10
Dic
08

viaje a Tabara1: viaje de ida

 
 
VIAJE DE IDA

El tiempo vuela a veces como un pájaro,
y otra se arrastra como lento caracol.
La felicidad sobreviene cuando no se advierte,
y la buscamos a veces cuando se viaja,
viaje a la infancia de los días azules, y no tan azules,
cuando la vida se nos presenta en toda su belleza,
y nos deslumbra con su mundo recién inaugurado.

Años de pan, de sueños,
tardes de sol, cantos de grillos,
cajas de zapatos donde los gusanos de seda fabrican su milagro.
Despues viene el tiempo,
el viento seco que seca las rosas.
Hoy he vuelto a recorrer los recovecos de la memoria,
paisajes precisos, vagos contornos,
soleados, alegres,
nunca veo lluvia en mi infancia.

La nostalgia torna bello el recuerdo,
color sepia del tiempo que se fue.
Hoy vuelvo al tiempo de jugar a la peonza
en la esplanada de la escuela,
tiempo de todos los juegos,
de saltar tapias,
de cazar pájaros…
!dejad en paz a los pájaros! -nos decía el maestro-
Hoy vuelvo a la infancia,
a conocer un vecino que en aquellos dias
no me presentaron…

Yo entonces era un niño. No me lo presentaron. No me hablaron de él. Yo era un niño. Nuestros mayores sólo hablaban de la cosecha, del ganado, y del tiempo.
Miraban a lo alto, hacia esas nubes que tapan estrellas, nubes, como gigantes que a veces son amigas, otras enemigas enfureciendo el espacio, como espadas de agua amenazantes o defendientes.
En mi infancia el amor se daba por supuesto. Se quería, pero no se demostraba externamente.

Los besos eran como el pan, sobre la mesa de los días que transcurrían lentamente.
Salíamos de la escuela, por la tarde, y besábamos la mano a todas las madres-vecinas que en corro cosían en las aceras junto a los soportales de las casas. Emoción de la infancia.

Por las noches se cerraban de par en par las puertas. Yo era niño, y nunca me hablaron de él.

Éramos 8 hermanos en casa, y trabajo tenían mis padres para no confundirse con nuestros nombres, como para hablarme de otros nombres. No había lugar, no había palabras para la fantasía, para hablarnos de vecinos del otro lado del río.
Mi pueblo está de centinela en la margen izquierda de las aguas del río Esla que mansas buscan a su padre Duero. El, es del pueblo que tras una colina, se abriga en la margen derecha.

Me dirijo a Tábara, este es el nombre de su pueblo, el pueblo del GRAN vecino que nunca me hablaron de él. Entre nuestros pueblos hay un puente, encinas de un lado, y monte de jara en el otro, precioso como se ve en la foto,… Puente que une y separa. Puente de Quintos lo llamamos.
Una carretera, un vacillar enorme, propiedad del terrateniente, había entonces antes de llegar al monte; ahora ya no, sólo espacio barbecho, y más lejos, en soledad de anacoretas, corros de encinas sobre un todo inmenso campo.
Luego más monte llano, y todo cielo azul.
Es la frontera de Tierra de Campos. Luego ya será Tierras de Alba, Señorío y Marquesado de los duques de Alba. Tierras de valles y bajas montañas. Seguimos cruzando campos lineales y llanos por la carretera. A la derecha, de lado dejamos la dehesa de la Duquesa Cayetana de Alba. Todos estos dominios fueron de su ducado y en parte lo siguen siendo. 

Hemos cruzado ya el puente: río Esla. El embalse tiene aquí su inicio de aguas. Sueños de mar todavía lejano. El aire penetra en el coche y yo abro las ventanillas. El aroma es de jara, dulzón, monte bajo, aroma de mi infancia. Una ermita a lo lejos vigilada por encinas, cual guardianes monjes templarios. Se nos cruza un rebaño de pastoreo, el pastor y el perro fiel detrás a 10 pasos. El rebaño es de cabras. Ya en las cercanías… TABARA, el pueblo de mi amigo, de mi octogenario vecino.

Nunca me hablaron de él, como si de un proscrito se tratara.

Dentro del coche, hablamos del tiempo, sereno y frío. Miramos el cielo y atrás queda ya el ancho y ampuloso cauce del embalse-río. Comentamos mientras avanzamos por la carretera que en la escuela del pueblo, yo sólo estuve hasta los 11 años, no nos dijeron su nombre ni nos hicieron aprender sus versos, ni que sus palabras eran espaciosas como sones de campanas; sólo más tarde, ya estudiante de bachiller, supe por algún enteradillo de libros, que él era un buen hombre, buen poeta, con la mente clara y la palabra diáfana; Luego lo comprobé por mi mismo, aunque en los libros de Literatura comprobé como lo despachaban con unas frases cortas, ambiguas y confusas sobre su poesía. No es que hablaran gran cosa.
¿Qué mal puede haber hecho un hombre de su valía, para que quieran olvidarse de su mensaje?. Desde entonces siempre albergué el proyecto de entrevistarme con él. Conocer la otra verdad. Frente a frente. Es mediodía, estoy llegando a Tábara.
!Por fin llega ese día deseado! !La jara revienta nuestro olfato, se expande por estos parajes, como si quisiera juntar el tiempo. 

De pronto el ayer es hoy, y yo soy de nuevo alumno de escuela primaria, atento a saber cosas de boca de mi maestro. Callo por unos momentos, parece que oigo que me grita el viento:

“NO TE SEPARES DE MI PALABRA, NI TE ALEJES DE MI MIRADA” 
 “ Ser en la vida romero,
Romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos;
Ser en la vida romero,
Sin más oficio,
Sin otro nombre y sin pueblo…
Ser en la vida romero…romero…sólo romero.
Que no hagan callo las cosas
Ni en el alma ni en el cuerpo”
Sí, los reconozco, son ecos de piedras rodando…
-¡Mira! -De nuevo mi hermana-, ¿no son aquellas las Avutardas?, y señala el campo, hundiendo el dedo sobre el paisaje en el cristal del coche…
Pero yo sigo lejos, en mi infancia…“…NI TE ALEJES DE MI MIRADA”…. Me sigue susurrando el viento seco de otoño… Y otra vista del puente tras el recodo del monte. 

Si no te metes en este paisaje lector, no entenderás a mi amigo, las palabras aquí son luz, espacio, frío, inmensidad…. si nunca has pasado por aquí, calla, hazte piedra, encina y nube alta. Reza y calla.

Por fin, llegamos, mi regreso a Tábara.

En una charca a la entrada del pueblo croan las ranas. Y en las crestas de los montes los molinos de viento, propiedad de Cayetana Duquesa de Alba.
El cielo es del todo azul. Alas de ráfagas de ángeles, de aire rápido y veloz, han quitado las nubes blancas en esta mañana.
Y junto a un prado, más charcas y más ranas. Restos de lluvia de días pasados, de mañana y tardes mojadas.
Me acerco al pueblo. Pronto es mediodía. Mañana típica de otoño. No hay personas paseando. Llega fuerte ahora, penetrante, el aroma de los cercanos montes de jara. Entramos en el pueblo.
Yo viajo en el tiempo sin tiempo. Estoy en mi infancia.
Y tras los visillos de una casa, una niña sueña en amores. Desde la ventana cercana de la otra casa, un joven sueña en enamorarla. Me veo en su cara. Todos nos vemos reflejados en la cara de esas miradas soñadoras de los jóvenes.
Siempre aquella infancia, nuestra única infancia.
Nos olvidamos los nombres pero quedan las imágenes grabadas.
Es viernes. La plaza está en calma. Sólo los sábados se llena esta plaza, la única plaza del pueblo. Sólo entonces se ve la gente agrupada a la euforia del mercado. La vida se concentra entonces alrededor de tenderetes, es el día de mercado. Pero hoy no es sábado. Sólo hay sosiego y calma.
Ya veo la estatua de mi amigo, en piedra tallada, en el centro de la plaza.
Mi amigo, del que nunca me hablaron de él.
Por fin lo admiro en mirada de piedra y alma. “TABARA A LEON FELIPE”- eso reza la inscripción- ¡Una foto por favor!… 

Nos saludamos. Hablamos. Soy navegante en el tiempo.

Leo un acta de nacimiento: 

“En la villa de Tábara, a las tres de la tarde del día 11 de Abril de mil ochocientos ochenta y cuatro, ante D. Manuel Morais Calvo, juez municipal de la misma….…Que dicho niño nació en la casa paterna hacia las siete de la noche. Que es hijo legítimo de Don Higinio Camino de la Rosa, Notario, y de su mujer Doña Valeriana Galicia dedicada a las ocupaciones propias de su sexo y domiciliada en el de su marido…. Y que al expresado niño se le pone el nombre de FELIPE.”

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 -¡Mira! -Dice mi hermana-, la Reserva de las Lagunas de Villafáfila…Pero yo sigo lejos, en mi infancia-

Hola, amigos lectores,  Este relato es un viaje a la emoción a través de la palabra, viaje de ida y vuelta al pasado, una entrevista, y una reflexión sobre EL POETA.
Hola, amigos lectores, este relato es un viaje a la emoción a través de la palabra, viaje de ida y vuelta al pasado, una entrevista, y una reflexión sobre EL POETA
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¿Quien soy yo? soy lo que me ocurre y siento, azul, rojo, espacio, a veces niño y luego sentimiento, aroma de lejanos tiempos... La mañana es clara y el amor pasa todas las tardes ante mi casa. Soñando, esperando, asomado a la ventana estoy Justi

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Un pueblo entre campos, pequeño, casas llenas de hermanos, una torre de iglesia, alta, y muchos tejados rojos, bajos. Un rio, encinas, una pradera para el ganado, flores, niños por las calles, los sembrados... Gentes que abren surcos en la tierra mientras miran a lo alto a ver si llueve. SANTOVENIA DEL ESLA es MI PUEBLO.

ARTESANÍA DE PERERUELA (zamora)

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