16
Dic
10

“Todo es nuevo quizá para nosotros” (versos al ciclo de la vida de Claudio Rodríguez)


 

“Y fluye el Duero ilusionadamente…

Estás llegando a tanta claridad

que ya ni ves que está la primavera

sobria  en los chopos ahí enfrente. Pero

¿tú que has hecho?

¡Si has tenido en tus manos

la verdad!

… ¡Si estás vivo, estás vivo! Enhorabuena.”

.

Claudio Rodríguez (Zamora, 1934-Madrid, 1999).

Su trayectoria os la cuento brevemente:

Un joven de apenas 18 años gana en 1953 el PREMIO ADONAIS  de Poesía con un sobrecogedor libro titulado  DON DE LA EBRIEDAD.

Y desde ese mismo momento quedó consagrada una de las voces más intensas de la segunda mitad del  siglo XX, Generación que llaman de los 50.

Y él es… CLAUDIO RODRÍGUEZ, gran poeta,  y nadie mejor que yo para presentároslo,  pues como yo es  Zamorano. Ambos llevamos en la piel el rumor de las aguas del Duero cuando se lamenta bajo el Puente de Piedra.

       Desde los cinco años pasa largas temporadas en una finca propiedad de su abuela materna, en contacto con la naturaleza y las labores del campo. De ahí su inspiración de su poesía  en la  naturaleza, en los ciclos de vida de las gentes del campo.

Estudia Bachillerato en el Instituto Claudio Moyano, de Zamora.

      En 1951,  se traslada a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, en la rama de Filología Románica, con una beca. Con sólo 19 años gana el Premio  Adonais por Don de la ebriedad (1953), libro que impresiona a Vicente Aleixandre. Con la ayuda de  este y de Dámaso Alonso, viaja a Inglaterra, donde trabajará como lector de español en la universidad inglesa de Nottingham y otras universidades célebres.

  De regreso a Madrid, en 1964, se dedica a la enseñanza universitaria. Los años setenta suponen la consagración definitiva del poeta.

 En 1976, publica su cuarto poemario El vuelo de la celebración.

 En 1983, es galardonado con el premio Nacional de Poesía por Desde mis poemas, recopilación de sus cuatro primeros libros.

 En 1986, recibe el premio Castilla y León de las Letras.

En 1987, fue elegido nuevo miembro de la Real Academia Española en el sillón dejado vacante por Gerardo Diego. Su discurso de ingreso, titulado Poesía como participación: hacia Miguel Hernández, supone un homenaje al poeta de Orihuela.

 En 1991, publicó su quinto libro de poemas Casi una Leyenda, profunda meditación sobre la muerte con la que optaría al Premio Europeo de Literatura, máximo galardón de las Letras en la Comunidad Europea.

   En 1993, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

 Ese mismo año obtuvo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, premio que distingue el conjunto de la obra poética de un autor vivo “que constituya una aportación relevante al patrimonio cultural común a Iberoamérica y España”.

   Claudio Rodríguez fallece en Madrid, a los 65 años de edad. Su cadáver fue trasladado a Zamora y enterrado en el cementerio de San Atilano.

 POESÍA;

Don de la ebriedad (1953).

Conjuros (1958)

Alianza y condena (1965)

El vuelo de la celebración (1976)

Casi una leyenda (1991) Tusquets.

Hacia el canto (1999) Universidad de Salamanca.

Poemas laterales (2006) Fundación César Manrique.

Alto jornal (2005). Editorial Renacimiento.

Aventura (2005). Tropismos.

Dichoso el que un buen día sale humilde (2008, reimp 2010). Segundo Santos Ediciones.

 La otra palabra. Escritos en prosa . Selección de ensayos y artículos sobre literatura publicados en distintos diarios y revistas.

.

 A pesar de su extraordinaria brevedad en obras, la trayectoria poética de Claudio Rodríguez  es una de las mejores y más acabadas muestras de poesía concebida y realizada como modo de conocimiento,  pues en cada uno sus poemas asistamos a un proceso —con sus dudas, tanteos, contradicciones, misterios y claridades— de conocimiento por vía de la escritura. El resultado es un universo armónico. Lenguaje poético y sistema imaginario, tono general, métrica y ritmo hacen que, desde el punto de vista evolutivo, su trayectoria sea una de las más sólidas y coherentes de su generación.

El don de Claudio Rodríguez: la poesía como espera de la inspiración, la espera del amor: su primer libro

Don de la ebriedad” (1953),

En sus versos, el poeta canta la esencia de la poesía y la ebriedad o inspiración de la que ésta dimana.

Y lo hace con un lenguaje  rural y natural,  con originalidad en sus expresiones paradójicas y de sus deslumbrantes imágenes, todas ellas sacadas de su ambiente de campo de la niñez vivido, pero que de ellas el poeta tiene que explicar lo que no sabe, esto es, expresar una realidad superior que desconoce.

Y busca esa inspiración a través de la  unión, casi mística, con la naturaleza, con las cosas : amor a la inspiración poética o la expresión de la espera del amante, sobre todo en la segunda parte de la composición:

“Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja”

La espera de la inspiración y la espera del amante son dos significados interpretativos que se mezclan en el poema.

 “Lo que no es sueño”

 Déjame que te hable en esta hora

de dolor con alegres

palabras. Ya se sabe

que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,

curan a veces. Pero tú oye, déjame

decirte que, a pesar

de tanta vida deplorable, sí,

a pesar y aún ahora

que estamos en derrota, nunca en doma,

el dolor es la nube,

la alegría, el espacio,

el dolor es el huésped,

la alegría: la casa.

Que el dolor es la miel,

símbolo de la muerte, y la alegría

es agria, seca, nueva,

lo único que tiene

verdadero sentido.

Déjame que con vieja

sabiduría, diga:

a pesar, a pesar

de todos los pesares

y aunque sea muy dolorosa y aunque

sea a veces inmunda, siempre, siempre

la más honda verdad es la alegría.

La que de un río turbio

hace aguas limpias,

la que hace que te diga

estas palabras tan indignas ahora,

la que nos llega como

llega la noche y llega la mañana,

como llega a la orilla

la ola: irremediablemente

  Tras este libro juvenil pero de una madurez asombrosa, aparecen 4 libros más que lo confirmaron como poeta excepcional de su Generación, un poeta en estado puro, natural, como lo fueron Machado y Lorca: entusiasmo y exaltación de su juventud y la integración del dolor y la muerte.

La voz más digna y elevada de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. En su tiempo, sólo él alcanzó la altura de los simbolistas tardíos (J.R. Jiménez y Macahado) y los de la Generación del 27.

Poeta visionario, cantor como ninguno de la fusión con el universo. Consagró sus versos al ciclo de la vida, y lo que esta tiene de muerte y renovación.

En Conjuros (1958),

el conocimiento se presenta como  exploración en las cosas, en los objetos más comunes, naturales y sencillos. En comparación con su obra anterior, hay una mayor concreción en los paisajes y elementos poetizados. Por otra parte, lo que domina aquí es la conciencia de la pérdida de aquella unidad y armonía con las cosas de la etapa anterior y el intento de recuperarlas. Desde el punto de vista expresivo, esta obra ofrece como novedad lo quese llama “realismo metafórico”. Esto quiere decir que los elementos reales, cotidianos y concretos que aparecen en el poema no son sino “un medio para hablarnos de otra cosa que está detrás”

 El baile de Águedas

Veo que no queréis bailar conmigo
y hacéis muy bien. ¡Si hasta ahora
no hice más que pisaros, si hasta ahora
no moví al aire vuestro estos pies cojos!
Tú siempre tan bailón, corazón mío.
¡Métete en fiesta; pronto,
antes de que te quedes sin pareja!
¡Hoy no hay escuela! ¡Al río,
a lavarse primero,
que hay que estar limpios cuando llegue la hora!
Ya están ahí, ya vienen
por el raíl con sol de la esperanza
hombres de todo el mundo! Ya se ponen
a dar fe de su empleo de alegría
¿Quién no esperó la fiesta?


¿Quién los días del año
no los pasó guardando bien la ropa
para el día de hoy? Y ya ha llegado.
Cuánto manteo, cuánta media blanca,
cuánto refajo de lanilla, cuánto
corto calzón. ¡Bien a lo vivo, como
esa moza se pone su pañuelo,
poned el alma así, bien a lo vivo!
Echo de menos ahora
aquellos tiempos en los que a sus fiestas
se unía el hombre como el suero al queso.
Entonces sí que daban
su vida al sol, su aliento al aire, entonces
sí que eran encarnados en la tierra.
Para qué recordar. Estoy en medio
de la fiesta y ya casi
cuaja la noche pronta de febrero.
y aún sin bailar: yo solo.
¡Venid, bailad conmigo, que ya puedo
arrimar la cintura bien, que puedo
mover los pasos a vuestro aire hermoso!
¡Águedas, aguedicas,
decidles que me dejen
bailar con ellos, que yo soy del pueblo,
soy un vecino más, decid a todos
que he esperado este día
toda la vida! Oídlo.
Óyeme tú, que ahora
pasas al lado mío y un momento,
sin darte cuenta, miras a lo alto
y a tu corazón baja
el baile eterno de Águedas del mundo,
óyeme tú, que sabes
que se acaba la fiesta y no la puedes
guardar en casa como un limpio apero,
y se te va, y ya nunca…
tú, que pisas la tierra
y aprietas tu pareja, y bailas, bailas.

En Alianza y condena (1965)

El poeta se encara con la compleja y, a veces, paradójica naturaleza de la verdad y de la realidad y constata la habitual separación o desajuste entre los sentidos y las cosas, entre la verdadera realidad y el mundo de las apariencias. Desde este punto de vista, es significativo el primer poema del libro, “Brujas a mediodía”, cuyo subtítulo —“Hacia el conocimiento”— orienta ya al lector hacia el sentido último del texto y de todo libro.

                                                                                                                                                                                                                                                   

No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,
su nueva significación, su nuevo
uso. Yo solo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.  (GESTOS)
 Once años después, aparece El vuelo de la celebración (1976).

                                                                                                       

Se trata, según el propio Claudio Rodríguez, de la “celebración como conocimiento y como remordimiento. En estrecha relación con ello, la palabra se eleva y se hace cántico, un cántico cuyo ritmo no se apoya tanto en la métrica como en la recurrencia de elementos en todos los niveles expresivos. Son precisamente estas recurrencias las que potencian y reflejan, con su peculiar juego de simetrías, esa armonía y contemplación que el poema mismo celebra. Lo que ocurre es que ahora el canto y la claridad más que un “don”, fruto de la “ebriedad”, son fruto del esfuerzo, de un ir “hacia la luz”, hacia la “contemplación viva”. De ahí que las cinco secciones en que se divide la primera edición de este libro supongan un proceso ascensional y ascendente hacia la luz y el canto.

HERIDA

 

“Y está la herida ya sin su hondo pétalo,
sin tibieza,
sino fecunda con su mismo polen,
cosida a mano, casi como un suspiro,
con el veneno de su melodía,
con el recogimiento de su fruto,

consolando, arropando mi vida.

 

Ella me abraza. Y basta.
Pero no pasa nada.
No es lo de siempre: no es mi amor en venta,
la desnudez de mi deseo, ni
el dolor inocente, sin ventajas,
ni el sacrificio de lo que se cotiza,
ni el despoblado de la luz, ni apenas
el tallo hueco,
nudoso, como el de la avena, de
la injusticia. No,
no es el color canela
de la flaqueza de los maliciosos,
ni el desencanto de los desdichados,
ni el esqueleto en flor,
rumoroso, del odio. Ni siquiera la vieja
boca del rito
de la violencia.

                                                                                                                             

Aún no hay sudor, sino desenvoltura;
aún no hay amor, sino las pobres cuentas
del engaño vacío.
Sin rendijas ni vendas
vienes tú, herida mía, con tanta noche entera.

Herida mía, abrázame. Y descansa “

  Casi una leyenda (1991),

en el que continúa, aunque más atenuado, el impulso celebratorio y redentor, así como la preocupación por la oscura naturaleza de la verdad y del conocimiento de sus anteriores obras. Sigue también el diálogo con las cosas y las continuas aproximaciones del poeta, que trata una y otra vez de fundirse con ellas en el “sacramento de la materia. Pero Casi una leyenda es también la revisión del mundo poético creado en Don de la ebriedad, del que cada vez se siente más alejado el poeta; de ahí las numerosas alusiones intertextuales a esa primera obra y la aparición de un tono marcadamente elegíaco.

“Se está haciendo de noche. Y qué más da.

Es lo de siempre pero todo es nuevo.

Tiembla como un sagrado

rocío, ya muy lejos

de los sentidos.

Hay un suspiro donde ya no hay aire,

hay un secreto haciéndose más claro

entre maldad de cuna y la primicia

del trébol de esta noche

de San Juan, la más clara

del año: la naranja

de Junio” ( de NOCTURNO DE LA CASA IDA)

                                                                                                           

Hay que recordar que Claudio Rodríguez dejó inconcluso un nuevo libro:

AVENTURA, y en él pensaba continuar con su indagación sobre la vejez y la muerte. Habría sido el sexto de su breve, aunque intensa, trayectoria, pero, al igual que su vida, quedó truncado para siempre. Algunos meses antes de morir, cuando nadie preveía el inminente desenlace, le comentó a su esposa el orden de los once poemas que tenía ya escritos e, incluso, le pidió que pusiera los títulos en una pequeña tarjeta. Entre el penúltimo y el último, hay un espacio en blanco. Al parecer, el poeta pensaba añadir ahí nuevos poemas. Por desgracia, le faltó tiempo para escribirlos y para terminar de corregir los ya terminados. En ellos está su testamento poético, un testamento escrito en versos como éstos:

 “Ya no hay contemplación sino aventura,

 quietud y riesgo. Y no me llegues tarde.

Es cuando el pensamiento se hace canto

 porque es amor. Es hora de alabanza,

 hora de entrega, hora de ofrenda.

Hora de levadura viva .”

 

 

 

MI COMENTARIO.

Volví a leer a Claudio Rodríguez en su POESÍA COMPLETA , un libro que compré recientemente,

y no he podido por menos de dedicarle este post repasanto su obra literaria.

Espero sea de tu agrado, lector que te acercas quizá por primera vez a su verso.

Su nombre está entre los mayores de la Poesía de posguerra. Su expresión  personal  es diferencial al resto de poetas.

Produce una vibración emocional que embarga a todo el que lo lea.

A sus 18 años,  y  sin todavía referencias por nohaber leído a los contemporaneos, se nos descubre un poeta nuevo, original, que no  nos recuerda a ningún otro poeta,

poeta maduro ya en su primera juventud, con ese lenguaje   castizo recién  aprendido de sus paisanos zamoranos

que hasta parece nuestro propio lenguaje prestado a sus poemas,

originalidad nacida de su  castellana personalidad.

Lenguje inconfundible con respecto a los otros poetas, concreto, realista,

interpretando esos objetos que de niños

estuvieron en nuestras manos y en la de nuestros padres campesinos.

No hay política expresa en sus poemas, pero sí una humana solidaridad con todos los seres humanos,

con su mundo castellano de niñez y adolescencia en casa de su abuela en tierras de Zamora.

Habla de lo cotidiano, lo que nos hace llenar las horas de trabajo, de las fiestas, de las cosas domésticas.

Sus palabras nos llevan a contemplar esa ropa tendida,  a levantar la vista a observar la  viga del mesón,

la pared de adobe (de adobe eran las paaredes que envolvieron también mi infancia…)

De su mano, nos mezclamos con los mozos que esperan con deseo el Baile de las ÁGUEDAS  en el pueblo de al lado,

preciosidad de poema que aquí pongo.

Pero el gran Poeta no se queda aquí, su mirada realista es  trampolín para saltar o otro espacio más general,

que él con sus objetos habla del alma humana.  Y así en  el Baile de las Águedas se vive y danza la entrañable compañía,

la colectividad:

” …y a tu corazón baja

el baile eterno de águedas del mundo…”

La ropa tendida de color, o de blanco y negro, así como las vigas del mesón

son nuestros sentimientos,

un canto a la realidad, que esos son sus poemas, canto universal y reflexión poética 

sobre este mundo concreto y tan próximo a nuestras vidas.

Sus voces, sus decires, se hacen luz en su poesía, brillante y sorprendente,

con perfección de estilo, fantasía metafórica que juega  con el verso de la frase paartida, entre ritmo y rima tan naturales como

sorprendentes.

“Quisiera estar contigo no por verte

si no por ver lo mismo que tú, cada

cosa en la que respiras como en esta

lluvia de tanta sencillez, que lava” (Don de la  ebriedad)

(Por Justi)

 

 

 

 

 

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21 Responses to ““Todo es nuevo quizá para nosotros” (versos al ciclo de la vida de Claudio Rodríguez)”


  1. 17 diciembre 2010 en 00:00

    Superior este trabajo Justi, no tenía ni idea de la existencia de Claudio Rodriguez hasta hoy a través de esta minuciosa información que nos obreces de su vida y su obra…Me han gustado mucho sus poemas, muchos de ellos son hermosos cantos a la vida, también otros me resultan cargados de nostalgia…

    Enhorabuena por este preciado y hermoso trabajo y sobre todo por compartir tus conocimientos con todos nosotros, yo me siento orgullosa y feliz de haber conocido, gracias a ti, a este gran poeta zamorano,
    Mi felicitación, un beso

    Al fuego del hogar

    Manos queridas, manos que ahora llego
    casi a tocar, aquella, la más mía,
    ¡pensar que es pronto y el hogar crepita,
    y está ya al rojo vivo,
    y es fragua eterna, y funde, y resucita
    aquel tizón, aquel del que recibo
    todo el calor ahora,
    el de la infancia! Igual que el aire en torno
    de la llama también es llama, en torno
    de aquellas ascuas humo fui. La hora
    del refranero blanco, de la vieja
    cuenta, del gran jornal siempre seguro.
    ¡Decidme que no es tarde! Afuera deja
    su ventisca el invierno y está oscuro.

    C.Rodríguez

  2. 2 justi
    17 diciembre 2010 en 00:00

    hola, Colombine,
    qué bien has sabido coger el sentido poético de Claudio Rodríguez
    en este verso que has puesto,
    porque el poeta es así, se agarra a los objetos cotidianos:
    la fragua, la llama, el hogar que crepita, el tizón…
    y hace de ellos sentimientos, deseos del alma intemporales…
    !DECIRME QUE NO ES TARDE! -exclama- como diciéndonos que el calor humano siempre será necesario para las inclemencias de la vida…AFUERA DEJA SU VENTISCA EL INVIERNO Y ESTÁ OSCURO. Precioso verso, y buen reflejo de su poética tan propia y distinta a la de otros poetas.
    Sin duda, gran poeta contemporáneo y que lo fue nuestro.
    Ya sé que no es nombre muy conocido a pesar de estar considerado entre los grandes
    de la segunda mitad del siglo XX. Yo lo conocía, por ser paisano,
    y en Zamora hay colegio con su nombre ect… Pero para mi también ha sido una revelación al leer su Poesía Completa.
    Extraordinario el libro que a sus 18 años publicó. Fue un gran descubrimiento.
    Casi un niño, cuando todavía no había leído ni a otros poetas, ya nos da lecciones de acercarse al conocimiento a través de la palabra… DON DE LA EBRIEDAD.
    Gracias por tu comentario.
    Entre todos, daremos a conocer la belleza y mensaje que tiene la buena poesía. Y la de Claudio Rodríguez lo es, y de la mejor.
    Un beso.

  3. 3 Agueda
    17 diciembre 2010 en 00:00

    Vaya, cada vez que entro en tu rincón de la poesía salga con una calma increíble…felicidades por tan bello contenido..por regalarnos un trocito de poesía, por darnos a conocer a este poeta…y por esas preciosas fotos. Un beso

    • 4 justi
      17 diciembre 2010 en 00:00

      La poesía de Claudio Rofríguez, Águeda, tiene esa cercanía
      que nos recuerda objetos y palabras con las que convivimos en la infancia y juventud.
      Es un placer leerlo, parece como que nos trae un soplo de vida, de ayer y de hoy:
      “Gracias doy a este soplo
      que huele a un cuerpo amado y a una tarde
      y a una ciudad, a este aire
      íntimo de erosión que cala a fondo
      y me trabaja silenciosamente
      dándome aroma y tufo.
      A este olor que es mi vida” (Claudio R.)
      Gracias por tus palabras
      Un beso.

  4. 17 diciembre 2010 en 00:00

    Excelente trabajo, Justi, un gran poeta que acabo de conocer. He estado leyendo la información que sobre él circula por Internet y me ha gustado lo que he leído, no solo su obra poética. Me ha gustado que era gente del pueblo y con el pueblo, que le gustaba el trato con la gente y la naturaleza. Traigo dos pequeñas reseñas de unos artículos bastante recientes que he encontrado en Internet en relación a su inspiración en los campos y pueblos de Castilla:

    “Para los poetas, Claudio Rodríguez es el Miguel Delibes del verso. Los dos compartieron una misma inspiración: las tierras y la gente de una Castilla que recorrían incesantemente. Ambos usaron palabras comunes y expresiones llanas y las dotaron de una fuerza y un lirismo fundacional. Gozaron del respeto de sus contemporáneos que les identificaron con una tierra por la que nunca perdieron la esperanza, ya fuera narrando su sufrida grandeza, uno, o encontrando en ella una alegría existencial, el otro.” (El mundo, 25/11/10)

    Otra muestra en palabras de otro poeta:

    “El poeta Juan Antonio González Iglesias habla de “musicalidad ininterrumpida” para referirse al autor de El vuelo de la celebración. En él hay, dice, “una maestría lograda que, por el hecho mismo de ser maestría, no se nota. El artificio desaparece. El lenguaje sucede mientras se sucede”. González Iglesias apunta además dos claves para explicar el universo de un creador que decía haber escrito su primer libro memorizándolo durante caminatas que duraban días por los campos de Castilla. Esas claves son: naturaleza y pueblo. “Pueblo: esto es fundamental. Esa estirpe de poetas, muy cultos, es capaz de conectar con el pueblo porque nunca han dejado de serlo. No tiene nada que ver con lo vulgar (pueblo y vulgo son antónimos). Tampoco con la clase media. No son poetas de clase media (hay muchos en España): ni por ideas ni por idioma. Lo que se nota en la poesía de Claudio es el pueblo. Quienes lo conocieron en persona confirman que a la mínima se juntaba con la gente sencilla, se perdía entre ellos”. (El País, 14/08/10)

    Fantástico el post, gracias por mostrárnoslo.
    Besos

    • 6 justi
      17 diciembre 2010 en 00:00

      Qué maravilla de reseñas nos traes sobre el poeta, Estrellar. Gracias
      La verdad que la poesía de Claudio R. es representativa de la poesía castellana
      pero con esa dosis de ternura que se echa a faltar en otros poetas castellanos.
      Con esa admiración por el vecino poeta que siempre tuvieron de él en Zamora cuando volvía de sus viajes en Universidades de fuera.
      Convivencia y solidaridad son bien reflejadas en sus poemas.
      Lo estoy leyendo estos días y me ha llamado la atención las palabras CALLE Y CIUDAD que se repiten en varios poemas. Y además, todo relacionado con el mundo natural. Por eso he querido poner en el título lo de VERSOS AL CICLO DE LA VIDA, que eso es lo que él hace y de modo maravilloso, con ese lenguaje tan nuevo y castellanísimo de fantasía metafórica.
      Cada objeto que enumera nos trasporta a sensaciónes del alma, cosa que sólo los grandes poetas lo saben hacer dignamente.
      “Ved que todo es infancia:
      la verdad que es silencio para siempre.
      Años de compra y venta,
      hombres llenos de precios,
      los pregones sin voz, las turbias bodas,
      nos trajeron el miedo a la gran aventura
      de nuestra raza, a la niñez…
      …Y nos lo quitaron todo
      menos estas
      botas de siete leguas.
      Aquí, aquí, bien calzadas
      en nuestros sosos pies de paso corto.
      Aquí, aquí, estos zapatos
      diarios, los de la ventana
      del seis de Enero.
      Y nos lo quitaron todo
      menos el traje sucio
      de comunión, éste, el de siempre, el puesto.
      Lo de entonces fue sueño. Fue una edad. Lo de ahora
      no es presente o pasado
      ni siquiera futuro:es el orígen” (Oda a la niñez)

      He querido poner estos veros ya que en tu blog haces alusiones diversas
      a tu niñez.
      Un beso

  5. 7 Rafael
    17 diciembre 2010 en 00:00

    Hola Justi, gracias por esta entrada. Siempre me descubres algo. En su día fue a León Felipe, y ahora a Claudio Rodríguez, del que había leído alguna cosa suelta; pero del que a partir de ahora seré lector más asiduo. Es cierto que se aprecia esa austeridad tan castellana, tan de la Meseta; austeridad que, para mi, es siempre la mejor seña de la poesía más auténtica.
    Un fuerte abrazo

    • 8 justi
      18 diciembre 2010 en 00:00

      Hola, Rafael,
      un saludo por Navidad,
      con agrado veo que sigues, seguimos, por estas calles de encuentros literarios,
      una manera más de saludarnos. Que siempre tengamos estos espacios.
      Claudido Rodríguez, gran poeta contemporaneo nuestro, pero menos conocido.
      Ya se sabe, en este país si no te premian una novela no sales en la letra impresa.
      Poeta de gran alzada, y con una escritura tan cercana como sublime y tierna.
      “………….Hay nidos
      de palomas y halcones
      ahí, en las torres, mientras canta el gallo
      en el altar, y pica
      la camisa ofrecida y humilde y en volandas
      en la orilla derecha del Pisuerga.
      ¿No ha sucedido nada o todo ha sucedido?” ( del poema “Hacia la Historia,desde SIMANCAS”)
      Feliz Navidad.

  6. 9 zar.linda
    18 diciembre 2010 en 00:00

    Creo que la mejor manera de recordar a un poeta es con sus pensamientos y con sus poemas, por eso me voy a limitar a dejar aquí estas palabras de él:

    “La finalidad de la poesía, como la de todo arte, consiste en revelar al hombre aquello por lo cual es humano, con todas sus consecuencias. Aquí creo conveniente añadir que soy partidario del sentido moral del arte. La validez del arte entraña moralidad. No como espejo o faro, como moraleja o propaganda, sino como fundamental elemento integrador de la persona completa. La poesía trata de exponer el destino humano en una relación de totalidad con la época en que se produce y con el hombre que la escribe”.

    Y por algún lugar, que no recuerdo, he leído lo siguiente:

    Claudio Rodríguez es un poeta de palabras transparentes, antirretóricas, puras. “Las palabras en Claudio Rodríguez no visten nada – ha escrito su paisano Bartolomé Mostaza-; se limitan a ser luz que pone de manifiesto lo que es”. Un poeta clarísimo y un hombre de par en par. Y como dijo el poeta zamorano:

    “Como si nunca hubiera sido mía,
    dad al aire mi voz y que en el aire
    sea de todos y la sepan todos
    igual que una mañana o una tarde.
    Ni a la rama tan sólo abril acude
    ni el agua espera sólo el estiaje.
    ¿Quién podrá decir que es suyo el viento,
    suya la luz, el canto de las aves
    en el que esplende la estación, más cuando
    llega la noche y en los chopos arde
    tan peligrosamente retenida?
    ¡Que todo acabe aquí, que todo acabe
    de una vez para siempre! La flor vive
    tan bella porque vive poco tiempo
    y, sin embargo, cómo se da, unánime,
    dejando de ser flor y convirtiéndose
    en ímpetu de entrega. Invierno, aunque
    no esté detrás la primavera, saca
    fuera de mí lo mío y hazme parte,
    inútil polen que se pierde en tierra
    pero ha sido de todos y de nadie.
    Sobre el abierto páramo, el relente
    es pinar en el pino, aire en el aire,
    relente sólo para mí sequía.
    Sobre la voz que va excavando un cauce
    qué sacrilegio éste del cuerpo, éste
    de no poder ser hostia para darse.” (C. Rodríguez)

    Besos y felicidad para estos días y para todos los días de tu vida.

    • 10 justi
      18 diciembre 2010 en 00:00

      Hola, Zar,
      lo que trascribes de otros escritores
      dignifica esta poesía de Claudio, tan natural como sublime, por todo
      lo que trasciende más allá de los objetos que ve,
      es la vida cotidiana de la que se vale para hablarnos
      de valores esenciales al hombre.
      El poema que pones es muy representativo,
      y además es de su primera hornada, casi todavía niño, de su primer libro del Don de la Ebriedad
      (qué extraordinaro, y con 18 años…)
      y he visto que la frase esa de este poema
      “DAD AL AIRE MI VOZ”, la he visto como slogan
      de blogs… de lo mucho que dice.
      Gracias por ampliar el post con tu aportación.
      Un beso.
      También de este primer su libro pongo otro de sus poemas característicos,
      poema que empieza con un paseo matinal por estos campos de Castilla
      que tan nuestro lo sentimos
      para elevarse luego en reflexiones vitales:

      CANTO DEL DESPERTAR, por Claudio Rodriguez

      …y cuando salía
      por toda aquella vega
      ya cosa no sabía… (SAN JUAN DE LA CRUZ)

      “El primer surco de hoy será mi cuerpo.
      Cuando la luz impulsa desde arriba
      despierta los oráculos del sueño
      y me camina, y antes que al paisaje
      va dándome figura. Así otra nueva
      mañana. Así ota vez y antes que nadie,
      aun que la brisa menos decidiera,
      sintiéndose vivir, solo, a luz limpia.
      Pero algún gesto hago, alguna vara
      mágica tengo porque, ved, de pronto
      los seres amanecen, me señalan.
      Soy inocente. ¡Cómo se une todo
      y en simples movimientos hasta el límite,
      sí, para mi castigo: la soltura
      del álamo a cualquier mirada! Puertas
      con vellones de niebla por dinteles
      se abren allí, pasando aquella cima.
      ¿Qué más sencillo que ese cabeceo
      de los sembrados? ¿Qué más persuasivo
      que el heno al germinar? No toco nada.
      No me lavo en la tierra como el pájaro.
      Sí, para mi castigo, el día nace
      y hay que apartar su misma recaída
      de las demás. Aquí sí es peligroso.
      Ahora, en la llanada hecha de espacio,
      voy a servir de blanco a lo creado.
      Tibia respiración de pan reciente
      me llega y así el campo eleva formas
      de una aridez sublime, y un momento
      después, el que se pierde entre el misterio
      de un camino y el de otro menos ancho,
      somos obra de lo que resucita.
      Lejos estoy, qué lejos. ¿Todavía
      agrio como el moral silvestre, el ritmo
      de las cosas me daña? Alma del ave,
      yacerás bajo cúpula de árbol.
      ¡Noche de intimidad lasciva, noche
      de preñez sobre el mundo, noche inmensa!
      Ah, nada está seguro bajo el cielo.
      Nada resiste ya. Sucede cuando
      mi dolor me levanta y me hace cumbre
      que empiezan a ocultarse las imágenes
      y a dar la mies en cada poro el acto
      de su ligero crecimiento. Entonces
      hay que avanzar la vida de tan limpio
      como es el aire, el aire retador. (C.R.)

  7. 11 Manuel Rodríguez
    21 diciembre 2010 en 00:00

    Hola, Justi. Como siempre, al leer tu trabajo, me quedo admirado de tu capacidad de síntesis, análisis y buenos comentarios de la vida y obra poética de tu paisano Claudio Rodríguez. No me era desconocido, pero con este trabajo tuyo he profundizado más en su poesía. Gracias por ello.Se nota que entiendes muy bien a los poetas de tu tierra.Un fuerte abrazo. Manolo

    • 12 justi
      22 diciembre 2010 en 00:00

      Hola amigo Manolo,
      como ves, llegan las noches largas del invierno y nos da por la lectura.
      Y yo tenía una asignatura pendiente a la que intento ahora aplicarme un poco,
      y es conocer la poética de la segunda mitad del XX, como Claudio Rodriguez,
      así como los contemporaneos, los nacidos para acá de los 50.
      y la verdad que entre estos hay poetas dignos de ser considerados.
      Normalmente nos deslumbramos con los clásicos, los del 98, los del 27…
      y de los actuales poco o nada sabemos. Y estoy encantado de leerlos. Son las corrientes más relevantes desde la transición democrática. También aquí hay zamoranos, como Tomás Sánchez Santiago, aunque luego fuera a vivir a tu León. Y muchos más…
      Feliz Navidad

      ALTO JORNAL

      “Dichoso el que un buen día sale humilde
      y se va por la calle, como tantos
      días más de su vida, y no lo espera
      y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
      y ve, pone el oído al mundo y oye,
      anda, y siente subirle entre los pasos
      el amor de la tierra, y sigue, y abre
      su taller verdadero, y en sus manos
      brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
      de corazón porque ama, y va al trabajo
      temblando como un niño que comulga
      mas sin caber en el pellejo, y cuando
      se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
      que ha sido todo, ya el jornal ganado,
      vuelve a su casa alegre y siente que alguien
      empuña su aldabón, y no es en vano.” (C.R)

  8. 26 diciembre 2010 en 00:00

    No sabía que era tu paisano. Lo conocía como conozco casi todo lo concerniente a las letras. Me he pasado la vida con letras entre las manos. Pero lo acabo de descubrir de tu mano y eso es otra dimensión completamente distinta. El calor de tu palabra y de tu intención hace que Claudio Rodríguez adquiera una figura mucho más destacada. Sobre la brevedad de su obra no es muy significativo. Hay que pensar que un monstruo de la literatura como Juan Rulfo, todo un clásico, apenas tiene una novela, Pedro Páramo y un puñado de cuentos El Llano en llamas. O el adalid de la poesía maldita, Isidore Ducasse sólo nos ha legado un libro, Los Cantos de Maldoror, porq

  9. 26 diciembre 2010 en 00:00

    porque murió apenas con 24 años. No es nada significativa la extensión. Sí lo es, y mucho, la intensidad. Ya me has dado la mañana, Justi. He entrado para ver lo que habías escrito sobre Claudio Rodríguez, y ya no sé el tiempo que llevo entre lectura y respuesta. Te comes mi tiempo y, aparte de sentirlo porque sé que no tengo mucho ya, resulta que me alegro porque gozo con aspectos con los que ya no contaba. Un abrazo, amigo. Ya ves que se ha roto mi respuesta, pero son sólo los renglones, la intención es sólida como una roca

    • 15 justi
      26 diciembre 2010 en 00:00

      Hola, amigo Antonio.
      Cierto es que algunos de los literatos contemporaneos nos suenan,
      pero nos falta llegar a la esencia de su texto, al corazón de su mensaje.
      Claudio Rodríguez ha sido una revelación para mi desde que le estoy leyendo
      despacio, situándome en las calles y ambientes que describe,
      paisajes de mi infancia.
      Gran poeta entre los grandes poetas.
      Mira qué preciosidad de poema te trascribo.
      Diría que tiene reflejos de lo que te estoy leyendo en tu post.
      Feliz año para ti y los tuyos, para esa niña Elvira.
      Abrazos.

      Ajeno

      “Largo se le hace el día a quien no ama
      y él lo sabe. Y él oye ese tañido
      corto y duro del cuerpo, su cascada
      canción, siempre sonando a lejanía.
      Cierra su puerta y queda bien cerrada;
      sale y, por un momento, sus rodillas
      se le van hacia el suelo. Pero el alba,
      con peligrosa generosidad,
      le refresca y le yergue. Está muy clara
      su calle, y la pasea con pie oscuro,
      y cojea en seguida porque anda
      sólo con su fatiga. Y dice aire:
      palabras muertas con su boca viva.
      Prisionero por no querer, abraza
      su propia soledad. Y está seguro,
      más seguro que nadie porque nada
      poseerá; y él bien sabe que nunca
      vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
      ¿cómo podemos conocer o cómo
      perdonar? Día largo y aún más larga
      la noche. Mentirá al sacar la llave.
      Entrará. Y nunca habitará su casa.” (Claudio Rodriguez)

  10. 16 mONTSE
    26 diciembre 2010 en 00:00

    GRACIAS JUSTI, POR PRESENTARNOS A ESTO HERMOSO POETA…ME HE EMOCIONADO LEYENDO SUS POEMAS…ESTAN LLENOS DE BELLEZA Y SENSIBILIDAD…¡¡
    UN ABRAZO

    • 17 justi
      26 diciembre 2010 en 00:00

      Así son sus poemas, Montse,
      sensibilidad, conocimiento y belleza, sacadas de la realidad de las
      cosas que se viven.
      Como en este verso que dejo donde
      nos lleva a la infancia, a las fiestas del pueblo,
      donde el baño tras las faenas del verano sucedía en el río,
      a falta de agua corriente,
      y en el que nos invita a bailar, a vivir con esperanza.

      “Tú siempre tan bailón, corazón mío…

      Tú siempre tan bailón, corazón mío,
      ¡métete en fiesta; pronto,
      antes de que te quedes sin pareja!
      ¡Hoy no hay escuela! ¡al río,
      a lavarse primero,
      que hay que estar limpios cuando llegue la hora!”

      Feliz 2011. Y como dice elpoeta ” a meterse en la fiesta”
      Abrazos.

  11. 29 diciembre 2010 en 00:00

    Just, da gusto llegar a esta tu casa enciclopédica donde el conocimiento y la sensiblidad se unen a la sencillez.
    Un saludo y los mejores deseos para las navidades y para que la felicidad aflore cada día en tu vida.

    • 19 justi
      29 diciembre 2010 en 00:00

      felices fiestas de año nuevo, amigo Francesc.
      Me alegra saludarte, deseándote
      todo lo bueno y mejor para el 2011.
      Gracias por tus palabras.
      Un abrazo.

      “Después de tantos días sin camino y sin casa
      y sin dolor siquiera y las campanas solas
      y el viento oscuro como el del recuerdo
      llega el de hoy …
      …Es la sorpresa de la claridad
      la inocencia de la contemplación,
      el secreto que abre con moldura y asombro
      la primera nevada y la primera lluvia
      lavando el avellano y el olivo
      ya muy cerca del mar.” (Nuevo día, de Claudio Rodríguez)

      • 31 diciembre 2010 en 00:00

        Canto del caminar

        …ou le Pays des Vignes?
        Rimbaud

        Nunca había sabido que mi paso
        era distinto sobre tierra roja,
        que sonaba más puramente seco
        lo mismo que si no llevase un hombre,
        de pie, en su dimensión. Por ese ruido
        quizá algunos linderos me recuerden.
        Por otra cosa no. Cambian las nubes
        de forma y se adelantan a su cambio
        deslumbrándose en él, como el arroyo
        dentro de su fluir; los manantiales
        contienen hacia fuera su silencio.
        ¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?
        Hasta la hoz pregunta más que siega.
        Hasta el grajo maldice más que chilla.
        Un concierto de espiga contra espiga
        viene con el levante del sol. ¡Cuánto
        hueco para morir! ¡Cuánto azul vívido,
        cuánto amarillo de era para el roce!
        Ni aun hallando sabré: me han trasladado
        la visión, piedra a piedra, como a un templo.
        ¡Qué hora: lanzar el cuerpo hacia lo alto!
        Riego activo por dentro y por encima
        transparente quietud, en bloques, hecha
        con delgadez de música distante
        muy en alma subida y sola al raso.
        Ya este vuelo del ver es amor tuyo.
        Y ya nosotros no ignoramos que una
        brizna logra también eternizarse
        y espera el sitio, espera el viento, espera
        retener todo el pasto en su obra humilde.
        Y cómo sufre cualquier luz y cómo
        sufre en la claridad de la protesta.
        Desde siempre me oyes cuando, libre
        con el creciente día, me retiro
        al oscuro henchimiento, a mi faena,
        como el cardal ante la lluvia al áspero
        zumo viscoso de su flor; y es porque
        tiene que ser así: yo soy un surco
        más, no un camino que desabre el tiempo.
        Quiere que sea así quien me aró. -¡Reja
        profunda!- Soy culpable. Me lo gritan.
        Como un heñir de pan sus voces pasan
        al latido, a la sangre, a mi locura
        de recordar, de aumentar miedos, a esta
        locura de llevar mi canto a cuestas,
        gavilla más, gavilla de qué parva.
        Que os salven, no. Mirad: la lavandera
        de río, que no lava la mañana
        por no secarla entre sus manos, porque
        la secaría como a ropa blanca,
        se salva a su manera. Y los otoños
        también. Y cada ser. Y el mar que rige
        sobre el páramo. Oh, no sólo el viento
        del Norte es como un mar, sino que el chopo
        tiembla como las jarcias de un navío.
        Ni el redil fabuloso de las tardes
        me invade así. Tu amor, a tu amor temo,
        nave central de mi dolor, y campo.
        Pero ahora estoy lejos, tan lejano
        que nadie lloraría si muriese.
        Comienzo a comprobar que nuestro reino
        tampoco es de este mundo. ¿ Qué montañas
        me elevarían? ¿Qué oración me sirve?
        Pueblos hay que conocen las estrellas,
        acostumbrados a los frutos, casi
        tallados a la imagen de sus hombres
        que saben de semillas por el tacto.
        En ellos, qué ciudad. Urden mil danzas
        en torno mío insectos y me llenan
        de rumores de establo, ya asumidos
        como la hez de un fermentado vino.
        Sigo. Pasan los días, luminosos
        a ras de tierra, y sobre las colinas
        ciegos de altura insoportable, y bellos
        igual que un estertor de alondra nueva.
        Sigo. Seguir es mi única esperanza.
        Seguir oyendo el ruido de mis pasos
        con la fruición de un pobre lazarillo.
        Pero ahora eres tú y estás en todo.
        Si yo muriese harías de mí un surco,
        un surco inalterable: ni pedrisca,
        ni ese luto del ángel, nieve, ni ese
        cierzo con tantos fuegos clandestinos
        cambiarían su línea, que interpreta
        la estación claramente. ¿ y qué lugares
        más sobrios que estos para ir esperando?
        ¡Es Castilla, sufridlo! En otros tiempos,
        cuando se me nombraba como a hijo,
        no podía pensar que la de ella
        fuera la única voz que me quedase,
        la única intimidad bien sosegada
        que dejara en mis ojos fe de cepa.
        De cepa madre. Y tú, corazón, uva
        roja, la más ebria, la que menos
        vendimiaron los hombres, ¿cómo ibas
        a saber que no estabas en racimo,
        que no te sostenía tallo alguno?

        -He hablado así tempranamente, ¿y debo
        prevenirme del sol del entusiasmo?
        Una luz que en el aire es aire apenas
        viene desde el crepúsculo y separa
        la intensa sombra de los arces blancos
        antes de separar dos claridades:
        la del día total y la nublada
        de luna, confundidas un instante
        dentro de un rayo último difuso.
        Qué importa marzo coronando almendros.
        Y la noche qué importa si aún estamos
        buscando un resplandor definitivo.
        Oh, la noche que lanza sus estrellas
        desde almenas celestes. Ya no hay nada:
        cielo y tierra sin más. ¡Seguro blanco,
        seguro blanco ofrece el pecho mío!
        Oh, la estrella de oculta amanecida
        traspasándome al fin, ya más cercana.
        Que cuando caiga muera o no, que importa.
        Qué importa si ahora estoy en el camino.

      • 21 justi
        31 diciembre 2010 en 00:00

        Gracias, Francesc, por dejarnos este bello poema de
        Claudio Rodrígez. Un hombre que era de lo cotidiano.
        Suyas son estas palabras:

        “…Bueno, por temperamento, no sé si porque he sido deportista y de provincias…
        Aunque tenga muchos amigos en las letras, prefiero hablar con la gente normal, el frutero, el carnicero, los niños…La espontaneidad y lo natural se han perdido mucho. Madrid es un sitio inhóspito, y los círculos pequeños son muy artificiales…”
        Un abrazo
        y feliz año.


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Soy lo que siento

¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

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Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo. (Poema de León Felipe)

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Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras.

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MI PUEBLO

Un pueblo entre campos, pequeño, casas llenas de hermanos, una torre de iglesia, alta, y muchos tejados rojos, bajos. Un rio, encinas, una pradera para el ganado, flores, niños por las calles, los sembrados... Gentes que abren surcos en la tierra mientras miran a lo alto a ver si llueve. SANTOVENIA DEL ESLA es MI PUEBLO.

ARTESANÍA DE PERERUELA (zamora)

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