05
May
11

caligrafía de los sueños

 

 “Todo lo que crecía requería mucho tiempo para crecer.

Y todo lo que desaparecía necesitaba mucho tiempo para ser olvidado”

(Joseph Roth)
 

(Video compuesto con mis fotos del escenario de la novela)

.

Caligrafía de los sueños

 

Siempre pensó que una calle con este nombre jamás podrá albergar ninguna tragedia.

Desde lo alto de de la Tv. de Dalt inicia una fuerte pendiente que se va atenuando hasta morir en la Tv. De Gracia.

Tiene 47 esquinas, una anchura de siete  metros y medio, edificios de escasa altura y 3 tabernas…

1943

 

 C/ Torrent de les flors

A mediados de los cuarenta, Ringo es un chaval de quince años que pasa las horas muertas en el bar de la señora Paquita, moviendo ritmicamente los dedos sobre la mesa, como si repasara las lecciones de piano que su familia ya no puede costearle.

 En esa taberna del barrio de Gracia, el chico es testigo de la historia de amor entre Vicky (Señora Mir) y el Señor Alonso, el cojo:

Ella, una mujer entrada en años y en carnes, masajista de profesión, ingenua y enamoradiza;

él, un cincuentón apuesto que empezó frecuentando a la mujer para curarse de una lesión en el pie y ha acabado instalándose en su casa.

Allí viven junto a Violeta, la hija de la señora Mir.

Hasta que sucede algo inesperado:

(restos de raíles de Tranvías en las calles de Gracia)

Un domingo por la tarde, Vicky se echa a las vías de un tranvía, intentando un suicidio imposible y patético, mientras el señor Alonso desaparece para no volver.

Lo único que queda de él es una carta que prometió escribir y que Vicky estará esperando y deseando hasta la locura, mientras Violeta mueve sus espléndidas caderas por el barrio, hosca e indiferente a los halagos.

La vida entera discurre en el limitado espacio, entre mostrador y mesas, del bar de la señora Paquita y bajo la mirada de Ringo, que ahora escucha, lee, y que finalmente empezará a dar  escritura las palabras que recuerda de aquellos años, y que será su su primer relato.

Un encuentro casual con el señor Alonso ligará para siempre la historia de estos amantes con la del joven  Ringo y con la triste caligrafía de toda una generación que alimentó sus sueños en los cines de periferia y en las calles grises de una ciudad donde el futuro parecía algo improbable.

La señora Mir

Todo esto sucedió hace muchos años, cuando la ciudad era menos verosímil que ahora, pero más real.

Poco antes de las dos de la tarde de un domingo del mes de julio, el sol esplendoroso y un súbito chaparrón se funden durante unos minutos dejando suspendida en el aire una luz encrespada a lo largo de la calle. Un poco más arriba del bar, acera de enfrente, en el tramo de la calle más propensa al espejismo, la señora Mir sale del portal 117 corriendo visiblemente  conturbada, como si escapara de un incendio, o de una alucinación, y se planta  en medio de la calzada en zapatillas, con su blanca bata de enfermera mal abrochada,  sin cuidado de enseñar lo que  no debe.

Suelta un grito largo y ronco como salido del vientre para terminar en aullidos de gato.

Cierra los ojos, se agacha, y luego se recuesta sobre los raíles del tranvía incrustados en  el viejo adoquinado…

_ ¡Victoria! –chilla una mujer desde la acera- ¡¿Qué haces, desgraciada?!

No hay que ser adivino para saber que la señora Mir pedirá más tarde en el bar Rosales una copita de coñac y un vasito de sifón, del que apenas probará un sorbo.

Días más tarde:

_¿No me oyes Paqui? –dice la señora Mir a la tabernera- ¿Llegó la carta? ¿Llegó o me tiro debajo de un tranvía, pero esta vez de verdad?

¿No te dijo que la iba a traer al día siguiente?

_¿Sabes una cosa, cariño? Lo estás llevando fatal. No, ricura, eso no me lo dijo.

Además, ya sabes, las cartas de amor siempre tardan una eternidad en llegar…

(calle Torrent de les Flors, hoy)

RINGO

La madre le hace un nuevo cabestrillo con un fular de seda color verde pálido.

-Listo –dice- A ver si tienes cuidado o  se volverá a infectar. Y ya sabes, la mano siempre arriba y te dolerá menos.

Así que Ringo la mayor parte del día está solo, sin ninguna  obligación, salvo el de cuidar del dedo mutilado por la máquina y el de proveerse de novelas que alquila en una librería del viejo de la Calle Asturias.

Cultiva  secretamente una nostalgia  de futuro y una creciente hostilidad hacia el encanto.

Suma tiempo y libertad para vivir intensamente cada palabra de los libros que lee. Va y viene de casa a la taberna  Rosales o al parque Güell con la novela en el sobaco y el brazo en cabestrillo con la mirada desapasionada  y sombría, una expresión  de sentimiento de desarraigo y soledad.

En cualquier caso, es prácticamente seguro que el día de mañana  no será un orfebre asalariado en ningún oscuro taller.

– Te veo siempre en el bar,  y me impresiona tu afición por los libros  -le dice la señora Mir-   Es algo muy bonito, de verdad. ..

Y antes de que se me olvide…

-¿Has oído de alguien que por un  casual se haya encontrado al cojo, al señor Alonso,  por el Carmelo o el Guinardó? Si acertaras a saberlo, ven corriendo a decírmelo.

VIOLETA, LA HIJA.

Dice el Sr. Carmona que encontró a la madre de Violeta, la Señora Mir,   recostada en el rellano del segundo piso, con la ropa mojada y la cabeza apoyada en el peldaño más próximo a la puerta de su propia casa.

Luego, Violeta sabrá que  las incursiones nocturnas de su madre han sido el  inicio de  de un rosario de sobresaltos y escapadas más allá del barrio.

Y supo por la peluquera que la habían visto de buena mañana remontando como sonámbula la carretera del Carmelo…

Anochecía cuando su hija esta vez la encontró en la ladera oriental de la montaña Pelada, sentada en los  peldaños de la escalinata que trepa a la montaña. Sujetaba con fuerza su capacho lleno de espliego reseco.

(montaña pelada, cumbre del monte Carmelo)

En la vertiente sur de la colina, cerca de la cumbre pelada del Carmelo, hay tres peldaños de una  escalera labrada en una roca.

Y otra tarde, unos chavales del Guinardó  la encontraron acurrucada detrás de unos matorrales cerca de la sinuosa carretera del Carmelo.

Le robaron el bolso,  los pendientes, los brazaletes y un capazo con hierbas. O lo perdió, no se sabe.

Y en urgencias del San Pablo, ¿sabes, Violeta,  lo que dijo?:

_ Que no le importaba que le robaran el bolso  ni los brazaletes, que lo único  que lamentaba era haber perdido un anillo de hueso de pollo, o de cerdo, o de vete a saber  qué…

 Violeta parece tenerlo  muy claro. Un sistema de referencia ha trastocado la vida de su madre, pero ella conoce los vagabundeos en los escenarios que le fueron predilectos a su madre, y allí es donde va a   buscarla: a la entrada lateral del parque Güell y el descampado de enfrente, la ladera sur de la montaña Pelada.

Allí solía  pasarse las horas bromeando con viejos andaluces trasegando coñac de garrafa y esperando conocer a alguien que tal vez supiera conocer el paradero de su Alonso.

_Me ha  prometido no volver a escaparse, señora Paqui,  -dice Violeta a la tabernera-.

Ringo sigue en la mesa del rincón del bar Rosales. Lee y lee,  y también escucha. No sabe qué pensar, sumido en la hipnosis que le provoca la muchacha.

La mira y la remira y no acaba de ver a la misma Violeta que hace apenas  15 días se dejó levantar la falda y acariciar las nalgas debajo de una buganvilla cuajada de lluvia. Con una vaga sensación de pérdida, desciende su mirada hasta las piernas enfundadas en medias blancas y considera la quietud formal de sus pantorrillas dóciles y a la vez maduras, y le parece como si esta muchacha a la que había abrazado pasivamente pareciera tener más de 18 años…

-Así que ese día, cuando tu madre y el cojo tuvieron la bronca, estabas allí…

Ella, Violeta, calla. Luego  le responde a Ringo

– Fue una breve relación de hechos encadenados por una fatalidad.   Yo, resbalo y caigo en el baño. El  acudió y me cogió en brazos, me tapó con el albornoz…

No quiero decir que me  tocara, no de esa manera, ya sabes. Si lo hizo no me enteré, no me di cuenta. ¿Que cuánto tiempo duró?…

– No escuchamos la puerta,. Hasta que vimos a mi madre fija en el umbral del cuarto…

Él quiso explicárselo, pero ella le dijo cosas terribles. Lloraba sin parar. Y de pronto, ella se fue escaleras abajo… 

Él,  recogió las cosas  y se fue también. Creo que dijo algo así como “te escribiré…”

-¿Y tú que hiciste?

-Nada,  me encerré en el baño y me callé. En el fondo me alegré de que se fuera. Porque ya no la quería  pero ella no se daba cuenta.

Nunca escarmienta.

(Plaza del Dr. Rovira, con su estatua)

La carta

“Querida Vicky:

Espero que a la recepción de esta carta que sé  estás esperando, te encuentres bien de salud. Enseguida te explicaré el motivo del retraso, pero antes has de saber que no he dejado de pensar en ti…

Me dicen que me buscas, que te han visto vagando por la montaña Pelada, por los parajes más solitarios del parque Güell, en las cuevas en donde los chicos aquellos nos espiaban…¿te acuerdas?

No lo hagas, nada es ya exactamente lo mismo, ni yo soy como te figuras.  Todos vivimos en un espejismo y nadie sabe cuándo nos libraremos de él, pero nuestro amor es verdadero.

Buena suerte, Vicky querida”

-Tu madre no quería que la leyeras –dice la tabernera a  Violeta- 

Y Ringo,  compungido,  arrependtido, escucha sin mirarlas…

– Llega demasiado tarde, señora Paqui. Mamá no necesita ya nada de eso. Lo que necesita ahora es olvidar, no montón de mentiras.

Son dos cuartillas cubiertas por una caligrafía imitada, tosca y picuda, vencida violentamente hacia la derecha como por efecto de un vendaval o como si quisiera escapar más allá de los márgenes del papel.

Dos páginas que Violeta acaba de leer y meter de nuevo en el sobre…

(fachada típica de Gracia)

Tres días después, dos hombres cargan en una furgoneta, junto al portal 117 algunos muebles y enseres.

Violeta se acerca al  bar Rosales  para despedirse. Ringo no está en la esquina donde  acostumbra a soñar entre libros y entre sus añoradas  partituras de música.

Desde la calle,  el  joven impostor  la  observa, y ya para siempre la seguirá evocando con aquellos ojos pintureros leyendo la tan esperada carta…

EL  Sr. Alonso, el cojo.

Diez años más tarde:

-Te deseo lo mejor, muchacho.

-Adiós Sr. Alonso -contesta Ringo-

Una vez fuera, la violenta luz de agosto que encendía las animadas calles de Gracia le cegó por un instante, cuando todavía el comentario de  Abel Alonso resonaba en sus oídos, pero ahora, con el apropiado y merecido sarcasmo:

“Un chico tan observador, tan formal y responsable…”

Y a veces, ha pensado que acaso es preferible no saber si la carta llegó finalmente a las manos de la madre de Violeta.

No saber si la contestó, si apaciguó su corazón y lo dejó indiferente, o si propició cuando menos el consuelo del olvido…

“Así es como imaginamos al ángel de la historia.

Vuelto hacia el pasado.

Donde vemos  una cadena de acontecimientos, él ve una única catástrofe que no hace más que amontonar escombros ante sus pies. El ángel desearía quedarse,

Despertar a los muertos y recomponer lo que se ha venido abajo”

(Walter Benjamín)

(mis charlas en silencio con el Dr. Rovira)

CALIGRAFÍA DE LOS  SUEÑOS.

La breve y alterada recesión  que hago es del reciente libro que he leído.

Hay literatura que no tiene alma, corazón ni vida por más exquisita forma expresiva que adopte.

Conocemos montones de novelas  de esta guisa y que sin embargo llenan los escaparates de las librerías. Sus autores son nombres muy conocidos y hasta premiados, escritores que no tienen nada que contar.

 Y Juan Marsé  por supuesto no tiene nada que ver con ese tipo de literatura que nada dice de los sentimientos; es más, podría considerarse el mejor exponente de lo contrario, exponente del relato  más humano.

Su literatura trasmite vida.

Porque las novelas  de Juan Marsé, a sus casi ochenta años de existencia, sigue siendo esencial, vital,  tal como comprobamos los que como yo  hemos leído  su última novela Caligrafía de los sueños.

Aquí sigue él estando en su barrio, rememorando los recuerdos de infancia y adolescencia, o imaginando lo que latía  en los corazones de los vecinos de al lado. Marcé escribe como si nunca hubiera salido de Gracia.

El personaje sigue siendo él mismo (protagonista y autor), atento a todo, entrelazando la realidad circundante con una fantasía arrolladora que le sirve además para inventarse historias que contar a sus amigos, a los que  convierte en personajes al gusto.

Relata la dureza de  la posguerra, miseria y  miedo,  en las historias clandestinas de los vecinos que acuden al bar Rosales.

Historias que no terminan de entenderse si no nos ponemos en la piel de los perdedores de la guerra, perdedores que no se resignan al nuevo orden opresor y dictatorial.

El chaval narrador es  Ringo:

“Mi nombre es Domingo, muñeca, pero de pequeño me quitaron el do, la primera nota de la escala musical, y se quedó en Mingo, que no me gusta nada. Nombre mutilado, como mi dedo. Me quitaron la nota musical, pero yo cambié la letra, una sola, y desde entonces hay que buscarme por las praderas de Arizona, lejos de este cochino barrio…”

Hay en la novela un escenario geográfico habitual en el escritor: la Barcelona de los años cuarenta, la de la escasez y el racionamiento, donde un kilo de café torrefacto es un tesoro.

Un adolescente ensimismado, con muchos rasgos del autor, aficionado a la lectura y tan fascinado por el cine norteamericano de la época  y que ha renunciado a su nombre de pila y se hace llamar Ringo  como el John Wayne de La diligencia, e inventa con sus amigos historias de indios belicosos y héroes que salvan a bellas jóvenes;  seres que tratan de sobrevivir esquivando la tremenda persecución de la policía política, empeñada en silenciar y encarcelar a los considerados opositores al nuevo régimen. Los cines, los bares , los libros y los burdeles como únicos caminos para escapar de una realidad gris y opresora.

En  las horas cotidianas del chico pesa mucho más lo imaginado que lo vivido.

Y están todos los otros personajes de ese barrio de Gracia  en donde está situada la trama, el barrio que no deja de ser el de Marsé,  barrio del que nunca en la vida literaria ha salido y donde en realidad discurre la historia de su mundo, puede ser cualquier mundo, y donde se reúnen todas las ilusiones y desventuras de los pobladores de cualquier rincón del orbe conocido: historias de amores, desamores, sueños.

Violeta, a la que su madre estaba empeñada en juntar con Ringo,

Viky, la señora Mir,  que vive la espera imposible de su amor por el señor Alonso, y  que su desesperación alcanza momentos dramáticos como cuando decide suicidarse tumbándose en las vías del tranvía; unas vías que ya no van ni vienen de  sitio alguno. Vías por las que ya no puede pasar por ellas ningún tranvía.

Las secuelas de la guerra civil planean sobre estos personajes amedrentados o sumidos en la resignación, y entre todos ellos destacan con fuerza la señora Mir, con su hija Violeta, y su historia con Abel Alonso.

El conmovedor personaje de Vicky Mir, con su desesperada soledad, su pobreza afectiva y su obsesión por una carta que nunca llega y que mantendrá en vilo al lector hasta el final, es una de las grandes creaciones de Marsé. Está delineada con finura mediante varias escenas magistrales; una desoladora conversación con su amiga Paquita, la sesión de masaje a Ringo y sus escapadas al campo para recoger plantas aromáticas bastan para configurar un tipo lleno de hondura, junto al cual palidecen casi todos los demás

Paqui, la regenta del bar donde el chico pasa sus horas muertas, leyendo y contemplando. Y su padre,

  el Matarratas, que cubre su labor clandestina de mensajero con labores de tráfico igualmente ilegal.

Porque el padre de Ringo se dedica a la desratización de locales, pero también a otras misteriosas tareas que le obligan a viajar de vez en cuando hasta la frontera francesa para llevar y traer mensajes y que le obligarán finalmente a esconderse antes de ser detenido. El panorama global es el de un mundo de vencidos.

Y Pep el Matarratas siempre burlándose de los clérigos, enfurruñado por el mundo, pero trabajando en secreto, hasta que se ve obligado a huir porque los que nunca aparecen, pero cuyo peso lo impregna todo, han descubierto el doble papel de él y de los suyos.

En cuanto al Sr. Alonso,

su recorrido nocturno con Ringo por el barrio chino de Barcelona entre las putas de los locales más lúgubres en el capítulo 11 ,

y su inesperada reaparición en el epílogo, muchos años después, lo convierten en un elemento clave de la historia.

Personajes de carne y hueso, vidas sometidas a las características de una sociedad vencida, donde se acumulan las ilusiones marchitas, la urgente necesidad de respirar algo nuevo. En definitiva, el formidable Marsé de siempre. Narrador impecable que maneja adjetivos  con una perfección asombrosa, exactamente donde corresponden. Todo en el relato demuestra su vigente vigor: las historias, los personajes, la atmósfera, sus intenciones. Todo.

(en la fachada cubierta por reforma está el N. 117 donde vive la Señora Mir)

 Podría decirse, para simplificar, que Caligrafía de los sueños es puro Marsé, una reflexión acerca del poder de la ficción, gracias a la cual es posible vivir en un mundo paralelo y atractivo abandonando la grisácea existencia cotidiana que,como piensa Ringo:

 “sólo es un trajín de seres acogotados y de pobres afanes que no importan, que no merecen atención” (p. 223).

 Caligrafía de los sueños sigue la tónica del resto de obras de Marsé, no explora territorios nuevos, sí confirma la fidelidad del autor a un mundo personal, a unas ideas y a un estilo narrativo, poniendo en tiempo presente escenas de distintas épocas que tienen, después de cincuenta años, un perfil propio, reconocible y diferenciado de cualquier otro.

Por supuesto que la iniciación  a la escritura, a la caligrafía de un joven, Ringo, nacido en Gracia en los  años de la posguerra es el propio Marcé.

Gracia es un barrio  en cuyas calles, como en tantos otros barrios y calles, trascurren  las desgracias y sueños de unos personajes atrapados en la escasez  y el miedo ante la represión de los nuevos dueños, la dictadura vencedora en la contienda .

Para los más jóvenes de aquella posguerra en la Gracia   devastada, la montaña Pelada era el refugio a sus ilusiones,  y el autor habla de tres peldaños   tallados por donde se accede a un imaginario escenario. Pura metáfora, pues el autor ha confesado en una entrevista que son inventados.

Mejor saberlo, y así en mi próximo viaje al Parque Güell no me desviaré en buscarlos como lo  intenté en mi subida reciente.

Bordeé el monte Carmelo,  me paseé ante los pisos   de hormigón que arrebatan sus laderas.

Recorrí las calles que acaban en escalinatas de subida a la montaña pelada. Y me desorienté varias veces debido al laberinto de calles.

Luego recorrí, desde arriba hasta abajo, la C/ Torrent de les flors, Torrente de las flores, desde su inicio en pendiente que nace en la montaña dirigiéndose al mar, justo  entre Travesera de Dalt y Travesera de Gracia

Los edificios y sus fachadas han cambiado  de fisionomía. con respecto a como  nos los describe Marsé.

Ahora son  fachadas más  anodinas,  impersonales, sin referencias a la tradición arquitectóncia de  la  villa de Gracia

Ha cambiado el decorado. La globalización está borrando la  personalidad de entonces.

Ya no está el bar Rosales. En su lugar y cercanía hay  bodegas, cafeterías,  tabernas libanesas…supermercados. T0do un mundo  que se ha dado cita en las calles de Gracia. Y sin duda, hoy en día hay muchas más tabernas de las tres que Marcé  narra en el libro.

Y quise acercarme hasta allí,  al Monte Carmelo y a las calles de Gracia, queriendo ver vestigios de esta historia que tanto he sentido al leerla,

y me  dediqué a sacar fotos y fotos. Con  algunas  he compuesto el video y he adornado este post.

Espero te sirva de estímulo para leer la novela. Esa es mi intención  a la vez que reseñar esta buena obra de un buen escritor,como sin duda  lo es  Marcé.

Ciertamente que Barcelona, Gracia,  ya no es el culo del mundo como insistentemente repite  Pep Matarratas,

uno de los personajes  de esta ficción literaria,

pero,  por desgracia lo estamos viendo a diario,

sigue habiendo otros culos, otros  muchos culos  del mundo…

Monte Carmelo y sus vivendas apiñadas.

El Monte Carmelo (en catalán Turó del Carmel) es una colina situada en

el noroeste de la ciudad de Barcelona, dominando el barrio de El

Carmelo. Forma parte del Parque Municipal de las Tres Colinas, junto

al Turó de la Rovira y el Turó de la Creueta del Coll. Antiguamente

era conocido como Turó d’en Móra, recibiendo su nombre actual por el

Santuario de Nuestra Señora del Monte Carmelo, construido en una de

sus laderas en el siglo XIX. También es conocido como La Muntanya

Pelada (La Montaña Pelada), por carecer de vegetación en su cima. En

su ladera oeste se sitúa el famoso Parque Güell, diseñado por Antonio Gaudí.

El nombre de Monte Carmelo  está ligado al proceso migratorio

que tuvo lugar durante la primera mitad y parte de la segunda del

siglo XX, ya que numerosas familias,

sobre todo del sur (Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha) se asentaron en la pendiente del monte, formando en todo su largo el  llamado  barrio del Carmelo.

(la  ciudad de Barcelona vista desde el Parque del monte Carmelo, en cuya pendiente hacia Barcelona, en el barrio de Gracia, trascurre esta historia de posguerra española)

Por Justi

 
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20 Responses to “caligrafía de los sueños”


  1. 1 montse
    5 mayo 2011 en 00:00

    Hola Justin¡¡¡¡
    Me ha encantado¡¡¡¡
    Precioso relato de vidas,sentimientos…al fin y al cabo, reales, y por esa misma razón…llenos de misterio y de sueños¡¡¡
    Un abrazo¡

  2. 2 justi
    5 mayo 2011 en 00:00

    Gracias Montse por tus prontas palabras. Seguro que habrás leído o estarás a punto de leer la
    Caligrafía de los sueños.
    En sus páginas, callejeando Gracia, se respiran los agrios olores de la posguerra,
    el aire asfixiante de la represión. No hay gestos de dulzura ni prunos floridos,
    sólo un ambiente tenso y sobrecogedor entre las palabras de sus personajes.
    Como siempre, Juan Marsé es fiel a su literatura reflejando los problemas humanos de la época en que vivió, su infancia y juventud en su villa de Gracia.
    Todos somos hijos de la posguerra. Y como Marsé todos llevamos represiones y sueños para ser caligrafiados. Él lo hace maravillosamente
    Un abrazo.

  3. 5 mayo 2011 en 00:00

    Una crónica perfecta sobre el libro…!!creo que no habrá recibido una propaganda tan buena como ésta”…Me encanta este tipo de narrativa vitalista , intimista o como se la quiera llamar…
    Se adivina una carga de sentimientos y emociones fuerte…de descubrimientos sobre los entresijos de las “vidas”…
    Nada más empezar a leer he asociado rápidamente con “La sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón…no sabría explicar porqué…luego es posible que no se parezcan en nada…

    un beso

  4. 4 justi
    5 mayo 2011 en 00:00

    Gracias, Colombine, por lo que nos aportas en tu comentario, entresijos de vidas en un laberinto de calles oprimidas. Y sí, como dices, se pueden ver consonancias con la novela de Zafón. Ambientaciones similares.
    Aunque una vez leídas, se ve que cada novela tiene su propia trayectoria.

    “Caligrafía de los sueños”, es la historia de Ringo, un joven de 15 años que pasa las horas muertas en una taberna del barrio de Gracia.
    Ambientada en los años 40, son las historias cruzadas de gentes de esa generación que alimentó sus sueños en los cines de periferia, en los pocos libros que proliferaban en viejas librerías y entre las calles grises de un barrio donde el futuro estaba ensombrado. Y las escapadas a lugares como la Montaña Pelada donde se huía de la moral rígida. Con esta obra, Marsé nos acerca a las calles históricas de Gracia de la posguerra, y a las gentes que las respiraban con sus gritos silenciados, olores, penurias, ambientes de opresión.
    Buen relato, a mi me gusta, y suelo ser bastante exigente con los libros que leo. Algunos, ni los termino.

    La Sombra del Viento de Zafón es un misterio literario también ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, que recorre desde el esplendor de los palacetes modernistas a las tinieblas de la posguerra. La Sombra del Viento usa el relato de intriga y, también como Marsé, adapta el trasfondo histórico y costumbrismo de esa época. Una tragedia de amor que proyecta su sombra en el tiempo a través de las calles que arrancan bajo el Tibidado hasta el centro de la ciudad de Barcelona.
    Ambas novelas nos adentran en la emoción y el embrujo que producen la lectura de los libros que hablan de sentimientos de sus personajes. Las dos, para mi, muy buenas.
    Me ha alegrado verte de nuevo comentando mi blog. Ya tocaba sacar un nuevo post.
    Un beso.

  5. 5 Campos
    5 mayo 2011 en 00:00

    Pues sí, Justi, conmigo has cumplido el objetivo,
    ya tengo entre mis tareas pendientes, leer esta “Caligrafía de los sueños”.
    Esos fragmentos de la historia, con esa escritura que atrae,
    ese ambiente que imagino, cerrado y sombrío,
    donde los sueños son la válvula de escape para la soledad y la pobreza,
    esos personajes que parecen tan reales,
    que incluso a veces nos recuerdan a nosotros mismos,
    y esos escenarios que nos has presentado en las fotos y en ese estupendo vídeo,
    son invitaciones a la lectura del libro,
    gracias por tu bella crónica,
    Marsé podría estar tremendamente orgulloso de esta presentación.
    Las fotos muy bonitas y con el vídeo nos haces meternos
    en la geografía de la historia,
    mientras sus personajes van caligrafiando sus sueños,
    como todos hacemos, más o menos, a lo largo de la vida,
    caligrafía de los sueños para escribir la realidad,
    con sus comas, sus puntos suspensivos, sus interrogaciones…

    Excelente trabajo, como ya nos tienes acostumbrados.
    Felicidades.
    Besos

  6. 6 justi
    6 mayo 2011 en 00:00

    Tu comentario, Campos, debería aparecer como epílogo al final de mi post por lo bien
    que has captado su esencia.
    En la novela hay mucha autobiogrofía del autor, la adopción incluida.
    Y en la novela también está latente ese determinismo que a veces sucede que los caminos de las personas se bifurquen.
    El protagonista Ringo, adoptado, tema del que se habla en uno de los capítulos,
    no puede seguir sus estudios de pianista por falta de recursos de su familia, y para desgracia se corta un dedo en el taller de orfebrería en donde trabaja. Así que se dedica a leer y soñar entre las novelitas de época. Y por supuesto, a escuchar a cuantos se acercan a la barra de la taberna.
    Y en su desesperación, tras haberse dejado robar la famosa carta que debería entregar,
    se decide a falsearla…y ahí lo tenemos en la mesa de la esquina del bar intentando suplantar la carta extraviada y luego entregarla a la dueña del bar Rosales como le había dicho el Sr. Alonso que hiciera… La secuencia… está la novela, no lo voy yo a adelantar.
    Y esta carta es el comienzo de su nuevo oficio, dar caligrafía a todo lo que ha visto y oído a los personajes del barrio de Gracia que han pasado por el bar Rosales…
    Así es el determinismo que flota en la novela:
    un encuentro ocasional en la que la Victoria Mir encuentra a su hija en sospechosa situación con su amante…da lugar a una consecuencia de su desespero vital tumbada sobre las vías.
    Y un remordimiento por haber perdido la carta, hace que el protagonsita se lance a falsificarla…es el inicio de un escritor. Son cosas del determinismo de las vidas.
    De todo esto y más cosas habla la novela.
    Espero te guste. Cuando la acabes, esperamos tu comentario.
    Un beso.

  7. 7 mayo 2011 en 00:00

    Un impresionante trabajo, Justi, que me ha tenido entretenida un par de días y sobre el que habré de volver porque hay mucho de todo en él.
    No he leído la novela, la verdad es que tengo un tanto abandonados ciertos hábitos de lectura últimamente, venga darle a los viajes… tendré que ponerle remedio. Además parece que tiene todos los ingredientes para llevarte de viaje por paisajes y sentimientos.
    Un precioso trabajo, amigo.
    Besos.

    • 8 justi
      9 mayo 2011 en 00:00

      Hola, Gloria, ya sé por tu blog que lo tuyo es viajar y viajar. Y a nosotros al leerte es como si nos llevaras de algún modo en retaguardia.
      Pero seguro que en tu mochila llevas siempre algumos libros, de viajes y otros temas… Este libro del que hago este post no estaría de más, y no pesa mucho…
      Se puede considerar un viaje a la Barcelona de la década de los 40. La ciudad sufre el final de la década inaugural del franquismo: racionamiento, bocas cerradas, represión, asfixias… Y los ojos de Ringo, pues como tú cuando viajas, van registrando lo que ve y oye para luego darle caligrafía.
      Buenos viajes…
      Besos.

  8. 9 Teresa
    9 mayo 2011 en 00:00

    Objetivo cumplido, has hecho que cuando termine de leer a Carmen Posadas, me interese por Caligrafia de los sueños, estan inspirados en mi barrio preferido Gracia, por estar presente en esos barrios la vida de mis antepasados , recuerdos y mas recuerdos. Gracias Justin.

    • 10 justi
      9 mayo 2011 en 00:00

      Muy bien, Teresa, el que pongas en lista de espera la lectura de este libro que te ha de resultar tan familiar por lo que dices. Muchas de las cosas que narra Marsé te resultarán conocidas, calles, ambiente, etc.
      No busques el bar Rosales en el Carrer Torrent de les Flors…En su lugar hay un Súper…
      Hoy en día hay muchas más bodegas y bares en esa calle, no sólos tres como había en aquel entonces. Yo me recorrí la calle de arriba a abajo… típica calle de Gracia. Todo va cambiando… a veces sin la tradición arquitectónica y ambiental de entonces.
      Marsé nos deja con su habitual buen estilo, detallado y metafórico,un montón de situaciones de la posguerra, situadas todas o casi todas en este barrio de Barcelona.
      Te gustará su lectura.
      Gracias a ti por tus palabras,
      un abrazo.

  9. 11 Pilar
    9 mayo 2011 en 00:00

    Hola Justi,
    Cómo me gusta la frase que has puesto al inicio… Y qué forma más especial, y original, has tenido de recomendarnos esta lectura… Que, por cierto, gano a nuestra querida Gloria Infinita en lo de la lectura por ‘entregas’… A mí me ha llevado dos noches terminarlo… Vamos, que entre las dos, “dos días y tres noches”… Parece una propuesta de agencia hotelera vacacional 😉 No estaría nada mal que con la compra de algunos libros, regalasen ‘el tiempo’ para leerlos..

    Justi, si el libro me engancha como tu texto y fotografías, te aseguro que será de esos que te pones a leer y no ves el momento de cerrarlo… Me ha pasado con muchos…, ahora (a las horas que tengo de leer) lo que se me cierran, a veces, son los ojos… Pero tomo buena nota de tu recomendación literaria. Se acerca la Feria del Libro en Madrid…
    Quedo intrigada con el cojo, con la carta, con la vida de esa taberna y sus ‘parroquianos’… Pasear por ese barrio barcelonés con tanta historia, y demás…

    He leído en un comentario que tiene similitudes con ‘La sombra del viento’…, pues, en concreto, ese fue uno de los libros que no veía el momento de cerrarlo…

    Respecto al Dr. Rovira, y su acompañante, te diré que me hubiese gustado sentarme en ese banco y ‘romper el silencio’… Muy bonita la escultura, Justi, y si mi ‘Parado permanentemente’ invita a mirar…, el Dr. Rovira, invita, sin duda, a sentarse y ‘charlar’ interiormente…

    Gracias, Justi, por esta caligrafía de los sueños tan completa y tan visual…

    Que disfrutes de la tarde primaveral.

    Un fuerte abrazo!
    Pilar

    • 12 justi
      9 mayo 2011 en 00:00

      Pues sí, Pilar… ahora resulta que tendré que hacer los posts por fascículos… Buena idea.
      Cada día de la semana una porción de texto y una foto. Me lo pensaré.

      Te gustará el libro , es un paseo por la villa de Gracia en la posguerra (como tantas otras villas de España…)pero aquí narradas por un vecino de aquellas calles de aquellos años.
      Te gustará.
      La frase a la que aludes:
      “Todo lo que crecía requería mucho tiempo para crecer.
      Y todo lo que desaparecía necesitaba mucho tiempo para ser olvidado”,
      tiene vigencia todavía. No acabamos de pasar página al drama de aquella guerra,
      hay muchas heridas por cicatrizar, muchas cunetas por destapar… y a quien lo intente se le condena…(!niño! eso no se toca…!)
      Siempre lo digo, el ejército franquista no volvió a los cuarteles, se disgregó entre Palacios, Salas y Estamentos…
      Desde luego, si recorres Gracia, también te sentarás a charlar silenciosamente con el Dr. Rovira, a todos sabe escuchar.
      Gracias por pasearte por este post.
      Otro fuerte abrazo para ti.

  10. 13 Pilar
    9 mayo 2011 en 00:00

    Justi, perdona, quise decir (en lo de las ‘entregas’) tres noches… Si no hubiese sido empate,jejé!
    Otro abrazo
    Pilar

    • 14 justi
      9 mayo 2011 en 00:00

      Entendido, Pilar,
      desempate en la prórroga: que quede en 3 noches…
      (pero no más, eh!) el libro es de tamaño medio.
      Abrazos.

  11. 9 mayo 2011 en 00:00

    Hola, Justi. La verdad es que leí, de momento, muy poco de Juan Marsé, pero una vez leído tu post uno se anima a leer “Caligrafía de los sueños”. Me agrada el video que nos dejas porque ayuda a situarse y comprender el escenario.
    Me gusta en especial esa foto al lado del Dr. Rovira con quien tu parlamentas y, desde luego, le doy la razón a Pilar cuando dice que con la compra de los libros deberían regalar tiempo para su lectura, pero bueno, saquemos al menos el mayor tiempo posible para dedicárselo a algo tan enriquecedor y placentero como es la actividad lectora.
    Un abrazo.

    • 16 justi
      9 mayo 2011 en 00:00

      Hola, Fernando,
      pues yo lo que pido son libros sugerentes, que atraigan y gusten, porque el tiempo para leerlos lo tendremos sin duda. Porque para un libro malo nunca habrá tiempo. Ahí tenemos libros que empezamos y no acabamos por falta de interés. Y otro los leemos de una tirada.

      Juan Marsé es un escritor que sintoniza bien con los que venimos de donde venimos, pues todos sus relatos nos suenan y mucho…
      Me alegra verte por aquí comentando esta lectura del último libro que he leído porque me ha parecido emotivo (no te dijo los que no he acabado…)
      Un abrazo

  12. 17 Castilla
    13 mayo 2011 en 00:00

    “Cerca de la cumbre hay una gran roca plana con tres peldaños de una escalera que nunca se terminó. Nadie ha podido explicarse adónde iba a conducir una escalera en semejante lugar tan yermo y desolado”.
    Este tramo de escalera quizá es el que lleva a los sueños, a las fantasías, quizá no es que la escalera no vaya a ninguna parte, sino que se adentra en las nubes, donde están los personajes, las vivencias, los sentimientos que no tienen cabida en otro lugar…

    He disfrutado con placer del libro, después de haber leído el excelente post que le has dedicado. Me he sentido en aquella Barcelona de los años de la postguerra, me he identificado con los personajes y su peregrinar por una vida triste y dura. Aún recuerdo, en mi infancia, unos años después de éstos de la novela, el miedo y el silencio impuesto a los vencidos.
    Los personajes se escapan de su duro vivir, unos en brazos de los sueños y Vicky en la esperanza de una carta de amor, que tarda demasiado…

    Todos, en cualquier tiempo, hemos buscado la forma de adornar la vida con sueños, unos caligrafiándolos y otras simplemente imaginándolos.
    Besos.

    • 18 justi
      14 mayo 2011 en 00:00

      Se nota que has leído el libro, Castilla.
      Gracias por tu comentario que viene a completar lo que llevamos dicho.
      Y hablas de los tres escalones… El día que me acerqué al escenario que describe Marcé, busqué por el lugar y no los vi. Luego supe por una entrevista que hicieron a Marsé que son ficción…
      En su caligrafía de recuerdos, los tres escalones, sin meta, en la montaña pelada del Carmelo marcan muy bien el destino de un pueblo triturado, rendido al yugo y las flechas de la dictadura franquista-falangista.
      Hay que tirar para adelante, como sea, y quien mejor ejecuta esta melodía de superación es Ringo, el adolescente libre de las responsabilidades propias de los adultos, pero que intuye los problemas que acucian a su barrio. Él se preocupa por el cine, se sumerge constantemente en la literatura y encadena “aventis” o relatos de fantasía porque su edad así lo aconseja. Todo es búsqueda en él, desde el conocimiento hasta el sexo. Buenas fragmentos hay en el libro cuando el quinceañero se sumerge por primera vez en el Barrio Chino, reino de lo prohibido, con patatas bravas, gitanos, alcoholes, putas… área reservada a los mayores. Mala experiencia de su primera noche…En su primera borrachera, le roban la carta y el dinero que guardaba para volver en tranvía a casa…
      Buen comentario el tuyo, haciendo una reflexión sobre los tres escalones.
      Besos.

  13. 19 Agueda
    16 mayo 2011 en 00:00

    Amigo poeta…hay algo mágico en tu texto…sabes captar de maravilla la esencia del libro. He tenido la suerte de leer algún que otro libro de Marsé, no es uno de mis escritores favoritos, pero debo reconocer que escribe transmitiendo vida. Mis felicitaciones por tu original manera de explicarnos un poco la trama interesante del libro…y ese recorrido fotográfico…un beso

    • 20 justi
      16 mayo 2011 en 00:00

      Pues sí, Águeda, Marcé en todos sus libros, como dices, trasmite vida.
      El realismo de la época de la posguerra lo narra muy bien Marcé, y más porque lo que describe es lo cotidiano de las gentes de su barrio, Gracia, de Barcelona.
      Y eso es literatura de alto contenido humano, la que se adentra y palpa la realidad para intentar dar un sentido al entorno y las circunstancias que lo enmarcaron.
      Habrá otra literatura que intentará renovarse, experimentar,
      pero siempre, al menos a mi, nos conmoverán los narradores puros que nos detallen, con sentimiento y lírica, los entresijos laberínticos de la sociedad en que vivimos.
      Y para mi, Marcé es un abanderado de esta buena literatura de sentimientos.
      Un beso, y gracias por tu comentario.


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¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

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Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo. (Poema de León Felipe)

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Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras.

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MI PUEBLO

Un pueblo entre campos, pequeño, casas llenas de hermanos, una torre de iglesia, alta, y muchos tejados rojos, bajos. Un rio, encinas, una pradera para el ganado, flores, niños por las calles, los sembrados... Gentes que abren surcos en la tierra mientras miran a lo alto a ver si llueve. SANTOVENIA DEL ESLA es MI PUEBLO.

ARTESANÍA DE PERERUELA (zamora)

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