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miguel delibes:el camino

Un chico de 11 años, Daniel, El Mochuelo…

“Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus 11 años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal.

Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…

Su padre entendía que esto era progresar; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente.

El que él estudiase Bachillerato en la ciudad podía ser, a la larga, efectivamente un progresos. Ramón, el hijo del boticario, estudiaba ya para abogado en la ciudad, y cuando les visitaba, durante las vacaciones, venían empingorotado como un pavo real y les miraba a todos por encima del hombro; incluso al salir de misa los domingos y fiestas de guardar, se permitía corregir las palabras que don José, el cura, que era un gran santo, pronunciaba desde el púlpito.

Si esto era progresar, el marcharse a la ciudad a iniciar el Bachillerato, constituía, sin duda, la base de este progreso.

Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, según decían, de siete años y, después, los estudios superiores, en la Universidad, de otros tantos años, por lo menos.

¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel?”

**

Así empieza el libro CAMINO

Un chico de 11 años, Daniel, El Mochuelo…

la historia de tantos niños que salimos, salieron, un día del campo a la ciudad…

CAMINO, es el camino que mucho recorrimos,

y Delibes nos describió…vida y muerte de la población del campo,

con ese tono acre y amargo característico en su escritura…

Con ocasión de la fiesta de Sant Jordi 2009, en la entrada a la Biblioteca de mi pueblo ponen montones de libros sobre una mesa para que cada cual pueda coger, gratis, hasta dos libros y llevárselos para su casa…

Me entretuve viendo los títulos y autores y encontré uno que me llamó la atención:

miguel delibes:

el camino.

destinolibro 100, Ediciones Destino. Primera edición 1950. Quinta edición: marzo 1984

printed in Spain.

Ese día tuve una gran alegría literaria. Un libro que no había leído, cae en mis manos

como cae la luna sobre un campo…

El libro, seguro que alguien lo había dejado allí para mi -pensé-. Es un formato de bolsillo, de hojas que se doblan para leerlo en el tren o mientras se espera la llegada del bus. 223 páginas, así que pronto me lo leí.

En esa primera página en blanco que se deja al comienzo de los libros, un nombre aparece:

L. D. Fernández, a tinta de boli negro; el nombre escrito en formato de firma.

Y una dedicatoria: “!Para alguien que no sabe leer!”, en formato más cuidado y en tinta de boli azul. En las páginas anteriores, algunas marcas a lápiz y subrayados. Y nada más.

Gracias a quien lo dejara en la mesa. Ahora el libro está en mi poder. Lo he hecho parte de mi biblioteca, me gusta el formato práctico que tiene, edición barata…encuadernación típica de las colecciones Destino de la época.

Gracias, L. D. Fernández, quien seas. Tu libro lo tengo yo. La dedicatoria…”Para alguien que no sabe leer”, desconozco a quién iba dirigida. Pero quien lo tiene ahora, sí que sabe leer. Gracias.

Mientras leía el libro agradecí a Delibes que nos hubiera descrito tan detalladamente. Yo, como la mayoría que despoblamos el campo para estudiar, teníamos esos años cuando salimos del pueblo. años.

Muchas similitudes. El relato que hace es mi relato, tu relato , cambiando motes, paisajes, vecinos: y el pueblo que describe bien puede ser nuestro pueblo,

el pueblo de todos los que emigramos en busca de progreso, como el Mochuelo.

El campo no daba cereales para alimentar las casas llenas de hijos…

Época difícil aquella de la posguerra. Y así…

nos hicimos protagonistas de EL CAMINO. Delibes narra la historia de un chico de pocos años, 11, Daniel, de mote el Mochuelo que vive, vivimos, en una pequeña aldea castellana (entonces éramos Castilla la Vieja),

y rememora, a punto de abandonar el pueblo todo cuánto vio y cómo lo vivió.

¿Quién dijo que a los 11 años no se conocía la vida del pueblo? A esa edad, todo está registrado ya en el corazón de niño. Después de esa edad poco más aprendí sobre la vida del pueblo,

todo se sabe a esa edad. Bueno, casi todo.

Y Miguel Delibes a través del protagonista Daniel, el Mochuelo, a través de los XXI capítulos del libro (no llevan títulos los capítulos) nos refleja, como luz en un espejo, la vida y la muerte de la población en esos años de la posguerra en el campo castellano.

El realismo de la escritura llega a veces a sonrojarnos, tonos desgarrados, acres, amargos…

Te presento este libro porque para mi es uno de los que más representa la literatura de

Miguel Delibes.

Creo que con el CAMINO nos ha ofrecido una de sus mejores novelas de literatura castellana. No busquéis en el libro fantasías ni aventuras, porque sólo encontraréis vida,

y a lo mejor, como yo, os encontraréis a vosotros mismos, protagonistas…

**

“-NO, el chico será otra cosa. No lo dudes -decía su padre-. No pasará la vida amarrado a este banco como un esclavo. Bueno, como un esclavo y como yo.

Y al decir esto, soltó una palabrota y golpeó en el entremijo con el puño crispado.

Aparentaba estar enfadado con alguien, aunque Daniel, el Mochuelo, no acertaba a discernir con quién. Entonces Daniel no sabía que los hombres se enfurecen a veces con la vida y contra un orden de cosas que consideran irritante y desigual. A Daniel, el Mochuelo, le gustaba ver airado a su padre porque sus ojos echaban chiribitas y los músculos del rostro se le endurecían y, entonces, detentaba una cierta similitud con Paco, el herrero.

-Pero no podemos separarnos de él –dijo la madre-. Es nuestro único hijo. Si siquiera tuviéramos una niña. Pero mi vientre está seco, tú lo sabes. No podremos tener una hija ya. Don Ricardo dijo, la última vez, que he quedado estéril después del aborto.

Su padre juró otra vez, entre dientes. Luego, sin moverse de su postura, añadió:

-Déjalo; eso ya no tiene remedio. No escarbes en las cosas que ya no tienen remedio.

La madre gimoteó, mientras recogía en un bote oxidado las migas de pan abandonadas encima de la mesa. Aún insistió débilmente:

A lo mejor el chico no vale para estudiar. Y un chico en la ciudad es muy costoso…”

**

Y así trascurren los días, la novela, la vida de tantos y tantos niños que salieron, salimos de los pueblos. Daniel ya sabía lo que es tener el vientre seco, y lo que es un aborto.

Y llega el momento de las despedidas, el momento en el que se borran las estrellas que se veían en la noche desde las calles en que jugábamos, en el que los niños no pegamos ojo en toda la noche…última noche en nuestro pueblo. Todos tuvimos una noche así.

**

“-Adiós, Uca-uca –dijo el Mochuelo. Y su voz tenía unos trémulos inusitados.

-Mochuelo, ¿te acordarás de mí?

Daniel apoyó los codos en el alféizar y se sujetó la cabeza con las manos. Le daba mucha vergüenza decir aquello, pero era esta su última oportunidad.

-Uca-uca… -dijo, al fin-. No dejes a la Guindilla que te quite las pecas, ¿me oyes?!No quiero que te las quite!

Y se retiró de la ventana violentamente, porque sabía que iba a llorar y no quería que la Uca-uca le viese.

Y cuando empezó a vestirse le invadió una sensación muy vivida y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado.

Y lloró, al fin. “

**

Esta es mi presentación del libro EL CAMINO.

Gracias, Miguel Delibes, por la vida que nos dejas en tus libros

Leyéndolos te recordaremos:

por Justi

PD. Para conocer mejor a Delibes: una referencia a su obra:

La sombra del ciprés es alargada:

Presenta el dilema de si para ser feliz o mejor dicho, para no sufrir, es mejor evitar involucrarse en exceso con el mundo y con las personas que nos rodean, rehuir las emociones, o por el contrario, amar a pesar del sufrimiento que puede conllevar.

El camino: Es también una de sus primeras novelas y representa el comienzo de un equilibrio en la obra de este autor. Daniel el Mochuelo hace una conmovedora evocación de su infancia la noche anterior a su partida a la ciudad para estudiar.

Cinco horas con Mario:

Es un monólogo sobre los recuerdos de una mujer que vela el cadáver de su marido. Es una de las obras más conocidas de Delibes ya que fue llevada al teatro con gran éxito de público y de crítica.

Los Santos Inocentes:

es una de las obras más populares de Miguel Delibes y también, una de las más leídas. Al igual que sucedió con Cinco horas con Mario alcanzó una gran popularidad por la rigurosa adaptación que realizó Mario Camus para el cine. Es una obra que refleja muy bien las desigualdades sociales, especialmente en el medio rural.

Mi idolatrado hijo Sisí:

Esta obra también fue llevada al cine con el título Retrato de familia. Narra el clima previo a la guerra civil, en una ciudad de Castilla donde se cruzan intereses reaccionarios y democráticos.

El príncipe destronado:

En un tono algo más desenfadado del que nos tiene acostumbrados Miguel Delibes, nos cuenta la historia de un niño que se siente desplazado ante la llegada de su nueva hermana. Lo mejor de la obra es como nos hace ver el mundo familiar del niño desde sus ojos.

Señora de rojo sobre fondo gris:

publicado en 1991, está dedicado a su mujer. En la sobrecogedora historia del personaje de Ana, podemos reconocer a su mujer, Ángeles, y la profunda historia de amor y admiración que tuvo con ella, e incluso, un homenaje póstumo.

El Hereje:

Respaldada por un excelente trabajo de documentación, refleja a la perfección el Valladolid de la época de Carlos V. Hace asimismo una apasionada defensa de la tolerancia y de la libertad de conciencia y pensamiento

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37 Responses to “miguel delibes:el camino”


  1. 12 marzo 2010 en 00:00

    Me gusta mucho Delibes y siento que se haya ido, aunque siempre nos queda su obra. Guardo muy gratos recuerdos de sus lecturas así como de la obra de teatro “5 horas con Mario”. También creo que pudo haber sido galardonado con el Nobel antes que otros.
    Merecido recuerdo el que le haces.
    Abrazos, Justi.

  2. 2 justi
    12 marzo 2010 en 00:00

    Un escritor que ha sido conciudadano de nuestros días,
    y que muy bien detalló la vida del campesino,
    como uno más de nuestros pueblos y calles.
    Un literato, buen hombre, alejado de la publicidad y del baño de multitudes.
    Nos deja un buen regalo, cronista de la época.
    Gracias Fernando por tus palabras.
    Yo he comentado en este post EL CAMINO, pues hace poco lo había vuelto a leer.

    “A mí me agradan los espacios abiertos. Me gusta la naturaleza, y también me alegra conversar con mis semejantes uno a uno, dos a dos, o tres o tres, pero no más”
    (palabras que Delibes había dicho en una entrevista en 1986)

    Pues ahora debería conversar con muchísimos más. Todos los que le homenajeamos de alguna manera.
    Un abrazo.

  3. 3 Marisa
    12 marzo 2010 en 00:00

    Le has brindado a este gran escritor un gran homenaje, un gran recuerdo, todavía me acuerdo cuando leí, el Príncipe destronado, me marcó y yo que a pesar de que soy urbanita viví la vida del campo aunque sólo fuera en la época de verano, creo sinceramente que nadie como Delibes ha transmitido tan bien la vida de sus gentes, aquel ambiente rural, a veces duro, pero entañable al fín.
    Felicidades Justi, un gran trabajo, seguro que desde donde esté estará complacido y feliz.
    Un abrrazo.
    Marisa

    • 4 justi
      12 marzo 2010 en 00:00

      Pues sí, Marisa,
      es una de las características de Delibes, la que tú detallas,
      un apasionado de la naturaleza, enamorado del campo y sus gentes.
      Él defendía que el hombre sin su entorno natural no es nada.
      El hombre necesita del paisaje y su cultura tradicional, aunque sea
      en los veranos como tú dices que tuviste. Otros lo vivimos en la infancia
      los 12 meses del año.
      Y nos sorprendíamos con el vuelo planeador de los aguiluchos oteando el rastro de ratones,
      y el vuelo pesado de las avutardas.
      Aprendamos este respeto por el medioambiente,
      a mantener nuestro mundo rural, nuestras raíces, la tierra.
      La tierra donde hay cabida para todos, ganaderos y ecologistas,
      lobos y ovejas,bosques, tierras de secano y regadío,
      y niños, el futuro (cada vez menos, infancia que se extingue…)
      Todo esto lo trasmite Delibes en sus libros.
      Un recuerdo para él,
      y un abrazo para ti.
      Justi

  4. 5 Agueda
    13 marzo 2010 en 00:00

    Descanse en paz. Nos deja un gran legado: sus letras, que perduraran siempre. Es, pues lo seguirá siendo, unos de mis favoritos…quizás por lo que en todo coincidimos quien le hemos leído…amante del pueblo, de sus gentes…Quizás le entendemos también porque nos, me recuerda, ese pueblo al que un día abandonamos para mejorar….un beso

    • 6 justi
      13 marzo 2010 en 00:00

      Sí, buenos recuerdos nos deja en sus crónicas, Águeda.
      la vida de los pueblos, de la gente, y lo hace de una manera sutil, analizadora,
      con el moralismo propio de la época.
      Para muestra, este párrafo de EL CAMINO:
      “La gente vivía aislada y sólo se preocupaba de sí misma. Y a decir verdad, el individualismo feroz del valle sólo se quebraba las tardes de los domingos, al caer el sol. Entonces los jóvenes se emparejaban y escapaban a los prados o a los bosques y los viejos se metían en las tascas a fumar y a beber. Esto era lo malo. Que la gente sólo perdiese su individualismo para satisfacer sus instintos más bajos.
      Don José , el cura, que era un gran santo, arremetió una mañana contra las parejas que se marchaban a los prados o a los bosques los domingos, al anochecer; contra los que se emborrachaban y se jugaban hasta los pelos en la taberna del Chato y , en fin, contra los que durante los días festivos segaban el heno o cavaban las patatas…Fue aquél día en que Don José, el cura, en un arrebato se rasgó la sotana de arriba abajo”
      Gracias por tu comentario, nuestro homenaje a Delibes.

      Un abrazo.

  5. 13 marzo 2010 en 00:00

    Miguel Delibes, como todos los grandes hombres, no morirá nunca,
    sus obras seguirán ahí, para el disfrute de sus lectores,
    serán la crónica imperecedera de unos tiempos que aún nosotros recordamos,
    pero que, poco a poco, irán quedando en el olvido.
    La crónica, sobre todo de una Castilla rural,
    bastante olvidada en estos tiempos que corren.
    Y en esta obra, Justi, como bien dices, nos sentimos representados muchos,
    que montábamos en el coche de línea que nos llevaba al internado,
    apretando los ojos, para aguantar las lágrimas.
    Pero nos hicimos fuertes y sobrevivimos hasta hoy…

    Voy a dejar que hable él y nos explique su estilo literario, en este fragmento del discurso de clausura del II Congreso Internacional de la Lengua Española, en 2001, además habla de su novela “El camino”, que tan bien nos has presentado tú aquí:

    «Hace más de medio siglo, cuando pergeñaba mi novela El camino, hice un gran descubrimiento: se podía hacer literatura escribiendo sencillamente, de la misma manera que se hablaba. No eran precisas las frases o construcciones complicadas. No se trataba de hacer literatura en el sentido que los jóvenes de mi tiempo entendíamos en el lenguaje rebuscado y grandilocuente, sino de escribir de forma que el texto sonara en los oídos del lector como si lo estuviéramos contando de viva voz»

    “Permitamos que el tiempo venga a buscarnos en vez de luchar contra él” decía Delibes y el tiempo le respetó hasta los 89 años. Así que, Justi, no luchemos contra el tiempo, aliémonos con él… y viviremos aún muchas primaveras.
    Un post precioso. Besos.
    Estrella

    • 8 justi
      13 marzo 2010 en 00:00

      Me ha gustado, Estrella, que hayas puesto sus propias palabras referidas a este libro que comentamos. La verdad que sí, que en El Camino, como en el resto de sus libros,
      Delibes escribe de una manera sencilla y a la vez grandiosa. Quien lo lee puede decir “pues esto también lo sé escribir yo…”. Y es lo más difícil, escribir de una manera sencilla, coloquial como lo consigue él.

      Todo este libro es una pequeña maravilla ya que nadie como él sabe cómo son los pueblos de Castilla, yo también lo sé, ni escribir en ese lenguaje tan conciso y alejado de toda retórica que le caracteriza.
      Pasan los años, y el pueblo sigue ahí, igual, con sus calles retorcidas alrededor de la iglesia, sumiso, mezclándose cada vez más con el color de la tierra. Los años no se cuentan por años de 12 meses sino por siglos. Y ahí seguirán las casas de adobe y ladrillo, las arboledas, las encinas, los campos de cereales agotados de tantas cosechas.
      (Ultimamente, algo va cambiando la fisionomía de las casas con los nuevos residentes, los que se fueron y que vuelven al pueblo)
      Miguel Delibes sabe amar y sufrir su Castilla y nos transmite en este libro sus vivencias y recuerdos. Diálogo claro, (mucho diálogo en el libro), hassta parece que escuchamos hablar a sus habitantes en la calle, palabras que vienen traídas por el viento, dichas hace años pero que suenan a recién pronunciadas.
      Buen homenaje le hacemos recordando sus libros.
      Gracias por tu aportación.
      Besos

  6. 13 marzo 2010 en 00:00

    hola Justi,
    Sinceramente, he de decir que no leído mucho de Miguel Delibes, sólo he leído “Cinco horas con Mario” y “El Camino” y he visto la película sobre su libro “los Santos Inocentes”…

    la impresión que tengo sobre él es de que es un hombre sencillo y con una enorme capacidad para expresar con sencillez, sin retóricas, sin palabras rimbombantes, los sentimientos más profundos de las gentes sencillas y que ha sabido retratar como pocos la VIDA con mayúscula en los núcleos rurales, sobre todo los de su Castilla natal..

    hay una fasceta suya que no comparto, aunque como ves ello no impide mi reconocimiento a este hombre, que entiendo perfectamente sea considerado una figura ilustre de las letras españolas..

    ¿Qué lo que no comparto?: A mi me gusta la gente _ me da igual el nivel o actividad a la que se dedique _ que muestra publicamente y de forma abierta su ideología…me gusta conocer los ideales de las grandes figuras de la literatura, el arte en general…porque para mi esos ideales son también parte consustancial a sus obras…

    Y lo que acabo de decir no es el caso de Miguel Delibes, que sin supo siempre muy bien, nadar y guardar la ropa…También eso lo hizo con estilo e inteligencia…

    No comparto la idea de los que dicen ahora que ha merecido ser premio Nobel…hay otros que tampoco lo han recibido y para mi modesto entender los antepongo a Delibes…pero no es momento ahora de ese debate…

    Descanse en paz esta gran figura, una más, de las engrosan la literatura española.

    un beso

  7. 10 justi
    13 marzo 2010 en 00:00

    Hola Colombine.
    Con este post recordamos a un gran narrador.
    Cierto, con una ideología moderada, equilibrista como apuntas.
    Estuvo entre el grupo de escritores que se consolidó en la literatura Española tras la guerra civil. Otros con igual o más méritos estaban exiliados y silenciados en esos años.
    Todos recordamos las ediciones Detino, ediciones populares que se distribuían entre los lectores de entonces. Y él estaba entre los más publicados.
    Como ves, en este post nos centramos en su estilo sencillo de la escritura más que en su ideario y premios concedidos. A mi, en especial, me impresionó sus crónicas de la vida rural, costumbrista. Quizá me he visto representado en aquellos pueblos y años que describe.
    Me encanta la precisión, la variada y naturalidad de su prosa, el conocimiento del ambiente que describe, los pueblos de Castilla, similares a otros pueblos de la Península como supongo.
    Ironía, sarcasmo, simpatía, todo tiene cabida en sus relatos del mundo campesino,
    cantidad de situaciones que supera lo que a veces recordamos. Todo queda reflejado:
    Estancamiento, catolicismo, atraso…de todo habla.
    Y lo hace de un modo tan natural, tan elegantemente sencillo que parece que hubiera salido a la calle con un magnetófono registrando los diálogos de la gente. Esa es su grandeza, escritura que parece oral. Unas crónicas que leyéndolas parece que cualquiera podríamos hacer. Ese es su mérito, y el público le agradeció esta su forma de hacer literatura, huyendo de la grandilocuencia de otros estilos pomposos,
    haciendo literatura con los diálogos más sencillos y reales, los nuestros, los de cada día, como en este libro El Camino del que hablo. Y más críticos en Los Santos Inocentes.
    Que este sea nuestro homenaje, su lectura.
    Gracias por tus palabras, Colombine. Como siempre, los comentarios completan los posts, como es el caso de los tuyos.
    Besos

  8. 11 crguarddon
    13 marzo 2010 en 00:00

    Hola Justi, gracias por un recordatorio tan sentido y tan claro, se ve que te gustaba de verdad.
    Sólo he leído dos libros de Delibes, y los dos me gustaron tanto, como para tenerle presente para próximas lecturas: Los santos inocentes y Cinco horas con Marío, para mí era tal como dices en tu comentario a Lola: sobre todo sencillo, llano, con una mirada capaz de captar las costumbres y el lenguaje tal como ocurren en la vida real.
    Cada vez que se nos va uno de ellos, yo siento pena, aunque nos queda el consuelo de sus palabras, por fortuna no se perderán.
    Un beso.

    • 12 justi
      14 marzo 2010 en 00:00

      “-A ver si vuelves hecho un hombre, Mochuelo.
      -!Bien, muchacho! Tú llegarás a ministro. Entonces daremos tu nombre a una calle del pueblo. O a la plaza. Y tú vendrás a descubrir la lápida y luego comeremos todos juntos en el Ayuntamiento. !Buena borrachera ese día!
      Y Paco, el herrero, le guiñaba el ojo y su pelo encarnado despedía un vivo centelleo.
      …”
      Bueno, Crguarddon, dejemos que los vecinos sigan soñando proyectos para el niño que está a punto de dejar el pueblo…
      Gracias por tus palabras. Ya se echaban en falta.
      Me alegra hayas contribuido a este homenaje de lectura comentada que hacemos a Delibes.
      Su texto y diálogo nos arrancará sonrisas y alguna carcajada, también dolor y crudeza, historietas arrancadas con sabiduría de las labios de esta gente del pueblo.
      Con ese uso del lenguaje tan apropiado, Delibes hace que su lectura se nos haga amena mientras profundiza en unas costumbres y formas de vivir que ya van cayendo en desuso.
      Como de costumbre, su novela El Camino resulta magistral, con ese modo tan sencillo de contárnoslo, como si estuviéramos oyendo los diálogos desde la ventana.
      Un beso. Gracias por venir.

  9. 14 marzo 2010 en 00:00

    Una pérdida de esta índole siempre es muy dura, porque se pierde mucho con ella, pero qué gran obra deja detrás de el!!! Difícilmente, estas personas con tanto peso caerán en el olvido. Ha sido una brillantísima persona. SIEMPRE NOS ACORDAREMOS DE ÉL
    Un beso,
    Gloria

    • 14 justi
      14 marzo 2010 en 00:00

      …”Y el valle se tornaba macilento y triste, y ellos seguían discutiendo sin advertir que se hacía de noche y que sobre el tejado de pizarra repiqueteaba aún la lluvia y que el tranvía interprovincial subía ya afanosamente vía arriba, soltando, de vez en cuando,
      blancos y espumosos borbotones de humo. Y Daniel, el Mochuelo, se compungía pensando que él necesitaba una cicatriz y no la tenía, y si la tuviera, quizá podría dilucidar la cuestión de si las cicatrices sabían saladas por causa del sudor, como afirmaba el Tiñoso,
      o por causa del hierro como decían el Moñigo y Lucas, el Mutilado…” (fin del cap. X)

      Gracias, G. Serrano, por las palabras que has dejado en este homenaje que hacemos a Delibes, que con tanto acercamiento de palabras retrató la infancia y costumbres de adultos en nuestros pueblos.
      En su lectura lo recordaremos.
      Un beso.

  10. 15 juanjosepintado
    15 marzo 2010 en 00:00

    Hola Justi, magnifico recuerdo que dejas de uno de los más grandes escritores que España ha tenido. Para mi, lo mejor era su sencillez en la escritura…
    Un abrazo.
    Juanjo

  11. 16 Manolo
    15 marzo 2010 en 00:00

    La muerte de Miguel Delibes me ha sorprendido de fin de semana precisamente en un pueblo de León, en la ribera del Esla. Muchos son los comenarios y elogios que en los medios de comunicación se han hecho estos días sobre Delibes, principalmete en dos vertientes: como literato y como persona. Todos coincidentes en que era un gran escritor, que supo captar y plasmar el alma castellana, el lenguaje de la Castilla más profunda, la vida de sus pueblos…
    y por otra parte se ha coincidido en que era una gran persona. Me sumo a todo ello y me sumo a tus palabras, querido Justi, que dedicas a la presentación de su libro ” CAMINO ” como homenaje a este gran escritor vallisoletano.
    Cómo nos vemos algunos retatados en esa salida del pueblo para ir a estudiar donde había posibilidades de ello. Te acuerdas de aquella maleta…
    Las obras de M. Delibes eran y serán siendo un referente de lectura en la enseñanza del bachillerato. Cuántos comentarios han surgido de sus páginas…
    Un abrazo

    • 17 justi
      15 marzo 2010 en 00:00

      Claro que sí, Manolo,
      Los del campo nos vemos retratados en sus libros.
      Delibes, que no tuvo que abandonar su Valladolid, bien se pone en la piel de todos
      aquellos que de pequeños, con una pequeña maletita de madera, tuvimos que abandonar los pueblos.
      Y hasta parece que hacemos de actores de reparto en sus obras.
      Un escritor en vías de extinción, sin duda. Ya no se escribe en ese tono,
      cronista de un campo que se transforma y que siempre está a punto de desaparecer,
      como los bosques, pueblos y campos convertidos en míticos.
      Dejó de lado la épica nacional, y se dedicó a contarnos lo que pasaba a los españoles en sus días uniformes de los pueblos de Castilla, penas y dichas…con una literatura sencilla, clara, alejada de artificios literarios. Todos le entendemos cuando lo leemos.
      Un recuerdo… releyendo sus obras.
      Un abrazo, Manolo. (Qué envidia me das cuando dices que andas por esos pueblos de la ribera del Esla… Esa ribera por la que dejé estirados mis juegos, limitaciones y risas de la infancia…)
      Abrazos, reparte…

  12. 18 justi
    15 marzo 2010 en 00:00

    Hola, Juan José,
    un saludo,
    me alegra verte por aquí.
    Miguel Delibes, un gran escritor con esa palabra tan cercana,
    novelista de lo cotidiano,
    que parece nos lo estaba contando sentados a su lado en la mesa de un bar.
    U gran cronista del campo de Castilla, de los españoles más que de España.
    Un abrazo

  13. 19 Manolo
    15 marzo 2010 en 00:00

    Qué pena que estos pueblos se estén muriendo más rapidamente de lo que muchos piensan y no se le pone remedio.
    Ahora que el progreso y las comodidades materiales van entrando en ellos: calles asfaltadas, aceras, parques…no hay apenas gente en ellos. Se cerraron escuelas, cineclubs, bares…
    Que tristeza da ver los parques con sus columpios y toboganes y sin niños que jueguen en ellos.Las plazas y las solanas sin corrillos de personas contando sus cosas, hablando del campo, del tiempo…
    Si no hay una política que incentive la vida en los pueblos, muchos de estos quedan despoblados irremisiblemente. Algo nuestro se muere cada vez que desaparece un pueblo. Que alguien tenga que acudir a los libros de M. Delibes dentro de x años para conocer la vida de los pueblos será algo lamentable. Esperemos que esto no suceda y que muchos de ellos se puedan mantener y algún otro recuperar.
    Un abrazo

  14. 20 justi
    15 marzo 2010 en 00:00

    …”Visto así, a la ligera, el pueblo no se diferenciaba de tantos otros. Pero para Daniel, el Mochuelo, todo lo de su pueblo era muy distinto a lo de los demás.
    Con frecuencia, Daniel, el Mochuelo, se detenía a contemplar las sinuosas callejas, la plaza llena de buñigas y guijarros, los penosos edificios, concebidos tan sólo bajo un sentido utilitario. Pero esto no le entristecía en absoluto. Las calles, la plaza y los edificios no hacían un pueblo, ni tan siquiera le daban fisionomía. A un pueblo lo hacían sus hombres y su historia…. Y Daniel, el Mochuelo, sabía que por aquellas calles cubiertas de pastosas buñigas y por las casas que las flaqueaban, pasaron hombres honorables, que hoy eran sombras, pero que dieron al pueblo y al valle un sentido, una armonía, unas costumbres, un ritmo, un modo propio y peculiar de vivir…”

    Hola, Manolo. Aquí he dejado un párrafo del cap. III.
    Como tú dices, que no tengamos que recurrir a sus libros, al cronista de pueblos de Castilla,
    para saber cómo eran nuestros pueblos. Y ya casi que sí.
    El pueblo que yo retengo de mi infancia no es el que siento cuando voy por allí unos días. Algo cambia, o se vacía…
    Gracias por tu reflexión. (Dejo el enlace del post que escribí de mi viaje al pueblo en Otoño.)
    Abrazos
    https://justindelba.wordpress.com/2009/11/16/viaje-al-pueblo/

  15. 21 justi
    16 marzo 2010 en 00:00

    T.Mtnez:

    Justin… Maravilloso recopilatorio literario sobre Delibes.
    Sabes que siempre me he paseado con agrado en tu blog,
    tú maestría me hace disfrutar de tu literatura,
    hasta cuando hablas de Delibes que es un catedrático de la narrativa sencilla,
    clara y sabia.
    Un beso grande.
    Rusbel

    • 22 justi
      16 marzo 2010 en 00:00

      Rusbel, un saludo.
      He querido poner aquí tu comentario dejado en la otra plataforma.
      Es nuestra manera de recordar al escritor del campo, Delibes,
      como voy haciendo yo, poniendo párrafos sueltos de El Camino.
      ” – No puede ser -saltó, ofendido, como si hubieran afrentado a su madre-.
      La Mica no puede oler nunca mal. Ni cuando se muera.
      El Moñigo soltó al aire una risita seca.
      -Este es lila -dijo-. La Mica cuando se muera olerá a demonios como todo hijo de vecino.
      Daniel, el Mochuelo, no se entregó.
      – La Mica puede morir en olor de santidad; es muy buena – añadió-
      – ¿Y qué es eso? rezongó Roque?….”
      .

      Y siguió el diálogo…Daniel, el Mochuelo, está claro que sentía una ferviente admiración por la Mica…como el único secreto no compartido. Tenía 11 años…

      Gracias por tus palabras, Rusbel.
      Abrazos

  16. 23 Pilar
    16 marzo 2010 en 00:00

    Hola Justi,
    un bonito recuerdo y un gran homenaje el que le haces con tu post a Delibes. Me sumo a él y como le digo a Fernando en su post, son de esos escritores que me hubiese gustado conocer y charlar con él. Derrochaba humanidad y sencillez. Un gran conocedor de Castilla, el mundo rural, sus costumbres y sus gentes… su pobreza y su lucha. Amante de la naturaleza y gran apasionado por la caza (lo único quizá que no compartía con él)
    He sentido mucho su muerte, pero siempre le tendremos ‘cerca’ con el recuerdo y, sobre todo, con uno de esos magníficos libros en las manos…

    Me encantan los libros de bolsillo, y si son de ‘segunda mano’ ni te cuento… el que tú encontraste de Delibes, ‘El camino’, me parece un forma entrañable de tenerle en tu biblioteca…

    ‘Como cae la luna sobre un campo’… me ha gustado mucho esta frase Justi… así ilumina nuestro conocimiento Delibes con su sabiduría.

    Un fuerte Abrazo, y hoy también muy especial, amigo Justi.
    ¡Feliz tarde!

    Pilar

    • 24 justi
      16 marzo 2010 en 00:00

      “- Los hombres que van buscando la mujer se casan en primavera;
      los que van buscando la fregona se casan en invierno. No falla nunca.

      A la Nochebuena siguiente, la Sara estaba de muy buen humor. Desde que se hiciera novia del Peón se había
      suavizado su carácter. Hasta el punto que, desde entonces, sólo dos veces había encerrado al Moñigo en el pajar para leerle
      las recomendaciones del alma. Ya era ganar algo. Por añadidura, el Moñigo sacaba mejores notas en la escuela y ni una sola vez tuvo que levantar la Historia Sagrada, con sus más de cien grabados a todo color, por encima de la cabeza…”
      .

      Como ves Pipedi, no busquemos metáforas ni recovecos literarios en Delibes. Describe los diálogos del pueblo
      como tú los habrías escuchado si tuviste infancia en el pueblo y como yo los escuché.
      Unos diálogos sencillos, tan sabios como difíciles de reflejar en novela. Delibes lo consigue.
      Aunque eso de casarse en primavera o en invierno… creo que ahora se rige más por el calendario de plazas libres en Iglesias, Juzgados y Restaurantes
      más que por otros motivos… desconocía este dicho que cuenta Delibes en este capçitulo XV del libro. Tiene su gracia, por eso.
      Para contradecirle, diré que todo tiempo es bueno, también en verano…
      Abrazos,
      y gracias por tus palabras.
      Pronto será primavera, caerá el color sobre los campos…

  17. 20 marzo 2010 en 00:00

    Justi, merecido homenaje el que dedicas a Delibes. Recuerdo la primera vez que vi “Cinco horas con Mario” y el magnífico trabajo de Lola Herrera. La adaptación de “Los Santos inocentes” fue soberbia para la época. “El camino” fue una de las lecturas universitarias con las que descubrí que había una narrativa interesante en la que se cocían historias humanas y trascendentes para algunos estudiantes que teníamos, en la mente, la imagen del chico que tiene que salir del pueblo para estudiar; no fue mi caso porque el instituto lo tuvimos pronto en el pueblo; los primeros años nos examinábamos por libre en Xàtiva.
    Nos deja su obra, de la que os recomiendo “El hereje”, si no la conocéis, una de sus mejores novelas.

    • 26 justi
      22 marzo 2010 en 00:00

      Gracias por tu recomendación, Paco.
      En las novelas de Delibes, y citas algunas,
      detalla meticulosamente la vida de las gentes que describe,
      los sueños de la gente ordinaria…
      Admiramos su capacidad de abstraerse de su ivida, nfancia y ciudad
      y la capacidad de meterse y meternos en escenarios costumbristas,
      en las calles, casas, en la infancia y en las gentes de la España de su época que describe.
      Gracias por tus palabras

  18. 27 lolita
    21 marzo 2010 en 00:00

    Buenas noches Justi, detallas muy bien la vida de Miguel Delibes, ungran escritor.
    Me encantara leer, .La sombra del ciprés es alargada, creo que lo tengo este libro, lo buscare
    un saludo muy cariñoso para ti
    LOLI………

    • 28 justi
      21 marzo 2010 en 00:00

      Hola, Lolita.
      Pues sería un buen homenaje leer un libro de su autoría.
      El protagonista de la novela que citas, la primera de Miguel Delibes, galardonada con el premio Nadal 1947, es como ya es habitual en sus relatos, un niño, huérfano, donde va a la ciudad para su educación,
      lugares lúgubres, donde le inculcan la represión y el aislamiento del mundo…, Sólo el estallido de su juventud podrá hacerle superar este pesimismo inculcado. Y la esperanza superará este sentimiento de soledad que le persigue.
      Ya dirás lo que te sugiere. Yo hace que lo leí…
      Gracias por tus palabras.
      Abrazos.

  19. 29 montse
    22 marzo 2010 en 00:00

    Hola Justi¡¡¡
    la verdad es que Delibes fué un mago de la palabra…de la narración…¡¡¡
    Siempre estará con nosotros,,,entre nosotros…¡¡¡

    un abrazo¡¡¡

    • 30 justi
      22 marzo 2010 en 00:00

      Hola Montse.
      Pues sí, Delibes con ese estilo tan propio que tanto lo identifica,
      se consolidó con esta novela de El Camino, en 1950.
      Y se convirtió en un forjador de personales respresentantes sobre todo de la España rural de la época, pero tambuén la España urbana.
      En sus páginas brilla como espontaneamente el lenguaje rural, popular. Y no siempre es fácil hacerlo. El,lo consiguió.
      Abrazos. (Ya dirás si recibes las entradas a lo que te has apuntado.)

  20. 31 montse
    22 marzo 2010 en 00:00

    por cierto, me apunto ahí abajo, (en recibir siguientes comentarios por correo; y por mail.)

  21. 32 montse
    22 marzo 2010 en 00:00

    Hola de nuevo¡¡¡
    Sí, acabo de recibir tu mensaje…¡¡¡
    Parece que funciona,,,¡¡¡je,je,je¡¡¡¡
    petons

    • 33 justi
      22 marzo 2010 en 00:00

      Pues ya sabes, Montse, cuando se te “acumulen” las entradas,
      espero sepas darte de baja.
      De todos modos seguiremos leyéndonos, entre prosas y versos.
      Un abrazo

  22. 34 montse
    22 marzo 2010 en 00:00

    ¡¡¡je,je,je, espero no necesitarlo,,,ja,ja,ja,¡¡¡besitos

  23. 35 ana rodrigo
    22 marzo 2010 en 00:00

    Castilla la Vieja se murió de vieja, sus pueblos aún siguen agonizando, los niños, las niñas, los jóvenes, las mozas…abandonaron, abandonamos, los pueblos, y la vida se fue con ellos, con nosotros y nosotras.

    Todo ha cambiado, quienes se quedaron han visto ese otro mundo de afuera a través de la ventana llamada televisión por la que se ha ido infiltrando nuevos lenguajes, nuevas costumbres, nuevas… moda. Y apareció otra Castilla, no la Nueva, que ya existía (aunque la palabra nueva no tenga nada que ver con el concepto), apareció otra cosa, otra vida, poblada de ancianos y de ancianas.

    Volvamos a aquella Castilla, la Vieja, aquella Castilla de la postguerra, aquellas gentes machacadas, empobrecidas, aisladas, analfabetas funcionales a donde nunca llegó la Barraca de Lorca, aquellos campesinos supervivientes a base de sudor y lágrimas, aquellas pueblos franquistas porque nunca se les permitió conocer otra cosa y porque quienes podrían haberlo hecho se les pegó dos tiros y yacían y yacen en las cunetas de los caminos, aquellos guardias civiles que amedrentaban a los campesinos con sus multas por ir a la era o a la huerta el domingo a hacer alguna cosilla, aquellos contrabandistas nocturnos que se buscaban la vida corriendo graves riesgos,…., aquellos curas dueños de los cuerpos y de las almas de sus feligreses, aquellos misioneros hablando del infierno….

    Aquellos hogares llenos de niños y niñas se asfixiaban en esa Castilla la Vieja, buscaban nuevos aires, pero los aires frescos y reconfortantes eran escasos, esos niños y esas niñas, pobres, llenaron los seminarios, los conventos de monjas y de frailes como un medio de vida, como un futuro, porque los niños (no las niñas) de los ricos podían ir a estudiar…

    Y poco después vino la emigración a Alemania…., al País Vasco, a Cataluña…. Y los pueblos se fueron vaciando, y los campos se convirtieron en desierto…

    Y los hijos de los emigrantes, y los hijos de los hijos de los emigrantes, vuelven AHORA al pueblo, pero no saben cómo era el pueblo de sus padres y de sus abuelos. A estos hay que decirles, por si no lo saben, que seguro que ya lo saben (son periodistas, médicos/as, profesoras/as, economistas, abogados/as, etc.) que hubo un escritor que fotografió aquella España Castellanovieja con mejor precisión que cualquiera de las nuevas tecnologías fotográficas de este momento, y que si quieren revivir cómo era la vida de sus abuelos/as, sus padres y sus madres (especialmente las madres solteras), que lean a Miguel Delibes, él era, es uno de los nuestros, él nos dejó la imagen viva de lo que es una postguerra, de lo que es la pobreza consiguiente y lo que es la zafiedad de una dictadura ominosa, como todas, pero que Castilla la Vieja, la sufrió como ninguna otra región de España.

    Una Castilla-León que sabe más de lamentos que de cambio de ideas y de voto, una Castilla que no pinta nada o poco en el estado español si no es para el voto conservador.

    Si Miguel Delibes viviera otros 89 años, seguiría plasmando con meticulosidad miniaturesca la realidad actual, tal cual. Para hacer la crítica de la realidad están otros escritores . Delibes sólo constató la realidad, sin más.

  24. 36 justi
    22 marzo 2010 en 00:00

    Hola Ana,
    Delibes constató la realidad, la interpretó, la rodeó de palabras.
    Y la mayoría de las veces, bien acertadas, aunque él no saliera en su infancia de la ciudad.
    Pero otros, vivimos esas páginas en las que él sacaba sus relatos.
    La realidad es descrita de muchas maneras, según lo que mires. Así ha sido y será.
    Pero esa realidad que Delibes mira también ha sido descrita de otras maneras.
    Ya antes, Machado pasó por aquellos lugares y lo dijo de otro modo, poético pero igual
    de sincero (El malintencionado y mordaz de Borges dijo de él que en sus Campos de Castilla, Machado iba de excursionista. Cómo se nota que Borges no conoció esos pagos)

    “Es el campo ondulado, y los caminos
    ya ocultan los viajeros que cabalgan
    en pardos borriquillos,
    ya al fondo de la tarde arrebolada
    elevan las plebeyas figurillas,
    que el lienzo de oro del ocaso manchan.
    Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
    desde los picos donde habita el águila,
    son tornasoles de carmín y acero,
    llanos plomizos, lomas plateadas,
    circuidos por montes de violeta,
    con las cumbres de nieve sonrosada.”

    Pero tú y yo sabemos los secretos y el rocío que rezuma esa tierra dura,
    porque la hemos vivido.
    La realidad puede ser cruda.
    No sé si conoces el libro “Antonio B. El Ruso, ciudadano de tercera” de Ramiro Pinilla.
    También es otra mirada a esas tierras, algo más montañosa, también más dura, cruel de real que es,
    nada que ver con los pueblos y sus gentes a los que hace hablar Delibes.
    La región está entre las provincias de león, Zamora y Oorense… La comarca es la Cabrera Baja.
    El libro es un retrato también de aquellos años, pero suecede en otros pueblos más arrinconados.
    El libro me dejó abierto. Y además porque todo sucedía en la comarca contigua a la nuestra,
    cuando yo era pequeño.
    Te pongo el comienzo por si no lo has leido: INFANCIA:
    “Me llamo Antonio Bayo, pero cuando madre me echó al mundo, una mujer que estabab allí dijo:
    “!Leches, si es rubio como un ruso”. Así que no vaya usted por las Cabreras preguntando por Antonio, porque desde estonces todo el mundo me conoce por El Ruso.
    Ahora tengto seis años y madre me dice:
    -Súbeme una berza.
    Madre es una mujer alta y delgada , de pocas palabras y agrias, siempre vestida de negro, con blusa metida en la cintura del muletón, madreñas y pañuelo negro a la cabeza. Marchó a América a los dieciseis años con tres mozas del pueblo, a quitar el hambre, y volvió con un hijo de cinco años en la mano y conmigo en el vientre y sin el gallego con el que vivió amontonada. Así es que yo nací en este pueblo de la Baña de puro milagro.
    Regreso y le digo:
    -No nos queda una berza en el campo.
    Nací, como Cristo, sobre pajas, en este cajón del suelo pegado a la pared donde ya dormían madre y mi hermano Mario, y donde, a partir de entonces, yo dormí también. Creo que mamé, como todo el mundo, pero muchas veces llego a pensar que ella me sacó adelante con berzas. Es el primer olor de este mundo que recuerdo. Es un olor importante en nuestra casa. Tan importante, que si falta aquí, no caga nadie…
    Cuando el hambre aprieta en casa, madre suele gruñir:”!Quién me sacó de América para pudrirme en este agujero…”
    Este es el comienzo… Si lo lees, vomitarás. Para mi gusto, sobran capítulos. Repite mucho, pues es siempre la misma mierda tendida al sol. El libro es una autobiografía oral de Manuel “el Ruso”, el protagonista real, pero puesta en palabras escritas por Ramiro Pinilla, de Bilbao.
    Como ves, he querido dar otras miradas a nuestra tierra.
    Son muchas las miradas. Machado, Delibes, la cruel vida de El Ruso,
    y también nuestras miradas.
    Todas, sin duda, reflejen la realidad, tan variada, bella, dura, tan plana…
    De allí venimos.
    Un abrazo,
    y gracias por tus palabras, Ana.

  25. 37 ADRIAN
    7 diciembre 2011 en 00:00

    A mi me ha gustado muchisimo este libro, a no ser de el final que acaba Bastante mal cuando se muere el tiñoso. Pero por todo lo demás el libro está muy bien. Divertido, como cuando escribió lo de las aventuras del tren cuando y se quedan sin ropa o cuando queman el gato a las guindillas jaja!


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Soy lo que siento

¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

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Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo. (Poema de León Felipe)

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Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras.

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MI PUEBLO

Un pueblo entre campos, pequeño, casas llenas de hermanos, una torre de iglesia, alta, y muchos tejados rojos, bajos. Un rio, encinas, una pradera para el ganado, flores, niños por las calles, los sembrados... Gentes que abren surcos en la tierra mientras miran a lo alto a ver si llueve. SANTOVENIA DEL ESLA es MI PUEBLO.

ARTESANÍA DE PERERUELA (zamora)

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