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Ene
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Tus manos…

Tus manos que arrastran el paso del tiempo

Hoy contemplo esas tus manos
de mujer, de madre…
¿rosas de mayo o palomas en vuelo?

Tus manos que arrastran el paso del tiempo
como cauces de sangre,
manos que han acompañado la luz y la sombra,
¿cuántos lazos trenzaron sobre el pelo?
Olor a jabón, lejía,
humedad del vapor de plancha,
calientes de echar carbón en el fuego
y pan en el horno…
manos que llenaron de flores el jarrón de la sala,
de vino y agua las copas,
de risas el aire
y de lágrimas los pañuelos de seda.
Siempre entre agujas de tejer, bordando vida y esperanzas,
manos siempre dispuestas a abrir y cerrar ventanas,
y dejar la escoba a un lado:
“ya viene” -decías- y dejabas el pan y el vino sobre la mesa,
y te ibas hacia la puerta.
Aún ahora mueves tus manos
y a su ritmo se mueve la luz.
Manos llenas de huellas de otras manos,
de arrugas, cicatrices que se han quedado a vivir entre tus manos
como en tierra de tránsito.
El sol, las caricias y el frío seco las han hecho resistentes y fuertes,
manos que aprendieron a leer y pasar las páginas ocultas de los libros,
que palparon la oscuridad, el miedo, el roce, el calor de otro cuerpo,
manos que palparon los desengaños y los sueños…

Hoy me paro a mirar tus manos, mujer y madre,
como extasiado contemplando las rosas en el mes de mayo…

por Justi.

La imagen es de Gonzalo Martínez Rodríguez

Perfil de Gonzalo en Moldeando la Luz

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18 Responses to “Tus manos…”


  1. 1 montse
    17 enero 2011 en 00:00

    Justin¡¡¡Qué belleza de poema¡¡¡
    Hace unos 40 años, le hice un poema calcado , a mi madre…¡¡Me ha emocionado ver que compartimos los mismos sentimientos hacia nuestras madres…¡
    Una abraçada¡¡¡

    • 2 justi
      17 enero 2011 en 00:00

      Hola Montse,
      cómo nos gustarúia conocer esos tus versos.
      No dudes en ponerlos. Las palabras reflejan sentimientos
      y han de ser proclamadas.
      Esas manos de la foto, preciosa foto, reflejan barcas que a lo lejos
      confunden sus velas con alas de pájaros…
      tanto han navegado,
      tanto han volado,
      tanto han acariciado…
      Gracias por tu compañía en este mundo de la poesía
      tan real y mágica como desconocida.
      Un abrazo

  2. 3 Marisa
    17 enero 2011 en 00:00

    De que forma magistral y sentida has descrito esas manos, has hecho gala de tu ya sabida sensibilidad y buen hacer, una historia de mujer, de madre, como tantas y tantas hay en el mundo, has mostrado en tu escrito tantos matices, tanto vivido por esas ancianas manos captadas maravillosamente por el fotógrafo..Seguro que muchos de nosotros nos acordaremos de nuestra madre que se fue, compartiendo ese sentimiento de amor y carencia.
    Conmovedor..de principio a final…gracias y felicidades a los dos!
    Un abrazo!

    • 4 justi
      17 enero 2011 en 00:00

      Bonitas palabras, Marisa,
      palabras que bien podrían formar una estrofa más del poema.
      Esas manos que recuerdas y recordamos son como mar inmenso,
      mojadas raíces,
      vuelo sobre tierra y cielo,
      luz suave…
      todo eso y más han sido esas manos de mujer, madre, ángel…
      Un abrazo.

  3. 5 Manolo
    17 enero 2011 en 00:00

    Qué preciosidad, Justi.
    Qué bien sabes leer en esas manos que parecen centenarias.
    Manos, en las que físicamente no quedan más que huesos, venas y piel.
    Pero tú has sabido extaer sentimientos y vivencias…
    Enhorabuena una vez más.
    Un fuerte abrazo.
    Manolo

  4. 6 justi
    17 enero 2011 en 00:00

    Qué bien lo dices, Manolo.
    Esas manos que nos acercan el cielo
    pero que no son cielos,
    Pues los cielos no se mueven, no tejen,
    no sonríen ni lloran ni sostienen, ni vuelan…
    Y las manos sí,
    todo eso hacen y han hecho esas manos.

    Me alegro verte por aquí, amigo,
    ¿siguen siendo duros los inviernos por esa nuestra tierra?
    !Aguanta! luego vendrá Mayo…
    Abrazos.

  5. 17 enero 2011 en 00:00

    Manos fuertes, resistentes,
    manos que acariciaron en tiempos de guerra,
    que comerciaron con cartillas del racionamiento,
    que acariciaron,
    que se apretaron fuerte para no llorar,
    manos que en los largos inviernos de Castilla
    se llenaron de sabañones
    tras las frías coladas en el río,
    manos que cosían en penumbra
    a la luz de una bombilla de 30 vatios…
    manos que empañaban lágrimas,
    manos que me sostuvieron tantas veces…

    Esas manos Justi, que tú tan bien describes,
    para mí, eran las manos de mi abuela,
    preciosos versos para una foto tierna y entrañable.
    Gracias y un beso.
    Estrella

    • 8 justi
      17 enero 2011 en 00:00

      Qué bien describes las manos de tu abuela, Estrellar,
      hasta parece las estás besando ahora,
      esas manos de color tierra,
      de arena y rosa,
      (el azul de las venas son surcos),
      geografía de caminos,
      tiernas manos llenas de planos,
      vida,
      vistas de cerca tienen valles,
      tienen voz resonando…
      Esas manos las conocemos todos, su pasado, su presente,
      sus movimientos de coger objetos, sus caricias,
      sus rasguños en la piel:
      manos de mujer, madre,
      y de abuela como tú describes tan tiernamente.

      Gracias por vuestras palabras,
      al final creo estoy obligado a complementar el verso
      con todas vuestras aportaciones. Quedaría guapo.
      Un beso.

  6. 18 enero 2011 en 00:00

    Tienes la rara virtud de concitar lo mejor de las personas. Es verdad que la foto me parece impresionante y el poema lo encuentro vivo, potente, implacable pero en la ternura y en la dignidad de la figura que describes. Nada que objetar en ese sentido, al contrario. Agradecerte que nos evoques una madre que quizá no es la que tuvimos, pero que nos emociona sin más. Lo que pasa es que luego me pongo a leer los comentarios, los que te hacen tus amigos y los que tú respondes y la emoción no sólo no decae, sino que se acreciente y se complementa, como si se completara. Al final, si es que se trata del final porque lo que yo estoy diciendo también forma parte del conjunto, aparece como una bola redonda que se mueve alrededor de quien lee y que parece que le invita a quedarse, a sentarse como si de una mesa camilla se tratara. Un fuerte abrazo, amigo

    • 10 justi
      18 enero 2011 en 00:00

      Qué agradecidas son tus palabras, amigo Antonio.
      Las madres son lo que somos, lo que deseamos y no tuvimos,
      madres fueron los maestros que nos enseñaron.
      Todas esas cosas representan esas manos.
      A veces saben tocar un vals con toda su gracia,
      a veces son atardecer
      y dan sombra en la alameda,
      son un vaso de agua que apaga la sed…
      todo eso son, han sido, y pueden ser esas manos que nos sostuvieron.
      Me alegra reconozcas que el post cobra vigor con los comentarios,
      y para muestra el tuyo. Nada más participativo que dialogar en torno
      a un tema, en este caso las manos, con la elegancia culta de estos amigos comentaristas.
      -!Siéntate a la mesa! ¿Sólo o cortado?
      -charlemos-
      Si esas manos nos sirven un café, nos olvidaremos por un rato
      que el mundo está falto de abrazos,
      Gracias, Antonio,
      un abrazo.

  7. 18 enero 2011 en 00:00

    Preciosos y acertados renglones dedicados a esas manos que tanto y tanto nos dieron y que, es ley de vida, no ocultan el paso del tiempo.
    Un abrazo, Justi.

  8. 12 justi
    18 enero 2011 en 00:00

    Un saludo, Fernando.
    Sí, esas manos que tanto nos dieron -como dices- : pan, agua, alimentos,
    educación, caricias, sustento…
    y tras las manos un semblante alegre, tierno…
    ¿Qué tal el año, amigo? que siga tal como lo deseamos… contentos.
    Un abrazo

  9. 13 Pilar
    21 enero 2011 en 00:00

    Cuánta vida se ve en manos… Magnífica fotografía!! Y cuánto sentimiento has puesto tú en el poema, Justi. Me has emocionado, porque, precisamente, durante estos tres largos meses vividos con mi madre en los hospitales y fuera de ellos, sus manos han sido una de las cosas que más he mirado, acariciado y agarrado con fuerza largo tiempo… Seguramente ella se “cogían” a mí, pero, quizá ella no sepa, que era yo la que me cogía a ella…

    Esas manos temblorosas, transparentes y frágiles, llenas de moratones por la cantidad de pinchazos para poner las “vías”, pero, a la vez, fuertes, se agarraban a la vida, y a mis dos manos, para, pasito a paso, dar, de nuevo, sus “primeros pasos”…

    ¡Qué cosas tiene la vida!…, antes son ellas las que nos las cogen a nosotros para ayudarnos a andar y, con el paso del tiempo, somos nosotros los que les ayudamos a caminar a ellas..(madres y padres, da igual…)

    También yo me he quedado mirando esas manos (la de la fotografía de Gonzalo) como se miran las primeras flores de la primavera… Un bonito y entrañable post, Justi. ¡Felicidades!

    ¡Lo que hablan unas manos!!…

    Un beso, poeta.
    Pilar

    • 14 justi
      23 enero 2011 en 00:00

      Hola, Pilar,
      qué buen relato lleno de vida nos dejas,
      manos que antes dieron y ahora reciben
      manos como flores de todas las primaveras juntas…
      “El tiempo se detuvo.
      Cerré los ojos: quise
      guardar esa armonía
      intocada. Y el sueño
      se prolongó en la aurora
      como una rama frágil.
      Cierta estrella nocturna
      permaneció en las hojas.
      El tiempo se detuvo
      ante una luz (esas manos).
      Y he de cambiar mi sangre
      por el espacio mítico
      de un sueño”
      Este verso es de Aurora Luque
      donde nos habla de las huellas que deja el paso del tiempo,
      tal como esas manos que comentamos, que reflejan el
      paso de tantas primaveras, también inviernos…dando vida.
      Otro beso para ti.

  10. 15 gloriainfinita
    24 enero 2011 en 00:00

    Me has emocionado, Justi, mucho. Es precioso y es perfecto, es lo mejor que he leído hasta ahora sobre unas manos de madre por las que ya el tiempo ha dejado muchas huellas. Y la foto también es increible.
    Muchos olores, muchos trabajos, mucha expresión del sentir. Sencillamente: precioso.
    Besos.

    • 16 justi
      24 enero 2011 en 00:00

      Qué bien lo dices,Gloria,
      qué bien las recuerdas…
      esas manos que irradian fe, ardor,
      fuego,
      manos que son brújula,
      puente que une orillas,
      rosa de los vientos,
      nido de palomas…
      Cuánta vida tocaron y nos dieron:
      jarrones de flores y tiritas para las heridas,
      todo lo que sentimos vinieron por ellas…
      Besos

  11. 17 PilMPilar
    10 marzo 2013 en 00:00

    Una lectura retrospectiva en tu blog y me encuentro con ‘las manos’. Las de tu poema. Las que bien pudieron ser de mi madre. Las capaces de componer, aliñar, acariciar, sostener con firmeza, impostar dulzuras.
    Las manos que saben estrecharse con cortesía. La puerta abierta al tacto y definitiva impresión.
    Una maravilla para diez sencillos dedos. Felicidades, Justín
    Abrazos

    • 18 justi
      10 marzo 2013 en 00:00

      Oh! esas manos,
      son de madre, de quien estuvo y estará por siempre a nuestro lado,
      son huellas que nos acompañan,
      huellas que reconocemos nuestras…
      son pan, son barro,
      son agua…
      manos sin límites, horizonte abierto,.
      !Qué bien las conoces!, MPilar.
      Gracias por tus palabras.
      Abrazos,


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¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

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