15
May
09

Nuestras palabras de “A” a la “Z”: víctimas

Con el 2009 llega el final de esta década, !cuántas cosas han pasado en estos años y en este mundo! No es mi intención hacer el repaso, sólo hacer algunos relatos, comentando algunas palabras del vocabulario más usado en nuestra vida diaria.

Al final, el modelo de felicidad asociado a la economía inflada, nos ha traído miedos, nos ha hecho más reflexivos. Repasaremos estas palabras que más usamos, que vivimos, que cantamos y sufrimos, las palabras nuestras…

¿y qué buscaremos?…Quizá una nueva utopía, quizá un nuevo sueño de palabras, un camino nuevo …

LA LETRA “V” de Víctimas-relato

V

 

 

 

.

Estaba tendido en el suelo cuando entraron.

Tuvieron que entrar por la ventana, alertados por las voces de la vecina del piso de al lado. Ya era de madrugada. Estaba contra el suelo con una mueca de rabia en sus labios.
Ayer no lo había visto bajar por el periódico como hacía todas la mañanas. Tampoco la música de piano había sonado como de costumbre…

– Estos folios en blanco sobre este libro abierto, los hemos encontrado aquí caídos, alborotados, cerca a su mesita de noche, señor Agente, –dijo la vecina que les estaba acompañando-

Ni rastro de violencia ni desorden en la sala, tampoco en la casa.

– El policía hojeó los folios, alguna frase escrita, lo demás en blanco. Los examinó. La tinta correspondía al boli puesto sobre la mesita. El despertador seguía marcando el tiempo en números rojos, y también había una caja de pastillas. Y sobres de cartas. Nada más.

– ¡ Gracias! -fue lo único que pronunció el inspector-

La luz de la mañana entraba clara a través del ventanal, ráfagas de viento y luces color naranja se reflejaban por las paredes de la habitación en oleadas.

En el centro de la cama, como un desordenado mosaico, se amontonaban, arrugadas, las sábanas con ligeras salpicaduras de sangre. La cama estaba despegada de la pared y el cabezal mostraba rayas desteñidas sobre su barniz color caoba, lamentos en forma de arañazos.

El colchón, desajustado. sobresálía del somier, hacia el lado de la mesita de noche.
La persiana había sido levantada hasta su límite, y el cristal se mecía con el viento de la mañana.

Estaban el Inspector, su ayudante, y una mujer…la vecina.

Con la mirada inquisidora el policía notó algo extraño bajo la cama. Se agachó para examinarlo más de cerca y halló un abre cartas, con forma de puntiaguda espada de metal negro. Y pelusas volteando por el suelo junto a hojas secas de arbustos que el viento habría arrastrado hacia adentro por la ventana, y alguna pluma gris y negra de cuervo, murciélago, o paloma. Y un ovillo de papel, un ovillo arrebujado con la mano, como cuando se quiere tirar algo a la papelera… Lo desplegó con cuidado.

El borde del papel estaba impregnado de sangre…

Fueron por una escoba, barrieron, hallaron más hojas y más plumas bajo la cama, las puntas teñidas de sangre…

Mientras, en la ya ruidosa calle, una ambulancia del servicios de Urgencias Médicas se llevaba todavía con vida a la víctima. Una bolsa de oxígeno pendía sobre la litera improvisada en la ambulancia que lo llevaba. Sonaba el claxon insistentemente, mientras enfilaba la calle abajo hacia el centro de la ciudad.

El inspector, una vez estirado bien el folio, (había algunas palabras medio borradas), leyó el supuesto escrito de la víctima, en voz baja:

“… Fue entonces cuando sentí su mirada, llena y cálida al comienzo. Me dio fuerza por un instante. Subí a su carroza y me trasportó a palacios de cristal . Su respiración era húmeda sobre mis sienes. Tuve escalofríos. Luego sentí su respirar ardiente, de monstruo, pero que dejaba el frío en la habitación. No era carroza. Ni me llevaba a palacios de cristal. La luna lanzaba cientos de mariposas tras la persiana medio levantada. Primero fueron pequeños colores, luego eran de tamaño más y más grande… como luces alargadas…

Lo demás… todo negro. El despertador me vigilaba a en su luz roja.

Tinta de otro color, como si estuvieran previamente escritos  el papel)

Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde. ( Angel Gonzalez, poeta)

Las sábanas, como soldados en espera, como fantasmas, se habían refugiado al fondo de la cama. Las estiré, me tapé de nuevo hasta las ojos…Pasé mi mano por la frente por si tuviera fiebre. Intenté dormirme, y otra vez, un galope de caballos feroces echaron su vaho sobre mi cuello. Me giré de costado. El galope se hizo insoportable.

Intenté taparme con la almohada.

Primero fue un pitido, y luego apareció como un depredador llenando de vaho la pradera. El ruido se hizo metálico…como deslizamiento sobre raíles…¿un tren?. Y yo estaba dentro. En un departamento hermético, incomunicado… El ruido de la fiera se hizo interno, insoportable…

A lo mejor soy yo el tren que pita y se mete bajo tierra, pensé…

entre oscuridades de endiablados túneles…

Me senté tapándome los ojos. Estaba en el pasillo, arrinconado. Mis manos sangraban de intentar abrir la ventanilla. Algo tengo en las manos… Me asustó la sangre, corrí veloz por el pasillo del vagón. Tras de mi, ellos…más monstruos con formas de máquinas modernas, tecnología guerrera; ni lobos ni tormentas, ni pájaros , máquinas ruidosas, veloces, con garras como cuchillas.

Eran extraños, lanzaban sonidos sin eco…su fulgor encendía la noche.

Los ruidos no dejaron de apuñalarme…hice fuerza con todo mi cuerpo y me arrojé como una roca contra el cristal…!zas…! Se produjo un estruendo y bandadas de pájaros anidaron en mi piel.

Sentí el frío del pavimento. Piedras como lanzadas de lejos se incrustaban en mi cuerpo…Me estaban apuñalando, pensé…Necesito huir… son los monstruos y vienen por mi. Quise despertar, pero los ojos se me habían llenado de picos de aves que picoteaban sin cesar, me los arrancaban…, y de garras que me destrozaban. Se me estaban clavando uñas de acero…”

El Inspector dejó de leer. El resto del escrito ya era ilegible.

Observó también otros papeles, a medio romper igualmente bajo la cama, cartas de recibos de la casa impagados, y una carta de deshaucio. Lo recogió todo en una bolsa transparente. También las pastillas de colores y las otras cartas amontonadas.

Hicieron las fotos de rigor. Los flashes ayudaron a espantar los fantasmas de la noche…y decidieron dar por acabada la inspección.

El relato lo guardó en bolsa aparte para descifrarlo más tarde. Estaba escrito en tinta roja.
.
víctimas . ( tema de la letra V. por Justi)

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