos de agrandar nuestros recuerdos.

Me gusta cuando veo en el muro  que  los seguidores de esta página dejáis vuestras vivencias  en imágenes o relatos, relatos que las abuelas han contado. Y  además me gusta se ponga hombres propios a sus personajes. Me parece buena idea. Eso hago yo en estos mis recuerdos de hoy, poner nombres a las fotos.

Fotos a estas familias de labriegos, pastores o barberos. No digo nada nuevo. Todos en el pueblo conocéis los apellidos, nuestros nombres,  nombres cristianos y de origen Visigodo,  todas conocemos estas familias que se han dado calor, se dan calor, en este  puñado de casas que rodean la torre dela Iglesia, la más alta sobre los  tejados rojos  de Santovenia. Todos unidos, en los días  del frío Enero y en el calor de Agosto.

Juntos, en la naturaleza, como en aquellas meriendas en la sombra de la  caseta de la era,  o subidos al trillo   dando como peonzas dábamos vueltas y vueltas.

Bueno es recordar. Y hablar de nuestros mayores,


su entrega a la tradición, a la familia, al esfuerzo y sacrificioo, su amor al campo.

Su austeridad, valor que había sido abandonado en estos últimos años de despilfarro y ahora volvemos en su búsqueda. Nosotros ya lo habíamos vivido. Hoy en este mi escrito lo recordamos.

Es lo más digno y noble,  saber de dónde venimos y dónde estamos.
Pues yo precisamente vengo de aquellos años, de ocho hermanos en la mesa, años en los
que la tierra no daba recursos para todos.  Años de posguerra. Años 50.

Pan sí que siempre hubo en la mesa,

y risas, y trabajo,

y deberes  para todos, también para los pequeños, como si fueran los deberes escolares de ahora.

Había dos escuelitas en el pueblo. Niños y niñas. Los niños en la Plaza del Hospital,

y las niñas se las llevaron para la parte de arriba…
Pero todos  sin excepción, peques y grandes, formábamos parte de la actividad familiar ya desde pequeñitos.

No teníamos bicicletas, en su lugar  un aro para correr calle arriba y calle abajo. Hablo de mi y de mis vecinos amigos  que conmigo recorrían las calles… desde el barrero hasta la Plaza, y otras veces por la calle Molinera hacia Bretón. Sin alejarnos mucho, pues ya sabíamos la pregunta cuando llegábamos a casa:

-¿Dónde has estado? ¿No habrás saltado la tapia  a robar peras…

Más arriba de la calle había unas casas grandes de piedra y ladrillo, en donde en verano se veían niños que sí tenían bicicletas . Y caballos… A veces iban  a la Mata y bajaban por mi calle para coger el camino de Villafáfila

y entonces mi hermana me decía:

-Ven, mira, que vienen los de Ramos en la tartana. -Iban a  su Residencia de verano-

¿Son  sólo recuerdos o son algo más?

Y todos  en aquellos años arrimamos el hombro trabajando. Como algo natural, como natural era el olor a cuadra ya que todos teníamos animales en el corral…

Recuerdo que  por las tardes de verano con mi hermana Flori, tendría yo 7 años, ya me llevaban a regar a la vega;
yo iba de verdugo  para arrear a la la burra, !pobrecita! (un día contaré la judiada que le hice).  Han pasado muchos  años y todavía me acongoja recordarlo. Otro día lo contaré…Se llamaba Melquíades.)

Y decía que yo era el verdugo, el rejoneador, el que le daba palos para que no parara de
dar vueltas y vueltas a la noria.
Era un niño.  Me he visto en la foto con mis hermanos con el libro de escuela, y  hasta  encuentro que  tengo semejanzas con la encina, con el pájaro o la nube,  que tengo mirada de soñador, de gozo o lágrima.

Quizá un poco de todo. Que todo eso fuimos en aquellos años.
Y desde luego, no fueron días tan azules como diría Machado en su
lecho de muerte desterrado en Colliure, cuando evocaba en su lecho de
muerte:
“los años azules de la infancia…”
recordando los patios andaluces, aquellos donde se había criado…

La verdad, en mi pueblo de años de posguerra

los días de la infancia fueron de todos los colores.

Y como el maestro Don José  dijo que yo valía para estudiar… (eso dijeron, pero no recuerdo haber superado ningún test de inteligencia. No se hacían en aquella época. Lo que mandaba era la palabra del maestro y del cura.
-!Ale!, tú, y me señalaron con el dedo, con los frailes a estudiar. Y nos entregaban a los frailes que apostólicamente hacían de visitadores por los pueblos,

rastrearodes   o buscadores de talento, como  llaman ahora a los que buscan promesas en el fútbol…

Y  sin dilación, al internado de los curas me llevaron.  La pequeña maleta de madera que aun guardo como compañera de viaje (un día la mostraré) se llenó de ilusiones más que de ropa.

Yo, como tú que me lees si vienes de aquella época, éramos obedientes a los mandados. Demasiada llena estaba la mesa de casa. Había que ir dejando sitio para los que venían detrás. Ocho hermanos.

Ciertamente, no había otra alternativa para la gente sencilla, ni  otras Aulas ni otras salidas  si querías estudiar.

Y de este modo, me despoblaron a la edad de 11 años.
Pero siempre he ido volviendo al pueblo a ver la familia. Con más o menos frecuencia.

Y sigo yendo, a  recuperar aquellos aromas de la infancia interrumpida.

Y volvía al pueblo, a  sentarme a la mesa camilla, con el hule puesto, con el brasero  a pesar que ya era Abril, por semana santa.

La mesa ya no estaba tan apretada. Las sillas no ocupadas se recostaban sobre la pared. Si te sentabas en ellas te llevabas la cal de la pared en la ropa.

Y  en el pueblo  de nuevo me convertía en aire de campo. En silencio escuchaba las rutinas de sis gentes,

sus historias…

sus relatos en blanco y negro, aquellas vivencias  que fueron parte de nuestras vidas
tanto o más que las fotos que guardamos:
la foto de la primera comunión quien la tenga. Yo no la tuve.

La foto de la matanza, la del Ramo de rosquillas que luego se rifaba en la fiesta de la Virgen
en Setiembre…

Muchas historias, aunque lamento no haber acumulado más y más..

Lamento, y lo digo para que los que tenéis mayores  y todavía podéis escuchar sus historias, que las anotéis  para que luego  sean esparcidas como aroma de jara que viene del monte.  Lamento no haber prestado más tiempo a lo que mi padre me contaba.
Años duros aquellos.

Y vino la diáspora de todos aquellos hermanos que se
juntaban alrededor de una mesa: unos se fueron a trabajarar a Madrid, otros a
Barcelona, a Bilbao…mecánicos, albañiles…
Otros, los señalados con el dedo del maestro, a estudiar en los
internados de ciudades lejanas.
El viento del hambre nos llevaba de aquí para allá.

Y estudiamos, y nos hicimos camino. Jóvenes soñadores que éramos.
Y años después volvimos volvimos con un Seat 850 Especial. Recuerdo que me lo compré con una beca salario que me dieron. Lógicamente, tuve que estudiar para tener derecho a ella.

Y el tío Justi  pasaba a los sobrinos de las hermanas mayores que habían quedado en el pueblo:

viajes  al río, al monte, al puente de Quintos

donde empieza el pantano del Esla.

ya con máquina de fotografiar al cuello,
carretes en blanco y negro al comienzo,
y empezamos a hacer posar a los sobrinos como si fueran hoy artistas de reparto de una película de Almodóvar.
Fotos sobre fondo de muros de adobe,
sobre campos amarillos de la flor de los nabos, entre amapolas y manzanilla en los trigos,

fotos montados a la burra.
Y fotografiamos a la abuela matando el pollo, desplumándolo, o desollando el conejo, mientras un sobrino aguantaba firme las patas del animal. (! Y mira que era cansado el sostenerlo en vilo!)
Fotos trillando, merendando en la era,
subidos en el trillo que no paraba de girar sobre el heno para sacar
el grano de la espiga que luego sería pan.

Imágenes de cuando niños recogíamos de las espigas del centeno los  cornezuelos para venderlos, hongo parásito del centeno y de otras plantas gramíneas, del que se extraen sustancias que se empleaban en la curación de enfermedades psiquiátricas…


Y fotos de la matanza, los niños tirando del rabito del pobre animal,
luego probando las chichas en el  corral con un buen trago de vino.
Y a la tarde, a lavar las tripas en el pozo del huerto…  con una vara de avellano  se le daba la vuelta…tripas que luego recogerían las chichas bien trituradas del cebón y  que darían forma a los chorizos: los gordos y lo delgados… tal como los  tripas de los intestinos.

Todo, en blanco y negro.

No, no lo tuvimos fácil.


Decía que lamento no haber arrancado  más relatos de su vida a mi padre.
Lamento haber ido tan de premuras cuando visitaba a mis padres. Nunca
tuve tiempo para escuchar sus historias,
estaba yo envuelto en mis libros, todavía soltero, final de los 60,

empezando mi vida laboral.

Yo venía al pueblo a desligarme.
Hoy lo recuerdo.  Y mira que ha llovido… más que lo que está llviendo en este comienzo de Abril.

Quizá sea la lluvia que ha reblandecido el paisaje de mi pasado y por esto hoy lo estoy recordando.
Las pendientes de esta montaña donde vivo están empapadas, terrazas y tierra mojada,
buen agua que viene para el campo, trigo, cebada, avena…
Es semana santa,

y parece que el eco de los tambores de Calanda, de las trompetas de las procesiones de Zamora,

el  tambor de Merlu,  el sermón de las siete palabras, todo habla del pasado,

trayendo escenas de la infancia.
Será para huir un poco de lo que se nos está viniendo encima…


Y  recuerdo que mi padre, a más de campesino, era el barbero del pueblo.

Gracias a ser barbero, en la mili y en la guerra en vez de empuñar el fusil empuñó la navaja barbera y la tijera. De lo cual me alegro.
En esta tarea de barbero del pueblo era ayudado por mis dos hermanos mayores. Todos los  domingos por la mañana afeitaba las barbas y cortaba el pelo a los hombres y niños del pueblo. Lógicamente, eran ellos los únicos miembros de la familia que tenían motivo para no ir a misa. Los demás… a la Iglesia. Los chicos  junto al altar del lateral izquierdo (no sé de qué santo es, la próxima vez que entre me fijaré),

y las chicas al lateral derecho, altar de la Virgen del Carmen.

Mis dos hermanos mayores siguieron esa profesión  de barbero.  Uno de ellos, Joaquín,  siguió en Bilbao la profesión. Brillantemente. Gran profesional. Tanto como amigable y alegre…

El otro hermano mayor, Marcial, que en paz descanse,  aprendió muy bien el arte de esculpir cabezas, pero luego ya en la capital  Zamora cambió de oficio.

Yo era pequeño. Al salir pequeño del pueblo no aprendí forzado  este oficio. Pero algo me ha debido de quedar, pues  entre las diversas faenas que hago de jardinero amateur, ahora que tengo más tiempo  libre, lo que más me gusta es coger la tijera de jardín y … a podar rosales, palmeras, frutales… Ese clic-clic que hace la tijera la cortar me suena a música popular…. Yo salí muy niño del pueblo y no tuve ocasión de entrenarme con la tijera en las cabezas de los niños que iban a cortarse el pelo. Es ahora, ya mayor, cuando  he vuelto a estas faenas que presencié en la infancia,
al menos ahora empuño la azada y arranco frutos a la tierra.

Tampoco me gustaba que me cortaran el pelo.

Recuerdo que cuando  me pasaban la máquina para cortármelo (siempre muy corto en verano) me daba mucho repelús, y salía corriendo para el corral. (Todos tenemos fobias). Pero mi hermano Marcial, con la amenaza de encerrarme en la bodega, conseguía llevarme al sillón de barbero  llorando,que para mi era un suplicio, una tortura…

Pero así viene la vida, así se empieza a caminar los caminos. Todo porque don José  el maestro y el cura Don Emilio  (yo era monaguillo) dijeron que valía para estudiar,
y ale! pues a estudiar. Adiós ovejas,  a las correrías por las calles y adiós a aquellos juegos de niños.

– tú, niño, a estudiar. Y así fue…Mis raíces quedaron enterradas. Pero es ahora tras tanto tiempo, todavía las siento:

En invierno siento  las nevadas, y en verano las grietas resquebrajadas  del suelo reseco. Y siento planear el aguilucho sobre los llanos campos.

En aquella época, recuerdo que los servicios regulares que hacía en la barbería mi padre, no se pagaba en dinero,

si no en eminas de trigo o cebada. Una des mis hermanas mayores, supongo que para no variar volvía a ser Flori era la encargada de cobrar.

Pues eso, mi hermana y yo íbamos allá por el final del verano, yo siempre de acompañante,  como un Sancho pero sin Panza muy valioso.  Íbamos cual recaudadores  cuando ya se había recolectado el grano, por las casas con la mula y un costal en el que íbamos depositando el cobre en especias, en este caso de trigo.

No recuerdo que mi padre anotara los servicios que haría, así que supongo que todos pagarían por un igual, al menos los vecinos mayores.
Y saco a relucir lo del sillón por haber sido novedad en aquel entonces en el pueblo.

El sillón blanco que luego, años más tarde, mi hermano lo vendió.

Es el mismo mismo sillón que  cuando yo volvía al pueblo me sentaba  a leer y a prepararme las oposiciones en mis días de vacaciones .
Era joven, con toda la vida por hacer y había que apretar los codos, que nada gratis se nos daba. Y mientras me empapaba de números y estadísticas,
recuerdo abría la ventana para que me entrara el aroma del pueblo,
aromas de alfalfa recién cortada que el vecino traía del huerto para el ganado…
Me gustaban los aromas a pueblo. Venía de la ciudad y era encontrarme con lo mío.

Hasta que escuchaba a mi madre que decía:
“-Justinito”, (Justino era mi padre y yo para distinguirme Justinito), “cierra la ventana que pasan las ovejas…”  De sobra sabréis el polvo que levantaban en aquellas calles de tierra un rebaño de cientos de ovejas.
Y la ventana se cerraba, y yo seguía en el sillón de barbero que mi padre usaba en domingo, repasando  temas de Economía en mis libros…Llegué a aprender bastante. Tampoco creo que Montoro o Guindos estudiaran o aprendieran  más que yo. Total,  para meter la tijera y la podadora como  hacen ellos no hace falta mucha preparación.
Todos son estampas desdibujadas, unas en blanco y negro, otras imágenes en color que han sido con el tiempo cubiertas del color sepia de estar tanto tiempo encerradas  en la caja metálica de galletas. Así lo recuerdo ahora mientras lo escribo. Los pelos  de las cabezas rapadas, por el suelo. Tal como lo cuento. Y la voz de mi padre firme y  alta:

-Justinito, trae agua. Y yo le llevaba en un recipiente el agua caliente de un pote que estaba a la lumbre en la casa de horno. Para los afeitados…

Nada de colonia en aquel entonces…

Ahora me arrepiento de no haber prestado más tiempo y dedicación a  las historias

que mi padre siempre estaba dispuesto a contar. Mi padre, que
tuvo una memoria envidiable hasta el final.
Recuerdo  el orgullo con el que me mostraba, ya él jubilado y yo trabajando en Banco, sus dos libretas de
ahorro con sus saldos que tenían,  ahorrados de no gastar nada superfluo:
la libreta del del Banco de Bilbao en la sucursal de Benavente  y la
de la Caja Rural en el mismo pueblo.
De ser ahora, llenaría yo  cuadernos y cuadernos con lo que me contase.

O mejor, páginas y páginas en el Word. Pero he llegado tarde a la cita.
(Guardo una pena enorme… acepta que te lo diga. Cuando murió mi padre  estaba yo solo en la
habitación con él ya esperando el momento de su despedida,
y no pude descifrar lo que en sus últimos sonidos guturales me quiso decir… Intentaba con toda la poca energía que le quedaba en decirme algo, y yo no le entendí. !Qué pena!)

Tampoco pude entenderle en ese momento final. Otra vez que llegué tarde a su cita de palabras.
Algo me había referido días atrás, comiendo, de cuando  en la guerra con el
Ejército de Franco había llegado hasta Figueras…

No viene mal recordar, y escribirlo. Pero reconozco que son escenas en blanco y negro,
pero que dan brillo de colores hasta en los ojos.


Pues sí, venimos de los días del ayer,
de la uniformidad,
de no salirse de la fila,
vivir al toque de pito,
de brazos alzados desde niños,
de los años de mordaza y  disciplina,

de sumisión a los poderes que conquistaron nuestras vidas por las armas,

los poderes dominantes que todos conocimos y sufrimos de algún modo, nunca representativos.
Pero en medio de todos esos recuerdos tenemos el orgullo del pueblo y
familia donde crecimos.
Lo más preciado.

Ahí volvemos siempre que podemos. Es nuestra casa, encontramos nuestras raíces.

Todavía hay ceniza caliente, a poco que escarbemos destaparemos nuevas brasas.
Este es el ayer en blanco y negro que hoy evoco.
Un abrazo y feliz semana santa.

Justi

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12 Responses to “recuerdos en blanco y negro”


  1. 5 abril 2012 en 00:00

    Preciso y entrañable relato en “blanco y negro”…así son también mis recuerdos!!!
    Un abrazo .

    • 2 justi
      5 abril 2012 en 00:00

      Seguro que sí, que parecidos recuerdos tenemos todos
      los que transitamos por aquella época, Montse.
      No pudieron detenernos, tampoco hoy nos detendrán,
      el camino sigue, algunas veces más tortuosos que otros, pero sigue.
      Abrazos.

  2. 3 ana rodrigo
    5 abril 2012 en 00:00

    Jodio Justi!, yo que no quería nostalgias, me has puesto el vello de punta. Es tan mimético lo que cuentas a lo que yo recuerdo, que tenía la impresión de ser yo la protagonista de esta tu historia.

    Un dato, quiero recordar que cuando tu padre estaba ingresado ya grave, yo estuve paseando con tu hermana por los alrededores del Clínico. Y tú tan cerca, y tan lejos….

    Otro dato, mi padre, además de otros muchos oficios en pluriempleo total, también fue barbero.
    Y, finalmente lo que tú llamas emina, nosotros la llamamos ochava.

    Lo demás todo igualito, hasta las fotos que, si le tapamos las caras a los fotografiados, podríamos cambiarlas por fotos de mis sobrinos con las mismas vestimentas de los 70.

    Bueno, como ya te escribí esta mañana en el otro post, yo no quiero nostalgia ni de las sopas de ajo (que nunca las he probado, por eso de “no me gustan”). Recuerdos todos, nostalgias, las justas. Y, si bien es cierto, que a nuestra edad ya tenemos más pasado que futuro, tendremos que vivir intensamente el presente.
    Un abrazote.

    • 4 justi
      5 abril 2012 en 00:00

      Ya sé, A. Rodrigo, que no eres de nostalgias. Tampoco lo soy yo.
      lo cual no impide que miremos los caminos por donde iniciamos esta marcha.
      Esto da energía, contemplar las raíces, sin duda esta fecha de lluvias y pasos de semanas santas son propicias para el recuerdo de la mente. Pero los pies bien asentados, por supuesto.
      Pero sí, bien de tarde en tarde.
      Somos sin duda en parte por lo que fuimos. Y contentos del camino.
      Mal o peor lo tiene hoy esta juventud que se han preparado para el trabajo, y que a pesar del logro de las libertades ahora no tienen donde ejercer las horas que dedicaron a su formación. Espero mejore y pronto.
      Pero !bueno! ahora resulta que no eres de las sopas de ajo. No sabes lo que te pierdes,
      siguen estando ricas hasta en el 2012, sobre todo con frío, bien pimentadas… pero ha de ser con el pan artesano, aquellos panes de nuestra infancia, los mejores.
      Ese sabor a campo…aromas de blancura de harina de pan de trigo candeal…(tranquila, que no te las estoy vendiendo…)
      Ciertamente que cambias los rostros de las fotos y aparecen todos los sobrinos e hijos de finales de los
      60…época en la que me apoyo yo para el relato en blanco y negro. Más tarde será ya otro el relato.
      Y contentos de lo vivido, y a seguir viviendo, hay luz.

      Como dice nuestro zamorano Claudio Rodríguez en un verso:

      ” ¿Por qué me está mirando
      el aire? La mañana es clara.
      Salgo de casa y siento
      esta ternura musical del cielo
      y la luz que se nos ofrece…”

      Otro abrazo grande para ti.

  3. 5 MARIA JOSE
    5 abril 2012 en 00:00

    Sencillamente maravilloso.

    • 6 justi
      5 abril 2012 en 00:00

      Hola, María José.
      Me gustó cuando en el muro del Pueblo pusiste en tu relato nombres y profesiones.
      Muy auténtico. No somos anónimos, tenemos nombres, apellidos, nuestros padres y mayores las tuvieron. Las calles también tienen nombres: C/ Hospital, Molinera, El Castillo…El Barrero, La Plaza…Justo es también dedicarle parte de nuestras conversaciones en el Muro entre otras muchas cosas más. Todavía está por escribir la crónica del Pueblo. En parte, con las fotos que vamos colgando y los relatos, algo ya estamos haciendo.
      Gracias por tu presencia aquí en el blog.
      Un abrazo

  4. 6 abril 2012 en 00:00

    Acabo de leer un precioso y entrañable escrito, éste en el que nos dejas tantos de tus recuerdos en blanco y negro, símbolo de una época: la de la juventud. Mientras te leía era imposible que no me vinieran simultáneamente recuerdos de mi juventud, también vivida en el pueblo y del que es raro el día que no me acuerde de él, del pueblo de mis orígenes.
    Cuántas cosas nos cuentas, yo te las agradezco porque me encantan aquellos recuerdos, aquellas vivencias e ilusiones de otros tiempos bien distintos. Tiempos a los que muy certeramente te refieres como años de esfuerzo y duro trabajo.
    Y esas fotos sacadas de las latas o cajas que las albergan, fotos en blanco y negro que hoy son historia, nuestras historias personales, historias que hay que transmitir a nuestros sucesores para que sepan de donde provienen, cuáles son sus raíces.
    “Recordar es volver a vivir”, pues sí, creo que así es. Y recordar no es malo. Es verdad que no se puede vivir del pasado, pero ello no quita no acordarse de lo que dejamos atrás.
    Los que nacimos en pueblos creo que fuimos unos afortunados en muchos aspectos: aquellos juegos por cualquier rincón, los paseos en bicicleta, los baños en el río, los partidos de fútbol en la plaza, la ausencia de prisas, la convivencia con los vecinos, las fiestas populares….y tantas cosas más.
    En fin, no te voy hacer leer mucho, no me quiero extender más, pero me has hecho pasar un momento muy agradable leyendo tus renglones y contemplando las fotos de tu ayer.
    Un abrazo, amigo Justi.

    • 8 justi
      7 abril 2012 en 00:00

      Hola, Fernando,
      gracias por tu presencia.
      Sin duda estos días de lluvia y primavera nos acercan en torno a los recuerdos del pueblo e infancia,
      De vez en cuando bien viene una miradita atrás. No perder el horizonte,
      sobre todo a los que andamos lejos de aquellas raíces primeras.
      Recordando como haces tú con frecuencia en tu blog, trayendo estampas de tu vida por
      el pueblo. Espero que por Lugo haya llovido y haga sol, un poco de todo para disfrutar
      de estos días de descanso y sentimiento.
      No, el pasado es sólo para tomar la medida al presente, ver el camino andado,
      y lo que todavía queda por andar. No lo tuvimos tan mal. Pero vivamos el presente, nada fácil por cierto,
      tal como dice el poeta zamorano Claudio Rodríguez en un verso:
      “miserable el momento
      si no es canto”.

      Un abrazo

  5. 9 valcarce
    7 abril 2012 en 00:00

    Recuerdos en blanco y negro has titulado esta maravillosa crónica de tu infancia. Recuerdos plasmados en esas fotografías escasas de nuestra infancia.

    Pero mis recuerdos son a todo color, el dorado de la mies en verano, el verde y pardo de las encinas, el rojo de las moras y de las fresas silvestres… ese azul brillante del cielo y el plateado de la cumbre de las montañas, esos rayos de sol que iluminaban mis veranos, y ese blanco inmaculado de los largos inviernos.
    Colores, aromas, sabores.

    El olor del pan recién cocido, de la leche recién ordeñada, el olor de la hierba recién cortada y el olor del fuego en las noches de invierno… Y ese sabor a hogar, a sopas de leche, a garbanzos con fideos.
    Volvemos la vista atrás, no con nostalgia como te han dicho en algunos comentarios, sino buscando el origen de nosotros mismos, de cómo éramos y cómo somos, de cómo aquellos tiempos hicieron estos tiempos.

    La escuela ¿te acuerdas de la escuela? aquellos pupitres de madera, con su tintero… La leña en el portal para alimentar la estufa en invierno y los atlas en las paredes. Y en mayo, lirios para la Virgen, ¿te acuerdas? porque estoy segura que mis recuerdos se parecen a los tuyos y a los de tantos como nosotros… Un largo camino desde entonces y una mirada atrás contemplando la senda que hemos dejado al caminar.

    Tiernos recuerdos en blanco y negro, estampas de vida. Precioso Justi.
    Besos.

    • 10 justi
      8 abril 2012 en 00:00

      Tus recuerdos, dices Valcarce, son a todo color.
      Que el tiempo no borre los contornos
      ni esos colores se vuelva color sepia con el paso del tiempo.
      Todos esos recuerdos que evocas recobran, al escribirlos, nuevo frescor,
      el rojo de ese leña que arde,
      la tinta negra en la madera de los pupitres de la escuela,
      y las cocinas por la mañana oliendo a sopas de ajo…
      Son recuerdos que cobran vida en nosotros al cerrar los ojos,
      viento húmedo y frío de la meseta,
      la infancia que estalla por todas partes cuando recorremos
      las mismas calles que nos acogieron de niños,
      en el humo de las chimeneas con el pote puesto a fuego lento,
      entre el laboreo del campo…ovejas pasando por delante de la puerta de la casa
      con sus esquilas sonando…
      Lo de entonces fue sueño quizá. Fue una edad, pero nadie ya nos alejará de allí.
      Gracias por tus sentidas palabras,
      todos tenemos similares sentimientos, el aroma a pueblo nos impregna la piel
      y este olor ya no se irá, anida en nosotros. Y el saber de dónde venimos
      nos da sinceridad, valentía, para caminar…
      Besos

  6. 11 Pilar
    12 abril 2012 en 00:00

    Emotivo y entrañable post, Justi.
    Aquellos recuerdos “en blanco y negro” que todos guardamos en nuestra memoria, en ocasiones, salen fuera de nosotros con mucha claridad e intensidad. Y diría que hasta los vemos y “sentimos” en color (a pesar de la nostalgia) por la alegría que da revivirlos…
    Justi, con tu permiso, me gustaría “guardar tus recuerdos” para que los lean ciertas personas… los pondré a buen recaudo. No te preocupes. Y volveré a este rincón para leerlos nuevamente con ese “pausa” del vídeo, tan bien puesta para las imágenes del recuerdo…

    Un abrazo, Justi. Y, ya sabes, “el chico vale”… Y no se equivocaron.
    Pilar

    • 12 justi
      13 abril 2012 en 00:00

      Hola Pilar,
      la infancia tan colorida en otro tiempo
      nos refleja
      y nos da luz aunque sea en blanco y negro.
      Cosa de la distancia.
      Mi permiso lo tienes, y no me pongas colorao,
      que aquí no hay royaltys ni peajes a la SGAE…
      Es bonito que estos sentimientos que expresamos
      en forma de fotos, prosa o verso, sean de todos libremente,
      como lo es el aire, que hagan suspirar, emocionar, cantar…
      A veces se nos borran los caminos,será la niebla o los ojos empañados…
      pero de pronto sale el sol y decimos:
      ” despierta, que amanece”,
      es el recuerdo que llama a la puerta,
      la infancia que vuelve,
      y en el camino de pronto
      vemos huellas nuestras.
      Parte de nosotros son.
      Abrazos.


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Zamora, Puente de Piedra

puente pequeño

Soy lo que siento

¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

Justi

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Mi poemario

soy lo que siento
callar...gritar...siempre por mantener la justicia ante nuevos vendavales...Esos somos nosotros, los que resistimos como robles tras las curvas del sendero de la vida...

moldeando la luz…la imagen y mi palabra

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Historia de nuestras palabras: mis relatos

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El Caballero

quijote
CABALLERO DERROTADO, HAZME SITIO EN TU MONTURA, QUE YO TAMBIÉN VOY CARGADO DE AMARGURA... (leon felipe)

Traje regional de Zamora -CARBAJALES-

trajes
ARTE, COLORIDO, ESTALLIDO DE SENTIDOS EN EL TRAJE REGIONAL DE CARBAJALES-

Aguas del Duero-los arribes-

arrives del duero
Nube blanca, que vas tan sóla en el cielo y tan alta, junto a la luna de plata vendrás a parar mañana, igual que mi amor, en agua. En agua de mar honda y clara. (León Felipe)

leon felipe -monumento en Zamora-

leon felipenuevo

PIEDRAS SAGRADAS

Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo. (Poema de León Felipe)

puente del Esla

puente esla
Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras.

santovenia del esla

santovenia2

MI PUEBLO

Un pueblo entre campos, pequeño, casas llenas de hermanos, una torre de iglesia, alta, y muchos tejados rojos, bajos. Un rio, encinas, una pradera para el ganado, flores, niños por las calles, los sembrados... Gentes que abren surcos en la tierra mientras miran a lo alto a ver si llueve. SANTOVENIA DEL ESLA es MI PUEBLO.

ARTESANÍA DE PERERUELA (zamora)

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autor JUSTI


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